Ana Arzoumanian (Nestor Grassi)
Ana Arzoumanian: “Estamos inmersos en una ficción constante”
Lanzó “Una revolución sin revolucionarios” y recibió el Premio Perfil 2025 al Mejor Aporte al Pensamiento Crítico Internacional.
Ana Arzoumanian dice que escribe para entender y encontrarse con el mundo. Aunque en la escritura busca respuestas, siempre terminan abriéndose nuevas preguntas. Paradójicamente, no supo hablar castellano hasta después de sus 5 años. Nació en Buenos Aires, pero creció sintiéndose extranjera y de paso. Su identidad se forjó como descendiente de armenios que esperaban liberar a su patria para volver. Pero eso nunca terminó de pasar y ella tuvo que inventarse un territorio propio. Lo encontró en la palabra, en la escritura. Se recibió de abogada, es psicoanalista, poeta, escritora y ensayista. “Una revolución sin revolucionarios” (Leviatán) es su último libro, un ensayo que indaga en el fondo revuelto de la cultura cibernética que viene redefiniendo a la humanidad misma, una humanidad hasta acá fundada en la escritura que pasa a ser modelada por algoritmos.
Noticias: ¿Por qué “Una revolución sin revolucionarios”?
Ana Arzoumanian: Porque en otros tiempos cuando hablábamos de revolución, la entendíamos como un momento donde aparecían esos sujetos revolucionarios en la calle matando, aterrorizando, generando un cambio a través de un hecho violento. Ahora estamos en el campo de una revolución digital o cibernética, es un cambio que se está dando también a través de un hecho violento, pero lo que no hay son esos sujetos que se llamaban revolucionarios. O quizás sí están, pero detrás, trabajando en las múltiples empresas tecnológicas. El hecho es que hay muertes y hay cambios y hay una estructura completamente nueva.
Noticias: ¿Cuál fue el aprendizaje más fundante de su investigación?
Arzoumanian: Lo imparable del proceso, esto es algo que no se puede frenar, que cambia las estructuras de raíz. Lo comparé con otras revoluciones, me fui a la Revolución Francesa o la Revolución Industrial. Imaginé qué le pasaba a la gente: a esos campesinos que tuvieron que trasladar su fuerza de trabajo, a la burguesía como clase social nueva y todo lo que implicó en cuanto a angustia, calidad de vida, afectos y formas de narrar el mundo. Entendí que en la historia estas cosas suceden, que no tiene sentido intentar frenarlo, que es mejor analizarlo y tratar de hacer algo con esto. Tenemos que ser vulnerables, frágiles y, a la vez, fuertes para poder entrar en la dinámica que se nos propone.
Noticias: Decía recién que, como en toda revolución, hay violencia y también hay muertes. ¿Cuáles son esas muertes?
Arzoumanian: Son las muertes físicas en las distintas guerras, que algunas son híbridas, porque antes había un ejército luchando contra otro ejército mientras que ahora es un ejército bombardeando una población civil. Pero hay también otras formas de muerte que son las de sujetos que tienen que claudicar su identidad, me refiero a los desplazados. También a aquellos que viven en sus ciudades, pero que muere una parte de su forma de vida, estoy pensando en ciertos trabajadores.
Noticias: ¿El concepto de lo real también murió?
Arzoumanian: Sí, en otras épocas la realidad estaba presente, se actualizaba. Armar una ficción era un deseo de imaginación, de narración. Porque la realidad estaba muy presente. Ahora se dio completamente vuelta y estamos inmersos en una ficción constante y lo que deseamos no es la ficción sino que hay un deseo de realidad. Y esto es bien problemático. Porque el deseo de realidad es fuerte y no sabemos dónde buscarlo o quién lo va a ofrecer, y los políticos de algún modo saben manejar eso muy bien y nos dan realidad: la realidad son las guerras, no poder comer, no tener trabajo, toda esa dimensión catastrófica que se presenta como la realidad plausible, tocable.
