Opinión / 28 de marzo de 2014

El día del olvido

MILANI. El jefe militar nombrado por la Presidenta desafía el relato oficial sobre los Derechos Humanos.

Es una tradición argentina. Cada 24 de marzo, miles de jóvenes y no tan jóvenes se movilizan para festejar un nuevo aniversario del golpe de Estado de 1976. ¿Festejar? Para todos salvo algunos mayores de cincuenta años, es la palabra apropiada. La efeméride les brinda una oportunidad para felicitarse por su propia virtud, compararla con la abyección ajena, y luchar en su imaginación contra una dictadura cruel. Se trata de una forma de decirnos que, a diferencia de quienes no militan en la misma facción, ellos sí son derechos y humanos.

Aunque ya han transcurrido 38 años desde que una junta militar barrió con el gobierno penosamente inoperante de Isabelita Perón, los hay que sienten tanta nostalgia por lo que a su juicio fue una etapa heroica de la vida nacional, cuando todo se pintaba en blanco o negro y Dios vomitaba a los tibios, que se niegan a abandonarla.

Para los kirchneristas, sobre todo para aquellos arrepentidos que lamentan haberse adaptado tan fácilmente a las circunstancias imperantes en la Argentina del proceso castrense, el golpe y sus secuelas inmediatas constituyen una fuente de legitimidad. Con astucia notable, Néstor Kirchner y su esposa se las ingeniaron para hacer de un acontecimiento complejo que debería prestarse a muchas lecturas algo terriblemente sencillo que les serviría como una especie de escudo ético.