Javier Milei (CEDOC)

Milei y Malvinas: un giro chauvinista que no resiste archivo

La guerra de Malvinas marcó al libertario. Y desde entonces tuvo una postura antinacionalista marcada. El marketinero cambio de postura.

De todos los momentos que marcaron a fuego a Javier Milei hay uno que destaca. No es un invento ni un descubrimiento periodístico, sino una anécdota que se que le pesaba tanto que se encargó de contarla una y otra vez en la televisión.

Fue el 2 de abril de 1982, un año antes de que Milei entrara a la secundaria. El niño estaba en su casa viendo con sorpresa los anuncios grandilocuentes que hacía la televisión sobre el comienzo de la guerra, y cometió el pecado de decir en voz alta -con las certezas que un chico de 11 años puede tener- que la escalada iba a terminar mal para Argentina. Eso provocó la indignación patriótica de Norberto, que lo golpeó con una salvaje violencia. Karina, testigo involuntario de la paliza, sufrió un shock tan terrible por presenciar la escena que tuvieron que llevarla al hospital. Desde ahí la madre telefoneó a Javier. “Tu hermana está así por culpa tuya , si se muere es culpa tuya”, le dijo, tal cual contó Milei al diario PERFIL.

Esta es, quizás, la gran razón que demuestra que para Milei todo lo que involucre a Malvinas no es un tema más. Pero hay otras explicaciones, de corte ideológico. Como buen libertario, jamás validó construcciones nacionales. El hombre tiene el problema de que hay todo un archivo que le juega en contra: “Cuando veo la bandera veo un muro, la gente se tiene que ir de este país de mierda, no tiene solución, es inviable, la unica salida es Ezeiza”. son algunas de las declaraciones que dejó para la posteridad, una retórica extendida hasta tal punto que algunos de sus seguidores más celebres en las redes se llamarían @la_pistarini (por el aeropuerto) o el “Partido liberal Pesimista”, que describe a Argentina como “una basura, totalmente inviable, injusto e inhumano, un país de cuarta del que hay que irse a la mierda”. A eso habría que sumarle su declarado fanatismo por Margaret Thatcher, la criminal de guerra responsable del hundimiento del Belgrano, cuyo rostro descansa en un cuadro que Milei tiene, en este momento, en el despacho presidencial.

La lista es larga -podría incluir a todos los funcionarios del Gobierno que públicamente se desentendieron del reclamo argentino sobre las islas, como la diputada Sabrina Ajmechet o el caputista Juan Pablo Carreira- pero el fondo está planteado: para Milei Malvinas es un tema tan serio que durante sus 55 años de vida siempre pensó lo mismo. Siempre, hasta ayer, cuando -apretado por la caída de su imagen en las encuestas y en el impacto que tiene en las redes, tema que lo afecta personalmente- protagonizó una cadena nacional malvinera en lo que significó un giro de 180 grados de su propia historia y la de su Gobierno. Lo que sucedió es lo mismo que hizo el oficialismo cuando se subió al combate de una supuesta campaña “antiargentina”: igual que en ese momento, e igual que Galtieri, lo que hacen los gobiernos en crisis es abrazarse a banderas chavinistas para soñar con un golpe de efecto. Estas maniobras marketineras siempre tuvieron patas cortas. Y en el caso de Milei, mucho más.

 

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