Ernesto Chacón Oribe y Bettina Quintá (Gentileza Chacón Oribe)

Un luchador por los derechos de los bailarines

Ernesto Chacón Oribe tiene un lugar destacado en la danza argentina. Y no solo por su talento. También dio grandes batallas por mejorar las condiciones de trabajo de su profesión.

Existen artistas que construyen su carrera sobre los aplausos y otros que, además de conquistar los escenarios, deciden involucrarse en las batallas silenciosas que ocurren detrás del telón. Ernesto Chacón Oribe pertenece a esta segunda categoría. Bailarín, docente, escritor y uno de los impulsores de la Compañía Nacional de Danza Contemporánea, su nombre ocupa un lugar singular dentro de la historia reciente de la danza argentina, no sólo por su trayectoria artística, sino también por haber protagonizado una de las luchas laborales más importantes que recuerde el sector.

Nacido en 1978 y criado en Mar del Plata, descubrió la danza casi por casualidad. Lo que comenzó como una actividad extracurricular en una sociedad de fomento barrial terminó transformándose en una vocación que lo llevó a abandonar otras disciplinas artísticas, mudarse a Buenos Aires y apostar todo por una profesión tan exigente como incierta. Formado inicialmente en la danza clásica, ingresó al Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín a fines de los años noventa, donde encontró un universo artístico que ampliaría para siempre su manera de entender el movimiento y la creación escénica.

 

 

Durante años construyó una destacada carrera como intérprete, participó de obras emblemáticas como “La Tempestad”, “Un tranvía llamado deseo” y “Carmina Burana” y compartió escenario con las figuras más importantes de la danza nacional. El reconocimiento público llegó en 2007 cuando obtuvo el Premio Clarín al Mejor Bailarín, imponiéndose en la terna a Julio Bocca, Cecilia Figaredo y Maricel De Mitri. Sin embargo, lejos de convertirse en el punto culminante de una carrera convencional, aquel galardón terminó transformándose en una plataforma para visibilizar una realidad que hasta entonces permanecía oculta para gran parte de la sociedad. Por aquellos años, los bailarines del Teatro San Martín, no eran considerados empleados y por ende no tenían derechos básicos como cobertura médica, seguros de riesgo (ART) ni contratos justos. Su lucha titánica junto a otros bailarines la plasmó en un libro, "La danza de los invisibles" (2 (DA) en Papel Editora), donde eternizó la verdadera historia para que no se la apropiara ningún político de turno.

 

Noticias: ¿Cómo nació su vínculo con la danza? ¿Qué le atrajo de ese mundo cuando era chico?

Ernesto Chacón Oribe: Como muchos chicos, era muy inquieto y mis padres buscaron actividades para que canalizara toda esa energía. Empecé haciendo karate en una sociedad de fomento del barrio, pero cuando el profesor dejó de dar clases me quedé acompañando a mi mamá y a mi hermana, que estudiaban danza. Me sentaba a observar los ensayos hasta que una profesora me invitó a probar. También influyó un motivo muy infantil, me gustaba una amiga de mi hermana que bailaba allí. Lo que comenzó como una excusa terminó convirtiéndose en una pasión que fue creciendo con los años.

 

 

Noticias: Estamos hablando de los años 90. Aún existían muchos prejuicios sobre los varones bailarines.

Chacón Oribe: Los prejuicios estaban presentes y yo mismo los sentía. Por suerte, mis padres nunca tuvieron problemas con que estudiara danza, por el contrario, me apoyaron siempre. Pero fuera de casa era distinto. En la escuela evitaba contar que bailaba porque sabía que iban a llegar las cargadas. Incluso recuerdo que una vez me lesioné un pie y le dije al médico que había sido jugando al fútbol cuando en realidad me había lastimado bailando.

Noticias: ¿Cómo fue el salto a Buenos Aires y su ingreso al Teatro San Martín?

Chacón Oribe: Mis padres me pusieron una condición, terminar el secundario antes de mudarme. Cumplí con eso y luego me vine a Buenos Aires para continuar mi formación. Ingresé al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y al Taller de Danza Contemporánea del San Martín, pero debía elegir porque los horarios coincidían. Más tarde me presenté a una audición para el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín. Fui sin demasiadas expectativas, simplemente para adquirir experiencia, pero quedé seleccionado y allí comenzó una etapa fundamental de mi carrera artística.

