Patricia Bullrich (CEDOC)

Patricia Bullrich, la socia incómoda de Milei: trastienda de una guerra en ciernes

Desafía en público al Presidente y enfrenta el poder de Karina. Criticó a Adorni y fue castigada en el tedeum. La acusan de complotar contra los Milei. Por qué se vende como el plan B del círculo rojo. La aliada que podría convertirse en la peor pesadilla del Gobierno.

La historia de los 300 espartanos que pelearon hasta la muerte con el ejército del rey-dios Jerjes era muy famosa ya desde antes de la película homónima. Ese film del 2006, que llevó esa epopeya a cada rincón de Occidente, tiene un final célebre: antes de morir masacrado a mano de los persas, Leónidas logra hacerle un pequeño corte en la mejilla a Jerjes. Sin embargo, esa herida, en apariencia menor, es suficiente. La sangre que brota del rostro del autoproclamado dios alcanza para confirmar que es tan mortal como el resto. Salvando las enormes distancias, aunque a Javier Milei le gusta habitar mundos esotéricos en los que se cree un elegido de un ser supremo, el raid político y mediático de Patricia Bullrich viene teniendo el mismo efecto sobre el Gobierno que el de la lanza del espartano sobre el imperio oriental: la senadora se desmarca y desafía la palabra presidencial, y esos gestos, en apariencia no tan importantes, le bastan para demostrar que la autoridad y el poder de los hermanos Milei no son tan omnipresentes como muchos pensaban. Y también para decir que, además del libertario, podría haber un plan B para el 2027.

Desencuentro. ¿En qué momento, podría decir Mario Vargas Llosa, se “jodió” el vínculo entre Bullrich y la secretaria general, quien tiene en la práctica las riendas del Gobierno? Fue, saben todos los involucrados, mucho antes de las crudas escenas que sucedieron el lunes 25. En el aniversario de la revolución de Mayo la tormenta interna que sacude al Gobierno quedó expuesta ante todos, cuando Karina Milei sacó a relucir una de las cualidades que tiene más entrenadas y que a esta altura se podría decir que es su sello personal de conducción política: la humillación pública a los propios a los que ya les hizo la cruz.

La secretaría general, el área que se encarga formalmente de los actos, no invitó a Bullrich la caminata desde la Casa Rosada a la Catedral. La cita que le llegó fue directamente a la sede de la iglesia porteña, pero el derrotero no terminó ahí: cuando amagó a sumarse a las primeras filas del templo, donde estaba la plana mayor del Gobierno, le prohibieron el paso. Le dijeron que por “protocolo” sólo podían sumarse los miembros del Gabinete. Fue una excusa que a Bullrich, finalmente destinada casi al fondo de la Catedral, casi la hizo reír cuando divisó a Santiago Caputo, y a su extravagante look “Peaky Blinders”, entre el selecto grupo de los supuestos ministros. ¿Por “protocolo” el asesor sin cargo podía estar ahí y la jefa del bloque oficialista en el Seando no?

De cualquier manera, la hermanísima guardaba un desplante más bajo la manga. Después del Tedeum, y del duro discurso del arzobispo Jorge García Cuerva, Milei y los suyos fueron al Cabildo a cantar el himno nacional. Acá incluso el Presidente sumó a dirigentes como Jorge Macri, a quien hasta hace poco no saludaba. Sin embargo, una vez más la senadora fue excluida del convite, negada por tercera vez como Pedro a Jesús. Y mientras seguía el canto nacional desde el frío de la calle porteña le llegó un grito que bien resume el quid de la cuestión: “Patricia Presidenta”.

Es en ese comentario de un fan anónimo en donde está el corazón de los problemas y de la fría ira de Karina Milei: en unos meses donde la figura presidencial parece atravesar un temporal, empujado por el interminable escándalo del caso Adorni, la senadora aparece en casi todas las encuestas con mejor imagen que el propio Milei. Y ambas cosas parecen estar relacionadas. Es que mientras los números del libertario caen, Bullrich es la única que en público cuestiona al jefe de Gabinete y a su transpariencia.

