Ciencia / 11 de julio de 2015

Innovación en educación y el secreto del boom finlandés

Cómo será el nuevo sistema educativo del país nórdico. La importancia de la tecnología, la creatividad y la resiliencia.

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MÁQUINAS Y NIÑOS. La robótica y otras disciplinas tecnológicas inundan los nuevos métodos de aprendizaje.

Es posible que mucha gente sólo conozca a Finlandia por algunas de las marcas globales que allí nacieron: Nokia, Linux, o –tal vez- Rovio, la empresa responsable del popular juego Angry Birds. Sin embargo, en los círculos educativos, este país es reconocido por ocupar desde hace años los primeros puestos del todos los ránkings globales de calidad en el área de educación. Uno de los conceptos básicos de la escuela finlandesa es que esta simboliza, hoy, una institución que intenta llevar a sus alumnos a explorar todas sus potencialidades y que busca prepararlos para que puedan desenvolverse en un mundo globalizado. Para eso buscan transmitir enseñanzas capaces de permitirles adaptarse a un tiempo cambiante y que los estudiantes sean capaces de adaptarse a lo inesperado y de innovar en sus respuestas.
Vale recordar que el proceso de cambio en el sistema educativo finlandés no es algo reciente. De hecho, sus bases se definieron a mediados de la década del 70, en un momento en que prácticamente la mitad de su población vivía en zonas rurales y la economía del país dependía, básicamente, de la fluctuación del precio internacional de la madera.
Sin embargo ningún país que tenga a la educación entre sus prioridades centrales puede dejar de lado una discusión vital que enmarca a todo el proceso educativo y que afecta a la vida de los estudiantes y –por ende- de toda la nación: ¿qué hay que enseñarle hoy a chicos que ya no necesitan de antiguos saberes enciclopédicos?
Es que actualmente el acceso a datos y abundante información de calidad está a apenas un click del mouse de distancia, la tecnología nos acerca a todos (o a una inmensa mayoría, al menos) a informaciones que antes solo quedaban reservadas para un puñado de personas. “Por eso, más que acumular muchos datos, el alumno de estos tiempos tecnológicos precisa aprender a aprender, porque a toda hora aparecen nuevos acontecimientos relevantes para todo el planeta”, explica Andreas Schleicher, Director del Área de educación de la OCDE.
Ya a fines del 2014, diferentes líderes educativos de los principales países del mundo se reunieron en la ciudad de Ginebra (Suiza) para discutir cuáles deberían ser los contenidos adecuados para la escuela del siglo XXI. Y hubo consenso en que “es preciso preservar los contenidos esenciales, pero también lo es tener el coraje para eliminar el resto y dar lugar a una escuela que sea capaz de facilitar el desarrollo de las nuevas habilidades que requiere el mercado laboral del futuro cercano”.
Entre éstos nuevos skills se destacan elementos como la resiliencia, la capacidad de producir en equipo, la buena comunicación, la apertura al riesgo, y la creatividad.
En este sentido una de las decisiones concretas que tomaron las autoridades educativas finlandesas fue dejar de considerar a muchas materias como compartimientos estancos, derribando las barreras entre las diferentes áreas y departamentos. “Los conceptos básicos de cada materia continúan siendo enseñados, siempre con metas claras y exigencias elevadas; sin embargo las fronteras entre las diferentes especialidades son cada vez más flexibles”, explica Leena Maija Niemi, vicedirectora de la escuela secundaria Kasavuori, un establecimiento modelo, ubicada a media hora el centro de la capital, Helsinki, y que se convirtió en una institución que funciona como laboratorio de los nuevos tiempos y técnicas educativas.
En la escuela Kasavuori los alumnos aprenden en forma unificada contenidos de economía, geografía, historia, demografía, estudios sociales e idioma finlandés, enmarcados dentro de un proyecto denominado “Mis raíces”. Cada uno de los adolescentes de la clase produce materiales y contenidos sobre las ciudades en las cuales vivieron sus padres, tíos o abuelos, por medio de un abordaje de aprendizaje basado en proyectos, en el cual los profesores de varias materias diferentes planifican actividades áulicas en conjunto.
La línea fundamental que guía a este programa es fomentar la independencia de los integrantes de los equipos y empujarlos a investigar y colaborar. Bajo esa misma concepción, los docentes no se ponen al frente de la clase ni bajan lecciones con datos durante una larga exposición magistral. Su trabajo consiste, más bien, en recorrer el aula, pupitre por pupitre, hablando con cada alumno, resolviendo dudas y renovando desafíos.
