Opinión / 4 de abril de 2016

Barón-Osvaldo: El peligro de volver con un violento

Por Mabel Bianco (*) | A raíz del caso de la actriz y el futbolista, las contradicciones de las mujeres que sufren violencia de género. La mirada de los otros.

Reconciliados. Luego de haberlo denunciado, Jimena Barón se amigó con Daniel Osvaldo. ¿Hay riesgos?

La violencia contra las mujeres en el marco de las parejas es lo más frecuente y también lo más complejo de atender y entender. Una pareja como el caso de la actriz Jimena Barón y el futbolista Daniel Osvaldo, vuelve a poner sobre el tapete este tema ya que ella se reconcilió con él pese a las denuncias de maltrato que había hecho. Cuando quienes viven esto son las personas sin notoriedad, lo que ocurre frecuentemente es que una mujer denuncia a su pareja por violencia, se separa, él es obligado a no acercarse al domicilio de ella, pero el hombre insiste en continuar el vínculo. Frente a esto, en general, las mujeres viven sentimientos ambivalentes: entre perdonarlo y restablecer el vínculo o alejarse, desconfiar y protegerse. Esto es comprensible si esta pareja es el padre de hijos en común y es con quien convivió y a quien la ligan lazos afectivos, por eso a la mujer le cuesta alejarse, siente la culpa de no perdonarlo, de lastimarlo o de parecer egoísta porque no lo comprende. Visto de afuera la gente se pregunta: ¿cómo esta mujer no se da cuenta que no tiene que recomponer la pareja? Si ya lo denunció, ¿por qué levanta la denuncia y vuelve a convivir con él? ¿Si se sabe que la va a volver a maltratar por qué vuelve? Todas esas preguntas que los de “afuera” nos hacemos, no tienen lugar para esa mujer porque ella vive desde los sentimientos y la ¨supuesta ¨objetividad de los otros -que no siempre es así- no puede transferirse a ella. Se la debe comprender, no juzgarla, sino ayudarla a que no restablezca el vínculo, si puede, y si no puede, acompañarla para que no la lastime más ni física ni psíquicamente y que tampoco ella se juzgue y flagele si vuelve la violencia. Esto no es algo fácil de aceptar para quienes acompañan a estas mujeres ni tampoco para sus hijos que tienen la ambivalencia de saber que el papá lastima a la mamá pero que ellos lo quieren y además quieren volver a su casa, a sus amigos y a su entorno perdido cuando la mamá se fue.

La película “Refugiado” muestra esto y ayuda a entender lo que no es lógico ni racional, sino afectivo y por tanto no encuadra en la visión lógica. Si nos referimos específicamente a Jimena Barón y a Daniel Osvaldo es más complejo porque: en primer lugar, son dos “famosos” donde la repercusión de los actos de la pareja adquiere otra dimensión. La necesidad de estar presentes en los medios no es un dato menor ya que actrices y futbolistas necesitan vigencia para ser más valorados, entonces, a estos temas se les da mucha difusión. E incluso como personas acostumbradas a la vida publicitada tienen percepciones distintas sobre qué y cómo trascienden las cosas. Jimena Barón denunció a Daniel Osvaldo por violencia en todos los medios, algo que se difundió ampliamente y que resultó mas efectivo que una denuncia. Poco interesó saber si la concretó. Y si realmente lo denunció, tampoco interesó saber cómo fue el proceso. Ahora, cuando se reconciliaron y volvieron a vivir juntos la violencia no fue el tema central. Y en eso, a diferencia de si fueran personas ignotas, las reacciones de los otros son muchas y más cargadas de afectividad según con qué miembro de la pareja se identifique la gente. Esto no quiere decir que ellos no sufran y sientan lo mismo que la gente común, pero si todo se da a la vista de todos, eso tergiversa y cambia conductas y actitudes. Jimena tiene derecho a decir que no la juzguen y también a pedir que no la hagan hablar, pero es más difícil que el público se lo permita como si fuera una mujer común.

Entonces lo importante es llegar con un mensaje claro a quienes les ocurre lo mismo que a Jimena Barón y a Daniel Osvaldo: lo que parece tan claro para el de afuera, no lo es para las mujeres y sus hijos que experimentan violencia. Por eso la reconciliación tiene riesgos y no siempre es permanente pero las mujeres muchas veces no pueden eludirla, ante esto merecen afecto, apoyo y comprensión para poder pasar el trance acompañadas y estar más protegidas si todo sale mal.
(*) Médica, Presidenta de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer.