Christian Dior y sus tote bags, los libros de Sarah Jessica Parker y la novela de Oriana Sabatini. (Cedoc)
Sexy-intelectual: Por qué la inteligencia se puso de moda
Es la nueva tendencia en las pasarelas y las redes. Una revalorización del arte y el pensamiento que las celebrities exhiben y las marcas aprovechan.
Contra todo pronóstico y a contracorriente de cualquier cliché, la inteligencia se puso de moda. Celebrities que muestran sus lecturas en las redes sociales en lugar de vestidos o maquillaje. Cantantes que estructuran una obra en cada disco, con toda clase de citas que remiten a la tradición clásica. Etiquetas fashion que convocan a comprar libros en lugar de carteras. Y looks que remiten a la universidad y las bibliotecas y ocultan el cuerpo bajo varios metros de tela. La moda todo lo toca y el capitalismo todo lo absorbe. Y ahora le llegó el turno a la cultura.
Tal vez no se trata tan sólo de una tendencia que parece profunda pero es tan superficial como cualquier otra. Hace unos días, un artículo del diario inglés The Guardian reflexionaba sobre la movida “smart sexy” atribuyendo sus señales a una necesitad social de combatir el anti-intelectualismo de las nuevas derechas, representadas en las ideas de Donald Trump. Ignorar a los pensadores, boicotear a las universidades, reirse de los pronósticos sobre el cambio climático es parte de un discurso que ha transformado a la cultura en un despreciado territorio de la izquierda.
Pero más que al contexto político, también podríamos atribuir estas manifestaciones culturales ligadas al mundo del show y la moda a un interés genuino de los creadores dentro de ese ámbito, por la historia del arte y la literatura. Desde Karl Lagerfeld a Pablo Ramírez, sobran los ejemplos. Un antiguo cliché es el que supone que si te fascinan los vestidos, no puede gustarte el cine de autor o los ensayos de Judith Butler.
¿Otro cliché? Si sos linda no podés ser inteligente. Si desfilas por una pasarela no es probable que entiendas a Borges. Y si cantás trap no hay chance de que te interese visitar el Louvre.
Las señales de profundidad
Empezaron hace tiempo con celebrities que mostraban lo que leían en Instagram. Dua Lipa, Reese Whitherspoon y Sarah Jessica Parker fueron las pioneras. Hoy todas tienen clubes de lectura y, para escándalo de muchos, Parker fue miembro del jurado de uno de los premios literarios más importantes del mundo, el Booker Prize. Este galardón distingue en el Reino Unido a la mejor novela del año anterior escrita en lengua inglesa. En vista de la constante caída de las cifras de lectores en el mundo, el apoyo de los famosos no le viene nada mal a la industria editorial.
Pero las celebrities también escriben. Por ejemplo, la modelo Emilia Ratajkowski vendió miles de ejemplares de su libro de ensayos “Mi cuerpo” y, entre nosotros, Oriana Sabatini acaba de debutar en la literatura con su novela “Podría quedarme acá”, publicada por Sudamericana.
En otros ámbitos del showbiz, las composiciones de Taylor Swift sorprenden por su arquitectura, ligada a los proyectos poéticos de largo aliento y también las de Rosalía, inspiradas en grandes piezas de la música clásica y en las imágnes del Renacimiento y el Barroco.
El look de bibliotecaria
En cuanto al estilo intelectual o “geek chic” su presencia en las vidrieras es evidente. En él confluyen el “quiet luxury” que estuvo de moda en los últimos años y que proponía prendas muy clásicas, de máxima calidad, sin estridencias ni excesos y el “oversize” que mostraron las colecciones de casi todo el mundo. Los trajes masculinos, los anteojos de pasta, las camisas grandes y hasta accesorios con reminiscencias del siglo XIX (también llamado “poet look”) están presentes en las calles de la mayoría de las ciudades ahora mismo.
Las marcas, siempre atentas a los fenómenos sociales, no tardaron en sumarse a esta tendencia. Dior, por ejemplo, creo una línea de “tote bags” con el título de grandes obras literarias estampado en el frente: “Madame Bovary”, “Las relaciones peligrosas”, “Bon jour, tristesse”, “Drácula” y “Las flores del mal”, fueron algunos de los textos citados. El valor: entre 2500 y 4000 dólares según el tamaño.
También la marca estadounidense de accesorios Coach creó unos “charms” o “dijes” del estilo de los Labubu, pero en forma de libro, para colgar de bolsos y carteras.
La etiqueta Miu Miu no solo diseñó una colección con la imagen de mujeres de los '60 vestidas con el estilo intelectual de la época, además creó un gran club de lectura que se reúne para debatir temas en profundidad. En la última edición en Milán, el tópico fue la sexualidad y el consentimiento a partir de textos de Annie Ernaux y Ama Ata Aidoo.
Vuitton, por su parte, ilustró su última colección con una imagen de la actriz Jennifer Connelly posando sobre varias pilas de libros.
La famosa etiqueta italiana Bottega Veneta, en manos de la diseñadora británica Louise Trotter, convocó a la escritora Zadie Smith y a la escultora Barbara Chase-Riboud, de 90 años, como imagen de la marca. Y la tienda Sézanne de Nueva York convirtió su local directamente en una librería.
Los interesados
Los jóvenes de la generación Z son los grandes protagonistas de esta tendencia. Los mismos que agotaron ediciones de “Cumbres borrascosas” y “Orgullo y prejuicio” al ritmo de las películas y las series basadas en los libros de Emily Brontë y Jane Austen. También son clientes habituales de aplicaciones como “Bookmark—Dating via Books”, el Tinder de los libros, donde el “match” está basado en la simple coincidencia de amar la misma historia. Ya se sabe que para cualquier lector, no hay mayor placer que compartir impresiones sobre lo que está leyendo.
Preocupados por su dependencia absoluta del celular, los jóvenes de hoy han empezado a buscar opciones de entretenimiento alejadas de las pantallas.
En relación a la denominación de esta tendencia, “smart sexy”, los especialistas en marketing se preguntan cuán seductor puede ser un intelectual, históricamente caracterizado como muy poco atractivo en términos de romance (basta recordar el cuarteto de perdedores que protagonizaba “The Big Bang Theory”).
Pero esta duda también tiene solución. Con el nombre de “sapio sexualidad” se designa el deseo que despierta la inteligencia de quien es nuestro objeto amoroso. Para describirlo en otros términos, son “sapio sexuales” quienen consideran un ingrediente esencial de la atracción erótica la capacidad intelectual de su pareja. Según Yuval Harari, el famoso autor del libro “Sapiens. De animales a dioses”, las mujeres son más proclives a este tipo de deseo. La coincidencia, entonces, es que ellas son hoy también las que más leen, estudian y visitan museos y teatros. Dos datos que sumados otorgan al género femenino la suma de los placeres preferidos de esta época.
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