El éxito de esta metodología hizo que la escuela Kasavuori fuera visitada por especialistas en educación llegados de Singapur, Estados Unidos, México, España y Tailandia, todos interesados en conocer a fondo el funcionamiento del modelo que, a partir del año 2015, será parte de la currícula obligatoria en toda Finlandia.
Regresar a las fuentes. Irónicamente, alguna de las innovaciones educativas finlandesas revisitan un pasado glorioso. Es que en la Atenas clásica, la enseñanza se basaba en grupos pequeños, en lo que un maestro lanzaba desafíos cuya resolución demandaba sumar expertise de varias áreas del saber. El mentor solía responder a las pregunta de sus alumnos con otro desafío complejo y un problema llevaba al siguiente, por medio de un camino deductivo que obligaba a utilizar la razón, regida por la geometría y la lógica, pero también impulsada por la poesía.
Aunque tampoco fueron los únicos en pensar de esa manera. En 1929 el filósofo y matemático inglés Alfred Whitehead, publicó el libro “Los objetivos de la educación”, donde ya se pronunciaba en contra del academicismo y de la compartimentación extrema de la enseñanza de los diferentes campos del saber.
Así, en la conservadora Inglaterra de preguerra, Whitehead opinaba que “en nuestras escuelas la contradicción es vista como una derrota, cuando, en realidad, debería ser el primer paso rumbo al conocimiento real”. Y este experto también preconizaba –ya en esa época- los valores del trabajo cooperativo.
Flexibilidad. No hay que pensar que la educación en Finlandia tiene la rigidez típica que caracteriza a la enseñanza de otras naciones que también comparten los primeros puestos del ránking global de calidad educativa, como Corea del Sur o China. “De hecho, este país escandinavo eligió desarrollar una rutina escolar menos exigente, con jornadas de cinco horas de clase y contemplando cada día un espacio donde los alumnos tengan un tiempo para el relax. Aunque siempre sin confundir flexibilidad con anarquía”, aclara Kristiina Kumpulainen, de la Universidad de Helsinski. Este concepto tampoco se relaciona con la indisciplina, sino que los responsables de la educación finlandesa consideran que los actuales son tiempos de construcción de conocimientos en red, y de personas colaborando unas con otras.
Esta filosofía también se visualiza con alteraciones en la dinámica del aula, en la cual el profesor, a veces, ya no tiene su propia silla o escritorio: la idea central es que el maestro pueda estar permanentemente junto a los alumnos, guiándolos en la experiencia educativa cotidiana.
El proceso de búsqueda de nuevos paradigmas educativos no es algo exclusivo de Finlandia. En el distrito de la Columbia Británica, en Canadá, las autoridades del área también se encuentran en pleno proceso de tamizar los contenidos esenciales de los accesorios.
“Con tantas materias y programas muy largos, los chicos no están aprendiendo a pensar” sintetiza Rod Allen, uno de los encargados de reescribir la currícula de esta provincia canadiense. Según este experto, “nuestros estudiantes continuarán aprendiendo los fundamentos de la democracia griega y porqué todos los caminos llevan a Roma. Sin embargo ya no necesitarán repasar a fondo todas las civilizaciones que habitaron en la antigüedad”.
En lugar de armar un programa con cincuenta tópicos separados, la idea canadiense es agrupar una decena de temas centrales, aunque seguirá marcando el necesario aprendizaje de los datos, las personas y los eventos más importantes de la historia del país.
Desde Oriente. Mientras tanto, en Japón recorren un sendero similar: en los últimos tiempos se achicaron los contenidos de los programas en un 30%, de manera de poder darle espacio a las nuevas habilidades que requieren las actividades del siglo XXI.
Es que los puestos de trabajo de los próximos años ya no requerirán de actividades rutinarias, basadas en un único tipo de conocimiento, sino que demandarán resolver desafíos imprevisibles y diseñar soluciones complejas, que exigirán profesionales que hagan gala de flexibilidad de pensamiento y apertura mental. Sin embargo en algunas enseñanzas clásicas los planificadores japoneses decidieron no ceder: así, leer un libro por semana fue de, es -y seguirá siendo- sagrado en el sistema educativo.
Otra temática que busca su lugar dentro de las competencias educativas es la importancia de entrenar a los alumnos en ciertas habilidades socio-emocionales tales como la persistencia y la autodisciplina, dos conceptos que ya se demostró -en la década del ´80- son determinantes para el éxito de un emprendimiento.

 

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