Milei y Bullrich (CEDOC)
Milei y Bullrich, los Pimpinela del poder: su largo historial de desplantes
De los insultos en campaña al voto disidente en el Senado: una sociedad marcada por la desconfianza mutua y la carrera silenciosa por 2027.
Antes de ser socios, fueron enemigos. Durante la campaña de 2023, Javier Milei acusó a Patricia Bullrich de haber sido una "montonera tira bombas" y de "haber puesto bombas en jardines de infantes". Ella lo denunció penalmente por calumnias. Meses después, compartían gabinete. Así arrancó una relación que, desde entonces, no dejó de producir chispas.
El primer capítulo del largo historial quedó escrito en 2025, cuando Karina Milei decidió sacar a Bullrich del Ministerio de Seguridad empujándola a encabezar la lista de candidatos al Senado. Ella aceptó a regañadientes: nunca había querido ser candidata. El cálculo de la secretaria general era que el desgaste del Congreso la borraría del mapa. El plan no salió como esperaban.
Ya en el Senado, Bullrich fue construyendo perfil propio con una habilidad que incomodó a la mesa chica del oficialismo. Cuando la sanción de la reforma laboral se convirtió en un logro del Gobierno, ella posteó un video con Vogue de Madonna de fondo, arrogándose el mérito. En la Rosada estallaron: "Jugó con Villarruel", filtraron fuentes del oficialismo. Karina, furiosa.
El conflicto con Manuel Adorni sumó otro capítulo. Cuando el jefe de Gabinete quedó envuelto en el escándalo por su patrimonio, Bullrich salió a pedirle públicamente que presentara su declaración jurada. "Tiene que ser ya. Es estirar algo que no tiene sentido", dijo en televisión. El mensaje era tan claro como inoportuno: el oficialismo banca a Adorni contra viento y marea.
La tensión escaló en una reunión de Gabinete donde Milei defendió a su funcionario durante treinta minutos y, cuando Bullrich intentó abrir el debate, el Presidente se levantó y se fue. Adorni le cerró el paso con una frase tajante. Días después, ella salió a relativizar lo ocurrido con una definición que quedará en los anales: "El Presidente tiene una emocionalidad importante". No confirmó los gritos. Tampoco los desmintió.
El último capítulo, por ahora, fue su voto en libertad de conciencia contra el pliego de la candidata a jueza Michelli, en abierta contradicción con la línea oficial. Ofreció renunciar a la jefatura del bloque. Milei rechazó la dimisión. El gesto quedó igual: una señal de autonomía que el entorno presidencial no digirió.
De fondo, el runrún que más inquieta en Balcarce 50: encuestas recientes ubican a Bullrich por encima del Presidente en imagen positiva, y sectores del establishment que se cansaron de los modos de Milei empiezan a verla como alternativa para 2027. Mileismo con modales. Los Pimpinela del poder siguen en escena, y ninguno da señales de querer bajarse.
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