Karina Milei (CEDOC)

Karina Milei, el personaje del año: anticipo de la tapa de NOTICIAS

Maneja, ya sin debate interno, la lapicera. Avance en el Senado y roces con Bullrich. El plan para seguir sumando áreas dentro del Gobierno. El sueño de estar en una lista en el 2027.

Karina Milei no estaba en la reunión. Pero hace rato que ya no necesita estar de cuerpo presente: si Michel Foucault estuviera vivo quizás podría usar el caso de la menor de la familia presidencial para volver a demostrar que el poder más efectivo es aquel que no requiere de fuerza para operar. En el encuentro entre las otras dos mujeres fuertes del Gobierno, ese fantasma que recorre el círculo rojo volvió a aparecer.
Fue en los últimos minutos de la tarde del 27 de septiembre, el día anterior a la jura de los nuevos senadores. Patricia Bullrich y Victoria Villarruel habían tenido algunos encuentros procolares antes, con cortesía pero no sin maldades varias de por medio (por ejemplo, la vicepresidenta le había regalado un vino tinto y una Constitución, un dardo envenenado que la saliente ministra devolvió operando en los medios que en verdad había sido ella quien le había regalado el texto canónico). Esta reunión era la última antes de la asunción de los nuevos integrantes, pero sobre todo de algo más: el desembarco de Karina en esos palcos, una coreografía estudiada para demostrar que ya no solo controlaba el recinto de al lado, sino que ahora su influencia se extendía a todo el Poder Legislativo.
Aunque Bullrich pidió el mitín por la logística del evento, era la visita de Karina la razón secreta del cónclave. Y también el motivo de la molestia con la que terminaron las dos mujeres. A una porque la secretaria general la usó casi de secretaria, gesto explícito de demostración de poder, y a la otra porque entendió ese aviso de última hora como lo que era: otra mojada de oreja más. Y no quiso dar el brazo a torcer, amparándose en que el desembarco de funcionarios del Ejecutivo en un evento así tenía que ser planeado con tiempo por cuestiones de seguridad. Bullrich le pidió que lo tomara como “un favor” hacia ella. “Es que me lo pidió Karina personalmente”, dijo la ahora senadora, una escena que, si llega el día en que rompa con la hermanísima, seguramente vuelva a revivir como tragicómica. Villarruel fue tajante: “Decile a Karina que esta no es su casa: es la casa de las provincias”. Esa última frase la escucharon hasta los custodios que esperaban afuera.
El pedido formal de la secretaria general llegó a la madrugada, lo suficientemente tarde como para que la vicepresidenta se sintiera autorizada a hacer una maldad. Cuando Karina llegó, a la mañana siguiente, se enteró en la antesala del recinto que Villarruel la había destinado al peor lugar que pudo encontrar: el palco de prensa. Los testigos presentes vieron hasta dónde escaló la situación. Los custodios de Karina empezaron a los empujones limpios con el personal de seguridad del Senado. Si no fuera porque uno de los ingresantes a la Cámara eligió a la persona más poderosa del Gobierno antes que a su propia familia -a la que ordenó desalojar sus asientos-, la situación habría terminado más que mal.

Karina, de cualquier manera, sonrió para las cámaras desde ese palco y logró lo que quería. Esta última parecería tener la fuerza de una ecuación matemática en el oficialismo: el tiempo es eso que pasa entre que la secretaria general se propone una meta -casi siempre destruir enemigos o acumular cajas- y que ese objetivo efectivamente sucede. Por eso es que la personalidad más destacada de este año es la mujer que maneja al Gobierno, a quienes lo integran -o a quienes por orden suya dejan de hacerlo- y, en especial, al Presidente.

