Ciencia / 6 de diciembre de 2016

Sebastián Apesteguía: “La paleontología en Argentina es infinita”

El descubridor del dinosaurio Gualicho, encontrado en la Patagonia, sostiene que hay mucho por encontrar, pero duda acerca del futuro del Conicet.

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Este año la Argentina volvió a estar bajo las luces de los principales hallazgos paleontológicos a nivel mundial cuando presentó a Gualicho. Que no es ni un té para enamorar ni un emplaste para curar males sentimentales, sino un dinosaurio carnívoro que habitó la Patagonia en lo que se conoce como el período Cretácico Superior, hace entre 90 y 99 millones de años.
A Gualicho lo presentaron en sociedad en julio, en un acto en el que estuvo presente su descubridor, el paleontólogo  Sebastián Apesteguía -investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, CONICET- y hasta el Ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, pero tiene una larga historia que comenzó en 1999. Ese año, Apesteguía (además, investigador de la Fundación Azara y la Universidad Maimónides y director del Área de Paleontología de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara) y su equipo de trabajo habían hallado numerosos huesos de dinosaurios y troncos petrificados en un campo situado al borde del embalse Ezequiel Ramos Mexía, en la provincia de Río Negro, propiedad de Francisco Violante, justo frente a la localidad neuquina de Villa El Chocón. Un convenio con el Field Museum de Chicago llevaría a Apesteguía y especialistas internacionales a profundizar la campaña en el 2007, cuando fueron descubiertos esqueletos de dos dinosaurios herbívoros y de uno carnívoro, pero un accidente automovilístico y diversas situaciones que hasta incluyeron la suspensión de las investigaciones por decisión política de autoridades provinciales, dejaron todo en stand by. Hasta que el especimen carnívoro, que no era otro que Gualicho, pudo ser rescatado y puesto bajo la mira especializada de los expertos.
La forma en que Gualicho fue descubierto, los problemas que atravesó su identificación y el ruido que hizo la publicación de su aparición en revistas científicas de nivel mundial, no son más que una muestra acabada de lo significa la paleontología hoy en la Argentina. En particular, en lo que se refiere a la búsqueda, recuperación y estudio de los dinosaurios y del ecosistema que habitaron hace poco más o menos cien millones de años en la zona que ocupa ahora el sur argentino.
Histórica. “La paleontología siempre tuvo mucha relevancia en nuestro país -dice Apesteguía, en diálogo con Noticias-.  Nuestro primer paleontólogo, Francisco Javier Muñiz, que era médico (el del hospital que lleva su nombre) había armado una colección de fósiles muy importante que donó al Estado con la intención de hacer un museo nacional. En ese momento gobernaba Juan Manuel de Rosas, y no sabemos por qué pero se la regaló a un francés. Es decir que como primer paso fue bastante malo, pero más tarde sí se fundó el Museo de Ciencias Naturales, y llegaron el Perito Moreno y los hermanos Ameghino: Florentino era el que estudiaba los restos, Carlos quien los buscaba en el campo y que devino en el jefe de Paleontología del Museo, y Juan, el que financiaba las campañas. Es a partir de ellos que todo toma otra dimensión.”
Dentro de cuatro años se estarán cumpliendo 200 años de las primeras publicaciones paleontológicas hechas por argentinos en la Argentina, algo que no cualquier país tiene. De modo que muy a pesar de la película Jurassic Park (dirigida por Steven Spielberg en 1993), lo cierto es que la paleontología y en particular todo lo que se relaciona con la recolección y estudio de fósiles de dinosaurios no es en este país ni un boom reciente ni una novedad, sino una tendencia que se afirma y tiene cada vez una presencia más sostenida en los principales centros de estudio especializados del mundo.
Entre los representantes de la generación intermedia de paleontológos, esa que siguió con el trabajo del respetado a nivel internacional José Fernando Bonaparte y que está formando a los nuevos especialistas en dinosaurios, la que ya colecciona hallazgos de nuevos ejemplares y que cada cierto rítmico espacio de tiempo dan a conocer alguna novedad al mundo, es que se ubica Sebastián Apesteguía.
Dicen que de chiquito dejaba su firma estampada en los pupitres de las escuelas primarias por las que pasó: dibujos de dinosaurios.
Ya en el colegio secundario, entró como voluntario al Museo de Ciencias Naturales, a colaborar en lo que se pudiera, desde enderezar clavos a limpiar réplicas y luego sí, a trabajar las rocas que contenían dentro los restos fósiles de dinosaurios que debían ser rescatados.
A los 18 años hizo su primera campaña para buscar restos con el maestro, con Bonaparte. “ Y fuimos a ver Jurassic Park con mis compañeros del Museo. Yo no pude terminar de verla, porque era demasiado para mí…”
Noticias: ¿En qué sentido ‘demasiado’ ?
Sebastián Apesteguía: Cuando aparece el primer dinosaurio y ví lo bien que estaba reconstruido empecé a sentir palpitaciones. Tuve que voltear al piso, no pude mirar la escena, de la emoción que sentía … Pero mis compañeros, los que sabían más que yo, me ayudaron a advertir que en esa película no había un dinosaurio argentino, y eso que ya habían sido descubiertos entre 15 y 20.
Noticias: ¿Cómo resuelve un paleontólogo argentino el problema de los presupuestos para hacer una campaña?
