Carlos Belloso (José Tolomei)
Carlos Belloso: “Mi camino empezó como espectador”
Mientras protagoniza “Casual”, recorre su historia entre escenarios, películas y el Parakultural, con anécdotas y recuerdos.
Al igual que Fito Páez, nació en el 63, con Kennedy a la cabeza. Y en la actualidad el número se repite, ha llegado a los 63 años de vida.
Infancia en las salas de cine de su barrio, adolescencia en dictadura, colimba en plena Guerra de Malvinas, teatro y rock en el mítico Parakultural. La vida preparó a Carlos Belloso para una fecunda trayectoria teatral, una selecta carrera cinematográfica y una exitosa labor televisiva coronada con la obtención de cinco premios Martín Fierro.
Con participaciones destacadas en series como “División Palermo” e “Iosi, el espía arrepentido”, a Belloso lo vimos recientemente en “El tiempo de las moscas” y también en “La hija del fuego”, donde se dio el gusto de componer a un villano antológico.
En su sala de ensayo, ubicada cerca de Corrientes y Dorrego, Belloso recibe a NOTICIAS para una charla sobre el empleo del tiempo, sus múltiples intereses y la versatilidad de sus ocupaciones y obsesiones.
Noticias: Este año Lucrecia Martel estrenó su documental “Nuestra tierra”, vos trabajaste con ella en “La niña santa”. ¿Cómo llegaste a protagonizar esa película?
Carlos Belloso: ¡Linda película “La niña santa”! Para mí fue una cosa rara porque yo no hacía ese tipo de cine, pero ella vino a verme a una obra que estaba haciendo dirigida por Javier Daulte y Gabriela Izcovich. El texto era muy potente y Gabriela también actuaba interpretando a mi esposa, era la adaptación de “Intimidad”, una novela de Hanif Kureishi. Se trataba de un tipo que estaba por separarse y todo lo que sucedía en su cabeza, con una actuación muy naturalista. A Lucrecia le encantó la obra, vino a vernos porque estaba buscando actores que pudieran ser el protagonista de su película, le gustó mucho mi trabajo y justo cerró todo. Yo ni me imaginaba hacer una película dirigida por ella, ya había visto “La ciénaga” y no sentía que fuera un actor para esa clase de películas, yo trabajaba en otro tipo de cine, había hecho “Felicidades” y algunas cosas más marginales, pero me encontré con Martel y fue increíble. Después, imaginate lo que era laburar con Mercedes Morán y Alejandro Urdapilleta, ese fue otro encuentro bárbaro. Filmamos dos meses en Rosario de la Frontera, en Salta. Lucrecia veraneaba ahí de chica, entonces no solo conocía el lugar sino la idiosincrasia de la región. Fue una experiencia buenísima.
Noticias: De Salta vamos al centro porteño. ¿Cómo es “Casual”, la obra que estás haciendo?
Belloso: “Casual” es la felicidad de hacer nuevamente una comedia en calle Corrientes, donde estuvimos durante mucho tiempo con “Le Prenom”, que fue un éxito durante cinco años, algo que para mí era impensado y encima después duró un par de años más en gira. Así que cuando me llamó Tomás Rottemberg me dijo: "Mirá, hay una obra que me gustaría que leas. Ganó el premio Contar y ya tenemos a Diego Gentile en el elenco..." Ahí nomás le contesté: "Tengo ganas de trabajar con Diego Gentile, es mi amigo y quiero pasarla bien". Con Diego hemos laburado en cine y en teatro juntos, en cine hicimos “Unidad XV”, él encarnaba a Guillermo Patricio Kelly y yo a Héctor Cámpora, éramos dirigentes peronistas presos en una cárcel de Río Gallegos y nos escapábamos a Chile. O sea, yo interpretaba a un Cámpora antes de ser presidente, en esa unidad estaban encarcelados Cámpora, Guillermo Patricio Kelly, William Cook y Jorge Antonio, la película de Martín Desalvo cuenta esa historia y la posterior fuga. Pero, volviendo al llamado de Tomás Rottemberg, pensé que si la obra contaba con la aprobación de mi amigo Diego Gentile, seguro era buena. Y no me equivoqué: trabajar con Gentile es maravilloso. No es solamente un actor muy bueno, además, es una persona increíble. Después sobre el escenario me asombré mucho con Malena Guinzburg, yo no la conocía salvo de saludarnos de vez en cuando y me llevé una grata sorpresa ya desde los ensayos ,agregamos ciertas cosas físicas que son muy graciosas en la obra. También era una incógnita Mica Lapegüe y resultó una actriz genial. A Claudio Martínez Bel ya lo conocía porque es un actor de gran trayectoria, Julián Ponce Campos y Lucas Wainraich también son muy buenos. La verdad que es una comedia muy efectiva.
Noticias: ¿Ya querías ser actor desde chico?