Este cruce de infortunios es la peor pesadilla de la menor de la secretaria general cobrando vida. Desde que nació La Libertad Avanza, Karina tuvo como prioridad encargarse sistemáticamente de dos temas: uno fue que nadie dentro del espacio osara competir con la figura del hermano -y mucho menos ecplisarla- y otra fue vigilar, con celo de perro de caza, que nadie se corriera ni un sólo centímetro de la línea argumental que los Milei marcaban. De hecho, es esta última quizás la gran novedad que viene a aportar el caso Bullrich: sacando a Villarruel, la senadora es la primer integrante del oficialismo que osa desafiar el cerco mileísta al despegarse en público del discurso oficial. Hasta ahora -exceptuando el caso de la vicepresidenta, a quien constitucionalmente la Casa Rosada no puede echar- nadie de La Libertad Avanza sobrevivió al retruco a los hermanos.

Laberinto. Villarruel, de hecho, debe estar disfrutando en silencio de esta pelea. Es que tanto ella como Bullrich se acuerdan de lo que fue el primer encuentro entre ambas cuando la segunda asumió la jefatura del bloque en el Senado, a fines del año pasado.

Para aquel momento la situación era radicalmente distinta: aunque a la recién electa legisladora no le había gustado demasiado que Karina prácticamente le ordenase abandonar el ministerio de Seguridad para ser candidata porteña -quizás el primer indicio de la desconfianza de la hermanísima-, la relación entre la mandamás del Gobierno y ella marchaba sobre ruedas. Tal es así que, juran cerca de la ex ministra, para la época de las fiestas Karina le aseguró, en un almuerzo íntimo entre ambas, que quería que fuese su ahora archienemiga la candidata para arrebatarle al PRO la Ciudad en 2027.

Esa aparente sintonía envalentonaba, en aquel momento, a Bullrich. O eso es, al menos, lo que la vicepresidente creyó avisorar en esa primera reunión, cuando la senadora -empujada además por un triunfo aplastante en las elecciones legislativas- llegó al despacho de Villarruel con lo que la anfitriona, apuntada por todo el resto del oficialismo, entendió que era algún aire de más. “Patricia, no te confundás: en cualquier momento vos también vas a terminar de este lado”, le habría profetizado la otra mujer a la que Karina detesta.

El tiempo parece haberle dado la razón. Es que desde que comenzó el año a esta parte lo único que hizo la relación entre Bullrich y la secretaria general fue empeorar, una tensión a la que ambas contribuyeron. Un evento que había organizado la senadora y al que en el último momento la Rosada le impuso a un entonces empoderado Adorni como moderador, el intento de Bullrich de monopolizar la aprobación de la Reforma Laboral -hasta con un video viral en las redes incluido, al ritmo de una canción de Maddona-, su recorrida proselitista por la Ciudad, los coqueteos públicos con Jorge Macri y el abrazo con su primo en una cena de la Fundación Libertad, la renuncia del ministerio de Seguridad de un funcionario cercano a su otrora líder, el pedido para que Adorni muestre su declaración jurada y la desintivación a la reunión de Gabinete siguiente, y la lista de cortocircuitos sigue hasta el Tedeum.

Todo este anecdotario es, de cualquier manera, sólo eso. Es que el telón de fondo es lo importante: varios cerca de Bullrich la sueñan como candidata presidencial, un eterno sueño frustrado de la ahora senadora que los que la conocen dicen que jamás abandonará. Es precisamente ese el temor de Karina Milei, que ve en los movimientos de su nueva archienemiga a la suma de todos sus enemigos. La secretaria general está convencida de que Bullrich está comprobando una vez más ese viejo axioma que reza que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, y por lo tanto acercándose a Santiago Caputo y al PRO. Cerca de Bullrich lo niegan con contundencia, y hasta dicen que con el asesor la relación siempre fue más bien mala -“piensa que es un pendejo boludo”- pero nada de eso detiene la paranoia de la hermanísima. Hay una pieza del rompecabezas que es inobjetable: el jefe de campaña de Bullrich en el 2023 fue Derek Hampton, histórico socio del autoproclamado “Mago del Kremlin”.