La meteórica carrera de Karina Milei se podría seguir bien a través de las tapas de NOTICIAS de las cuales fue protagonista. A medidados de 2022 llegó por primera vez a la portada de este medio, en lo que fue además su debut en la primera página de cualquier medio de alcance nacional. “Quién es 'el jefe', la mujer que controla a Milei. Dependencia psicológica y esoterismo. Crisis nerviosa con amenazas en el espacio político. Por qué todos le temen”. La nota no era sólo reveladora por el contenido, sino por lo que ocasionó: cuando la leyó el libertario, entonces un diputado entre 257, juró ante un pequeño grupo de testigos presentes que una vez que llegara al poder iba a “destruir a Perfil”. La primer parte de esa promesa ya sucedió, y para la segunda está haciendo todo lo posible, motivo por el cual la empresa mantiene cinco juicios con la administración libertaria. De cualquier manera, la rabieta ilustra hasta dónde es capaz de llegar el economista con todos los que se metan con su hermana, incluso si es en formato de una investigación periodística.

A finales de 2023 Karina fue elegida por este medio como el personaje del año, “la más temida del Gobierno”. Una vez más, la reacción de los Milei fue inesperada: la flamante funcionaria -que asumió un cargo a pesar de que el mayor de los hermanos se había pasado toda la campaña asegurando que no lo haría y que sólo colaboraría ad honorem- convirtió la imagen de tapa en un stiker, que empezó a usar para responder en Whatsapp cada vez que le endilgaban alguna maldad. Ahora vuelve a ser elegida como la figura del año, pero con notables diferencias.

En el final del 2023, Karina llegaba al Gobierno con nula experiencia en la gestión, una muy limitada red de contactos en el círculo rojo y demasiadas tareas de las cuales hacerse cargo en muy poco tiempo. De hecho, sólo tenía un activo en su poder: el control emocional, terapeútico, espiritual y místico que siempre tuvo sobre su hermano. Dos años después, salvo la conexión única que une a los Milei, todo el resto cambió.

Karina, ya plantada en el manejo del poder, comenzó 2025 iniciando todas las guerras, todas a la vez. Aceleró contra el PRO, a quien desde el minuto uno miró como un socio circunstancial, menor y arribista, y, en especial, contra Santiago Caputo, su gran enemigo interno. Parece que pasó hace una vida, pero durante la primera mitad del año el asesor presidencial se postulaba -a través de plumas amigas- como quien tallaría con fuerza las listas electorales de los futuros diputados y senadores, incluso a veces haciendo acuerdos con gobernadores locales u otras fuerzas. Karina, en cambio, tuvo siempre otra idea: candidatear desde LLA a ignotos, la resaca de otros espacios políticos, que justamente por su bajo vuelo le iban a deber sumisión y pleitesía. Hoy, victoria electoral de por medio, nadie se anima a discutir que la lapicera está -y estará- en sus manos. Ni siquiera sus críticos, que son la mayoría dentro del Gobierno.

Pero Karina no sólo logró adueñarse, ya sin discusión, del manejo de la lapicera. Concentró bajó su poder una enorme caja, que además tiene la ventaja de no ser tan noticiable, a diferencia de lo que pasa con la SIDE que controla Caputo y que por la propia dinámica de la historia argentina suele ser objeto de mucho interés. De base, la secretaría general -en los papeles un lugar de tercer orden dentro de un Gobierno- creció como nunca antes en otras administraciones. Karina le adjuntó áreas importantes como la secretaría de Cultura, la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional o la Marca País, por solo nombrar algunas. Y, como todo lo que rodea a su figura, ese crecimiento de su área fue también simbólico: por primera vez desde que se creó el cargo de jefe de Gabinete, en 1994, ese despacho contiguo al del Presidente no lo ocupa la persona designada en ese rol. Karina Milei sabe -y quizás hasta escucha- todo lo que su hermano dice a metros suyos. Además, según publicó el diario Perfil, el aumento previsto para la secretaría general en el Presupuesto recién aprobado será de 25,7% en general y un 33% en el ítem destinado al pago de “gabinete de autoridades superiores”, muy por arriba del 10,1% de inflación que ese mismo Presupuesto pronostica para el 2026.

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