Milei y Trump (CEDOC)

De cómo Trump le soltó la mano a Milei en la causa Malvinas

El norteamericano primero prometió apoyo, pero después se reconcilió con Gran Bretaña. El papelón por el Comité de Descolonización.

Javier Milei quedó descolocado con la cambiante geopolítica de su principal socio en el mundo, Donald Trump. El presidente de Estados Unidos primero sugirió, a fines de agosto, que su gobierno podría revisar su política con respecto al reclamo de soberanía de la Argentina sobre las Islas Malvinas, conflicto en el que Washington siempre había apoyado a Gran Bretaña. Esas breves palabras, producto del enojo del norteamericano porque el gobierno inglés no lo apoyaba en su guerra contra Irán, alcanzaron para que en Buenos Aires los libertarios se subieran a una ola de nacionalismo triunfalista y dieras un espectacular giro en su discurso sobre las islas, a las que hasta entonces habían ignorado. Tras el envión aportado por Trump, Milei habló por cadena nacional y anunció sanciones a las empresas que operen en Malvinas. Sin embargo, el respaldo del líder republicano empezó a desvanecerse pocos días después, cuando se mostró en una foto con el rey Carlos y retomó sus conversaciones con el premier británico Andy Burnham. Milei, entonces, quedó pedaleando en el aire.

La confirmación de ese aire llegó por estos días, cuando Trump exigió la disolución del Comité de Desconolización de las Naciones Unidos, el ámbito en el que la Argentina históricamente vehiculizaba su reclamo sobre las islas. El argumento del norteamericano es que esa oficina de la ONU ya resulta anticuada en estos tiempos y además gasta mucho dinero. En paralelo, y mostrando el estómago que tienen, los diplomáticos libertarios se abstuvieron en una reciente votación de la ONU sobre los procesos descolonizadores, en la que Estados Unidos votó en contra, en línea con la idea de Trump de eliminar esa dependencia. Para calmar las aguas, el canciller Pablo Quirno negó que la abstención argentina significara un renunciamiento al reclamo de soberanía y que pretendiera congraciarse con Washington. Y además pidió “no politizar la causa Malvinas”.

Pero lo cierto es que él y sus superiores quedaron atrapados en una contradicción flagrante.

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