Con el espacio amarillo la historia es distinta. No sólo porque ese fue el último espacio en el que estuvo antes del salto a La Libertad Avanza, sino porque ahora Bullrich sostiene que hay que buscar una alianza con el PRO -y también con otros gobernadores aliados, con los que ahora Bullrich dice tener tanto diálogo que hasta se muestra convencida de que no están los votos para eliminar las PASO- para el año que viene. “Si vamos separados van a poner un candidato para la nacional que no tiene chances de ganar pero sí capacidad de daño”, argumentan cerca de ella. Esa idea se la habría trasladado personalmente Bullrich a Jorge Macri, en lo que quizás fuera un intento de tranquilizarlo: son varios los que piensan que la senadora se sube el precio, haciendo correr la versión de su candidatura nacional, para terminar negociando el ticket para la jefatura porteña. “Está grande para ir arreglando baches”, dicen cerca suyo. En este cruce de alianzas es donde también vuelve a aparecer una coincidencia con el asesor todoterreno: desde el 2024 que Caputo viene sosteniendo que hay que ir con alianzas en las provincias. Karina, en cambio, quiere poner a sus propios candidatos, lógica que aplicó con éxito ya en 2025. Igual que Villarruel, el oxidado ingeniero del caos es otro que disfruta en silencio esta batalla con su archienemiga. Mientras tanto, la secretaria general parecería estar entrando en un terreno pantanoso al acumular tantos enemigos al mismo tiempo.

Pulseada. La gran duda es que piensa el Presidente de toda esta historia. Cerca de Bullrich se escudan una y otra vez en la misma idea: “Todo lo que dice en público ya se lo dijo en la cara a Javier y a Karina”. Esa tesis aplica tanto para las declaraciones contra Adorni -“además, Patricia sólo dice lo que piensa todo el Gabinete”- como para el rumbo del 2027, incluyendo la resbalosa idea de que “ella va a estar para lo que pida el equipo”. Por ahora, la relación con Milei no se cortó, aunque sí se enfrío. Los desayunos cotidianos en la Quinta de Olivos entre ambos parecen ser una postal del pasado, una distancia que de cualquier manera viene creciendo entre el mandatario y todos sus ministros. Es que Bullrich no es la única en mostrar sus diferencias con el libertario: aunque con mucha más sutileza, Luis Caputo pareció contradecir al Presidente cuando aseguró que ya no había más margen para “el ajuste”, lógica que choca con la tesis del mandatario de continuar con “la motosierra”. Por ahora, Milei los cobija en público a ambos, como cuando, luego de los desplantes en el Tedeum, llevó con un abrazo a Bullrich al balcón de la Casa Rosada para saludar juntos al público.

Algunos de los que sueñan con una Bullrich candidata son justamente los que están cansados no tanto del programa económico de Milei sino de “las formas”. Es precisamente el círculo rojo, para quien parecería haber sido un parteaguas la agresión pública y sostenida de parte del mandatario a Paolo “Don Chatarrín” Rocca. El rebote que viene teniendo la posible aventura presidencial de Bullrich viene apalancada justamente en esta idea: el sueño de varios empresarios de ver en la Rosada a un “mileísmo de buenos modales”. “Si hasta los ministros serían los mismos. Las ideas están bien pero con Milei no se puede hablar ni trabajar”, razona un hombre de las finanzas.

Hay, de cualquier manera, una lógica política que astilla este nuevo sueño del establishment local. Es parecido a lo que le sucedió a Mauricio Macri en el 2019, cuando ante la caída de su figura muchos en ese círculo rojo quisieron empujar a María Eugenia Vidal como “Plan V” para aquella elección. El fundador del PRO cuenta este ida y vuelta en su libro “Primer Tiempo”, cuando narra una charla con el ex presidente español Felipe González: “Me dijo que era absurdo dar un paso al costado. Si yo aceptaba como un hecho mi propia derrota iba a ser imposible empoderar a alguien para que tuviera chances de éxito”. Salvando las diferencias, la lógica parecería ser la misma: ¿si Milei llega astillado a las elecciones del año que viene, por qué alguien de su Gobierno tendría más chances que él? O, dicho de otro modo: si al libertario le va bien, le va bien a él, y si le va mal le va mal a él y a todo su espacio.

De cualquier manera, para eso falta. Los que conocen a Bullrich aseguran que va a seguir marcando sus diferencias, en público y en privado. La senadora va a seguir siendo la socia incómoda de los hermanos Milei.

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