Arsénico (CEDOC)
El veneno invisible en el agua que beben 17 millones de argentinos
Estudios del ITBA y la Universidad Nacional de Rosario alertan que uno de cada tres habitantes del país consume agua con niveles de arsénico por encima de los límites recomendados por la OMS.
El agua sale por la canilla, tiene el color esperado, no tiene olor, y nadie sospecha nada. Pero en decenas de municipios argentinos, esa misma agua transporta un contaminante de origen natural que la ciencia clasifica entre las diez sustancias más preocupantes para la salud pública mundial: el arsénico. No se ve, no se huele, no se siente. Sus efectos aparecen años después, cuando el daño ya está hecho.
Dos investigaciones recientes volvieron a instalar el tema con datos concretos. El Programa de Medio Ambiente y Salud de la Universidad Nacional de Rosario analizó la situación del agua potable afectada por arsénico en Argentina y estimó que más de 17 millones de personas —equivalente a uno de cada tres argentinos— están expuestas al consumo de agua contaminada con este metaloide por encima de los niveles establecidos por la Organización Mundial de la Salud. El trabajo, publicado en la revista Water and Health, revisó 569 publicaciones científicas y seleccionó 61 estudios de 12 provincias que cumplían criterios metodológicos estrictos.
Por su parte, el Instituto Tecnológico de Buenos Aires realizó un relevamiento nacional basado en más de 350 muestras de agua e identificó a la provincia de Buenos Aires como uno de los territorios más comprometidos: 66 municipios bonaerenses se ubican en franja amarilla o roja, con 41 cabeceras partidarias afectadas, de las cuales 14 se encuentran mayoritariamente en zona de riesgo alto.
Entre los municipios bonaerenses más afectados se encuentran Tres Arroyos, Balcarce, Junín, Mar de Ajó, Lobos, Navarro, Suipacha, General Las Heras, San Vicente, Cañuelas, Necochea, Mar del Plata, Coronel Suárez, Pehuajó, Olavarría, Azul, Tandil, Ayacucho, 25 de Mayo, La Plata, San Nicolás, Arrecifes y Zárate, entre otros. La lista es extensa y abarca tanto el interior productivo como localidades del Conurbano y la costa atlántica.
El problema geológico que el Estado no resuelve
El arsénico presente en el agua subterránea argentina tiene, en la mayoría de los casos, origen natural: proviene de la composición geológica de los acuíferos, resultado de millones de años de sedimentación. Eso no lo hace menos peligroso, pero sí explica por qué el problema persiste con independencia del nivel de desarrollo de las comunidades afectadas. El Dr. Alfredo Gallego, bioquímico y especialista en ciencias químicas y medio ambiente, advirtió que "la exposición al arsénico afecta a cerca de dos tercios de la población" y señaló que el nitrato constituye otro problema grave, con hasta el 30% del agua envasada presentando niveles superiores a los límites establecidos.
La OMS fijó en 10 microgramos por litro el límite máximo recomendado para el consumo humano. Argentina adoptó ese mismo parámetro en su normativa, pero la brecha entre la norma y la realidad del agua que llega a millones de hogares sigue siendo amplia, especialmente en localidades que dependen de fuentes subterráneas.
El HACRE: la enfermedad que nadie diagnostica a tiempo
El Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico (HACRE) es una enfermedad causada por la ingesta prolongada de agua con arsénico en concentraciones superiores a las recomendadas. Se manifiesta con lesiones en la piel, problemas respiratorios persistentes y, en casos graves, con el desarrollo de distintos tipos de cáncer. Lo que la hace especialmente difícil de combatir es su carácter silencioso: los síntomas suelen aparecer después de varios años de consumo continuo, lo que lleva a que las consultas médicas se realicen cuando el cuadro ya se encuentra en un estado avanzado.
La ingesta sostenida de agua contaminada con arsénico puede generar cáncer de pulmón, cáncer de laringe, tos crónica o persistente y fibrosis pulmonar. A eso se suman malformaciones congénitas y enfermedades cardiovasculares documentadas en poblaciones con exposición prolongada. El perfil de la víctima típica es el de alguien que nunca supo que estaba en riesgo.
Qué hacer: información y filtración certificada
El primer paso es saber. El ITBA desarrolló un mapa nacional de monitoreo de arsénico que permite consultar los niveles estimados en distintas ciudades y barrios del país, disponible en forma gratuita. Hidrolit, empresa argentina con certificación Empresa B, desarrolló una plataforma similar en hidrolit.com.ar/mapa-del-agua-argentina/, donde los usuarios pueden verificar si su localidad se encuentra en zona de riesgo y acceder a información sobre alternativas de tratamiento.
El segundo paso es actuar. Entre las soluciones disponibles para el ámbito doméstico, los sistemas de filtración con nanotecnología representan hoy una de las opciones más accesibles y eficaces: permiten remover arsénico, cloro, sedimentos y otros contaminantes sin eliminar minerales esenciales del agua. Los equipos de Hidrolit, por ejemplo, se instalan en aproximadamente cinco minutos, tienen mayor vida útil que los filtros convencionales y representan un ahorro considerable frente al consumo sostenido de agua embotellada, cuya calidad —como señaló el Dr. Gallego— tampoco está garantizada.
La magnitud del problema excede lo que cualquier solución individual puede resolver: requiere inversión pública, infraestructura y políticas de largo plazo. Pero mientras esas respuestas estructurales llegan, conocer la calidad del agua que se consume y contar con un sistema de filtración certificado es la diferencia entre exposición y prevención. En materia de arsénico, lo que no se sabe no deja de hacer daño.
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