Belloso: Es raro mi camino hacia la actuación, creo que empezó como espectador. Yo me crié en Munro viendo muchas películas. ¿Viste que cuando están pasados de actividad ahora a los pibes les decís: “Calmate y mirate un dibujito animado”? Para mí ese lugar lo ocupaban la televisión y el cine. Los fines de semana yo iba religiosamente a dos salas, el Cine Astral y el Regina de Munro, que quedaba en la avenida Vélez Sarsfield, ahí veía películas en continuado desde el mediodía hasta las ocho de la noche, todos los sábados y domingos. Así conocí todos los spaghetti westerns, me vi todas las de Sandro y después cuando ya pude entrar a la trasnoche, descubrí las películas de Isabel Sarli. Me volví una especie de adicto al cine y empecé a imitar a los actores, yo era muy fanático de los spaguetti westerns, todos los de Ringo con Giuliano Gemma y me enloquecía Sergio Leone como director, vi todas sus películas en el cine, fue genial. Después, en el intervalo, siempre llegaba el momento de un pancho y una Coca ahí en el hall de la sala y de vuelta a ver las mismas películas, con unos caramelos masticables Mumú… ¡Tengo estos recuerdos porque ya cumplí 63! (Se ríe) Pero se disfrutaba mucho el cine.
Noticias: Empezaste con los cowboys y después terminaste teniendo una banda punk y actuando en el Parakultural, ¿quién lo hubiera dicho?
Belloso: (Se ríe) La banda se llamaba “Los barba candado”, fue una experiencia breve. Era una música muy permisiva, el punk; si Sid Vicious tocaba el bajo en los Sex Pistols, yo creía que cualquiera podía tocar el bajo (se ríe). Después empezó toda la movida del Parakultural, teníamos un dúo con Damián Dreizik que se llamaba “Los Melli” y éramos teloneros de Don Cornelio y la zona, la banda de Palo Pandolfo, una locura. El Parakultural era la mezcla justa de rock y teatro, creo que no volvió a darse en ningún otro momento una fusión así. Se produjo en gran parte debido al entusiasmo por el regreso de la democracia sumado a las características propias del lugar. Los dueños eran Omar Viola y Horacio Gabin, gente que venía del teatro, y lo mezclaron con el rock, que fue vital en esa época. Lo teatral le vino muy bien a la escena rockera porque hubo como un derrame de esa estética ligada al teatro, una especie de performance de “No sé lo que quiero, pero lo quiero ya”, como diría Luca Prodan.
Noticias: Este es el momento para hablar de algo que no sabemos si es mito o realidad. ¿Vos fuiste amigo de Luca Prodan?
Belloso: Amigo, lo que se dice amigo, no. Lo conocí porque él venía mucho al Parakultural y también nos cruzábamos seguido por San Telmo. Yo cursaba en la Escuela Municipal de Arte Dramático y cuando me iba a tomar el 93 para volver a Munro me lo encontraba en la calle, siempre dialogando sobre algo. En el Parakultural se dieron dos cosas emblemáticas para mí que lo involucran. Luca Prodan primero vio a Los Melli y después los definió, nos dijo: “Ustedes son dos personajes de Lewis Carroll, de Alicia en el país de las maravillas”. Esos personajes eran Tweedledum y Tweedledee, los dos gorditos gemelos que hablan a dúo con acertijos y cuentan la historia de la morsa y el carpintero. Entonces, cuando Luca nos hizo ese comentario le tuvimos un respeto enorme, porque pensamos, “este tipo sabe”. Cosa que después se comprobó, ¿viste un reportaje donde dice "Yo estudié en un colegio inglés y soy un desfachatado"? Así era. Dos días antes de fallecer estuvo en el Parakultural y participé de una charla con él, fue muy loco porque hablamos de la muerte. Estábamos con otra persona, había tres cigarrillos y él tenía una caja de fósforos. Le da fuego a la otra persona, me lo da a mí y cuando va a encender el suyo dice: "¿Sabes por qué el tercero se muere?" Yo conocía a qué se refería y le pedí que lo contara, entonces dijo: “Mi abuelo, que estuvo en guerra de trincheras, me explicó esto con respecto al enemigo: el primero lo ve, el segundo apunta, el tercero dispara”. Esa imagen del abuelo explicó todo mejor que nosotros. A los dos días, Luca falleció. Esa charla fue un sábado y, en la madrugada del domingo, para el lunes murió. Me acuerdo que esa última noche en el Parakultural pasó algo. Ahí te vendían un vasito chiquitito de ginebra y era ideal para tomarte algo si no tenías demasiada guita, se bebía un montón y Luca tomaba mucha ginebra. En un momento de la noche cuando nos cruzamos dijo: "Tomá, loco, no doy más". Y me dio una ginebra, yo me la bajé de una, era gratis. Dos días más tarde había muerto. Yo pensé: "Me dio su última ginebra", pero después todo el mundo me contaba que Luca le había dado un vaso, fue como una bendición al lugar y a sus habitantes, al Parakultural, ese sótano podrido, pero hermoso e indescriptible.
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