Apesteguía: Yo buscaba subsidios donde fuera posible. Los primeros fueron del Rotary Club, lo cual era lógico porque yo todavía era un estudiante, no estaba graduado. Cuando lo que hacía empezó a tener más resonancia internacional, y todavía sin estar doctorado, pedí subsidios a la Jurassic Foundation, creada por Steven Spielberg con los fondos de la película Jurassic Park para financiar investigaciones paleontológicas en todo el mundo. Esa fundación me otorgó en cinco oportunidades subsidios pequeños de no más de tres mil dólares, cifra suficiente para hacer una campaña paleontológica en la Argentina. Ya con el doctorado en la mano tuve acceso a subsidios del Conicet, de la Agencia de Promoción Científica y Tecnológica y de la National Geographic.
Noticias: ¿Entonces podría decirse que a la paleontología le va bien hoy en la Argentina?
Apesteguía: Hubo un tiempo en que la carrera de investigador del Conicet se cerró y fue muy difícil. Luego se abrió, en los últimos años hubo muchos ingresos, becas para tesis, y entonces actualmente hay muchos paleontólogos. Lo que faltan son geólogos, alguien que sepa más que nosotros de las rocas y de lo que pueden contener, porque la mayoría de quienes se reciben en la carrera de geología son cooptados por la minería y por la industria del petróleo. El tema es qué sucederá con los presupuestos en el área de Ciencia…
Noticias: ¿Entonces decir estudio paleontología y me dedico a buscar dinosaurios es hoy un trabajo con posibilidades?
Apesteguía: Yo creo que la paleontología en nuestro país es infinita, siempre va a haber cosas nuevas para descubrir. Y la prueba te la da que (al menos quienes  estamos en el tema dinosaurios) casi todos tenemos alguna especie nueva nombrada, porque es muy común que descubramos especies nuevas. No nos pasa ir al campo y decir ‘uy, otro de estos’. Lo mas frecuente es que encontremos un especimen desconocido. Eso prueba que estamos en pañales en el conocimiento que tenemos de nuestra historia paleontológica. Por el contrario, me ha pasado estar trabajando en los Estados Unidos, encontrar un dinosauro y que el jefe de campaña me diga que ya hay muchos ejemplares de esa especie en los museos. En la Argentina todavía conocemos poco, y recién estamos analizando todo el ecosistema que rodea a una especie.
Noticias: Entonces se podría decir que estamos lejos de hacer una jurassic park argentina con todo el escenario incluido…
Apesteguía: Hace 18 años que trabajo en un lugar de la  Patagonia que es la Buitrera (provincia de Río Negro), he publicado gran cantidad de dinosaurios, serpientes con pautas, lagartos, mamíferos, tenemos un conocimiento general de la zona. Pero recién a partir del año pasado, cuando comenzamos a trabajar con un proyecto de la Agencia es que logramos comenzar a estudiar cómo era el ambiente en esa epoca y empezamos a entender que era un desierto, que muchos animales quedaron preservados con tanta fidelidad porque era un ambiente seco que los tapaba con arena. En este lugar, en la Buitrera, solamente econtramos animales vertebrados pequeños a medianos (ratón a perro, mas o menos). La pregunta es ¿no había dinosaurios más grandes ahí? Sí, pero no se preservarban, porque el animal moría y quedaba expuesto a la intemperie durante años, así es que venía un predador, comía de a partes, el sol del desierto dañaba los huesos. El resultado es que nos ha pasado de encontrar restos de un dinosaurio grande pero que estaba hecho pedazos y no pudimos decir ni qué era. En cambio, cruzando del lado neuquino, en la misma formación geológica, vemos restos sólo de animales grandes, y la pregunta se invierte: ¿no vivían los más chiquitos? Claro, pero las condiciones de preservación eran diferentes y no funcionaban para ellos.
Noticias: ¿Qué tipo de especialidades se precisan para lograr tener ese panorama, esa película completa?
Apesteguía: Desde el 2014 que estamos involucrando a sedimentólogos, paleobotánicos, palinólogos, que son los que estudian el polen y son parte de una rama de la paleontología que es la micropaleontología…
La escondida. La micropaleontología, con menos prensa que la macroespecialidad que la contiene, estudia objetos y seres vivos pequeños, como el polen, los ostrácodos (crustáceos microscópicos), las diatomeas (algas unicelulares), los foraminíferos (organismos unicelulares), diferentes seres microscópicos que tenían algun tipo de esqueleto (ya fuera calcáreo, silícico, carbonático) que al morir quedó entre los granos de sedimento y le da a los investigadores del presente información del ambiente o de la época en la que vivieron otros seres vivos… como los dinosaurios o los mamíferos.
Un micropaleontólogo lo que hace es ir al campo, ignorar a todo esqueleto de dinosaurio con el que se choque, pero mirar la roca detallada y obsesivamente. Luego, empieza a tomar muestras de roca a diferentes alturas, y también recoge sedimento. Una vez en el laboratorio, el micropaleontólogo procesa esas muestras (en algunos casos las pasa por combustible, en otras por agua oxigenada, por ejemplo), toma el resultado obtenido, lo coloca en el microscopio y ahí ve por primera vez si hay un organismo o no. Ese micropaleontólogo, a veces, se lleva kilos de sedimentos de un campo sin saber si irán a ser muestras fértiles (es decir, con restos de organismos), o no.
Con ellos, otros paleontólogos, especializados en distintas ramas de la paleontología podrán analizar qué tipo de medio ambiente era aquél en el que vivía el dinosaurio más grande, o más poderoso, o más ligero, o más antiguo, descubierto en la zona. Es un trabajo de equipo en el que la paciencia, el apasionamiento, la aventura y la libertad son parte tanto del compromiso como de la recompensa. Y, al menos por ahora, a la Argentina le está yendo muy bien.

 

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