Política / 8 de marzo de 2012

Opinión

El legislador burlado

La Real Academia Española se opone a las reglamentaciones antisexistas en la lengua. Las feministas reclaman. ¿Quién tiene razón?

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Modas. El plural que diferencia géneros (“todos y todas”) como lo usa la Presidenta, es una práctica cada vez más usual. La RAE se opone.

La Real Academia Española se ha puesto nerviosa. Tal vez por eso el día 4 de marzo pasado el diario El País publica una nota firmada por uno de los académicos –el doctor Ignacio Bosque– aunque dice contar con el beneplácito del resto de los integrantes y de las Academias de otros países, la de Argentina incluida. El motivo: están muy enojados porque organismos gubernamentales españoles, de diferente nivel, han dictado sus propias normas lingüísticas con el objetivo de evitar el “sexismo” en la lengua.

No se trata de algo nuevo sino de algo que podemos comprobar a diario: escuchamos y leemos “todos y todas”, “los beneficiarios/as”, “los alumnos y las alumnas” y hasta grafías alternativas supuestamente no sexistas como “l@s docentes”.

Bosque repudia todas estas recomendaciones porque no han consultado a especialistas en lingüística para redactar estas propuestas o directivas, porque la forma (masculina) “todos” en una frase como “todos deben escribir bien el español” engloba de modo evidente a hombres y mujeres y porque la Real Academia Española es el único órgano que debe y puede decidir qué está bien o mal y cómo se escribe. En efecto, le parece terrible que una guía de normas de redacción de un ministerio de la Generalitat Valenciana explique que “un periodista no debe escribir ‘Los españoles irán a las urnas el próximo domingo’ porque las mujeres pueden sentirse discriminadas sino ‘La población española irá a las urnas el próximo domingo’”. Para Bosque y la RAE, con decir “los españoles” es suficiente; en caso de no sentirse incluidas las mujeres, parece ser su problema, o, tal vez, que no han estudiado gramática en la escuela.

No es este el lugar ni contamos con el espacio suficiente para discutir semántica con Bosque, pero sí podemos decir que piensa que el lenguaje es un simple instrumento de comunicación, que los hablantes pueden elegir de modo indistinto una forma u otra, como entre “perro” y “pichicho”, según la situación y el contexto. Sin embargo, el uso del lenguaje es altamente ideológico, se puede descalificar o valorar, por ejemplo si elijo decir “ese pibe me quiere sacar el puesto” en lugar de expresar “el arquitecto nuevo aspira a tener mi puesto”. En el primer caso es obvio que deslegitimo la actividad de mi adversario.

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