Noticias: Venía del ballet clásico. ¿Qué encontró en la danza contemporánea que le resultó tan atractivo?

Chacón Oribe: Encontré una libertad enorme. Yo tenía una formación muy sólida en danza clásica, pero el contemporáneo me permitió descubrir otras posibilidades corporales. Aprendí a moverme desde lugares completamente distintos, a trabajar con otras dinámicas y otras formas de construcción escénica. Coreógrafos como Mauricio Wainrot me abrieron la cabeza a nuevas maneras de pensar el movimiento. Fue una experiencia muy enriquecedora porque no implicó abandonar lo anterior sino ampliar mis recursos expresivos y comprender que el cuerpo podía comunicar mucho más de lo que yo imaginaba.

 

 

Noticias: En 2007 llegó un reconocimiento inesperado, el Premio Clarín al mejor bailarín del año.

Chacón Oribe: Una inmensa sorpresa. En la terna estaban Cecilia Figaredo, Maricel De Mitri y Julio Bocca, que además transitaba su año de despedida de los escenarios. Sinceramente no creía tener posibilidades. Cuando escuché mi nombre sentí una mezcla de incredulidad y emoción. Sin embargo, lo más importante para mí no fue la estatuilla, sino la oportunidad de visibilizar lo que estaba sucediendo.

Noticias: Estaban en pleno conflicto laboral con las autoridades del Ballet Contemporáneo del San Martín.

Chacón Oribe: Existían problemas estructurales relacionados con las condiciones laborales y la protección de los trabajadores, por ejemplo, no teníamos ART (Aseguradora de Riesgos del Trabajo). También cuestiones que durante mucho tiempo habían sido naturalizadas dentro del ámbito de la danza. Los compañeros me eligieron como delegado y empecé a involucrarme profundamente en esas discusiones. Fue un proceso intenso porque tuvimos que aprender sobre derechos laborales, organización gremial y negociación institucional. Hasta ese momento yo era fundamentalmente un bailarín. De repente me encontré defendiendo derechos colectivos y entendiendo que la transformación también requería compromiso ciudadano.

 

 

Noticias: Aquella lucha terminó con su expulsión del San Martín.

Chacón Oribe: Fue un momento muy doloroso porque el Ballet Contemporáneo del San Martín había sido mi casa artística durante muchos años. Sin embargo, nunca sentí que el esfuerzo hubiera sido en vano. Sabíamos que defender determinadas posiciones podía tener consecuencias. Lo importante es que esa lucha permitió conquistar derechos concretos para muchos bailarines. Mirado con perspectiva, entiendo que el costo personal fue grande, pero también los cambios logrados beneficiaron a generaciones que vinieron después. Eso le da sentido a todo lo que ocurrió en aquellos años.

 

 

Noticias: Esa experiencia es el eje central de tu libro “La danza de los invisibles”. ¿Por qué decidió escribirlo?

Chacón Oribe: Porque sentía que esa historia no podía perderse. Durante el conflicto muchas veces nos sentimos solos, sin herramientas ni espacios de representación específicos para la danza. Quería dejar un testimonio desde la mirada de los trabajadores. La novela mezcla realidad y ficción, pero conserva el espíritu de lo que vivimos. Mi intención fue que las nuevas generaciones comprendan de dónde vienen muchos de los derechos que hoy existen y que sepan que hubo artistas que dedicaron años de su vida a construir esas conquistas.

 

 

Noticias: Lo vivido y lo luchado, contribuyó a la creación de la Compañía Nacional de Danza Contemporánea.

Chacón Oribe: Una de las mayores satisfacciones de mi vida profesional. La compañía nació del deseo de construir un espacio estable para la danza contemporánea dentro del ámbito nacional. En sus comienzos la dirigimos colectivamente los fundadores y luego fue creciendo hasta convertirse en un organismo consolidado. Haber contribuido a su creación demuestra que de los conflictos también pueden surgir proyectos transformadores. Hoy sigo integrándola como bailarín y siento orgullo de formar parte de una institución que amplió las posibilidades de desarrollo para muchos artistas argentinos. Hasta hace unos meses con la Compañía integramos “La revista del Cervantes”, que obtuvo decenas de premios y en la actualidad nos estamos presentamos en el Palacio Libertad y en gira por diferentes teatros del interior del país.