Noticias: Dice que la democracia se transformó en prótesis y habla de que estamos abandonando la categoría de ciudadanos. ¿Qué somos si no somos ciudadanos?
Arzoumanian: Primero, somos consumidores y prosumidores, porque no solamente consumimos, sino que también producimos consumo y lo producimos sin darnos cuenta, estamos en la máquina que produce consumo, y esa máquina son las redes sociales.
Noticias: ¿Los algoritmos terminan sabiendo mucho más de nosotros que nosotros mismos?
Arzoumanian: Totalmente. Y entonces predicen nuestro deseo y hay una predictibilidad del deseo y también del crimen, del delito. Está todo ya calculado. Hasta la escritura, por ejemplo, el chat trabaja con algoritmos que predicen nuestra forma de escribir, nuestra forma de entender la escritura, y así todo. La democracia está basada en las palabras, en el parlamento, un lugar del hablar, donde las palabras tienen un valor que corresponden a la realidad, que no son una ficción. En un mundo en que la imagen está por sobre la palabra, ese parlamento termina siendo una escenificación, una escena espectacular, o sea, una escena del espectáculo de la voz, entonces no construye democracia.
Noticias: Trabaja mucho sobre la memoria y el legado. En esta coyuntura donde la fugacidad parece absoluta, ¿qué lugar queda para la memoria?
Arzoumanian: Esto me conmueve mucho porque hice una especie de experimento con imágenes mías de la identidad armenia anexadas a unos videos de mujeres caucásicas creados por inteligencia artificial. Fue sorprendente ver eso. La memoria ahora puede dejar huella a partir de imágenes sintéticas. Así como nosotros somos cyborg, porque estamos con todo estas cosas protésicas, la memoria también va a estar construyéndose a partir de prótesis y va a ser una memoria cyborg.
En su caso, la transmisión de la historia comunitaria dolorosa estuvo muy presente, fue “sentir lo astillado en lo cotidiano”. Dice que mujeres como su abuela, que venían de experimentar en carne propia el genocidio armenio, tuvieron que hacer de la memoria también un cuidado. “Para contar y transmitir ciertas cosas, debieron filtrar y hacer ciertas negociaciones narrativas. Porque la memoria no es solamente relatar lo que pasó, sino que también es cuidar qué y cómo se relata porque lo que está en juego es el odio. Una cosa es transmitir una reivindicación desde el resentimiento y otra hacerlo desde el amor, arrullar y no dejar al otro sin los elementos nutricios que tienen que ver con el amor”.
De pequeña, si en un baile sonaba música turca, su familia se iba del lugar: lo turco era el enemigo. Pero luego se casó con un hombre de una familia armenia que había nacido en Turquía. Como ellos hablaban turco, Ana terminó aprendiendo esa lengua.
Noticias: ¿Usted también tuvo que hacer su tamizaje?
Arzoumanian: Sí, y dejar los himnos en un espacio más pintoresco si se quiere, dejar las banderas para poder entender más esta cuestión, para entrar al sentimiento, a la emoción, para llegar a la compasión. Es un aprendizaje de que también “el enemigo” es una construcción.
Noticias: La compasión es conectar con el otro como ser humano, más allá de sus creencias. ¿Hoy estamos cada vez más atomizados?
Arzoumanian: Sí, desde la Ilustración y la modernidad tuvimos una formación basada en la idea del individuo, el sujeto de derecho, responsable de sus acciones, un yo fuerte que hace lo que desea y lo que necesita y un yo que ordena. Y en realidad no hay tal. Lo vemos en biología: estamos hechos de microbios, nosotros somos un bicho grande con bichos chiquitos y con eso vamos conviviendo y la idea es la relación, convivir, porque en definitiva somos eso, no hay tal cosa como un individuo. Creo que es una responsabilidad que tenemos las personas que trabajamos con la palabra: decirles a los otros lo que estamos pensando, lo que estamos sintiendo del mundo y para eso tenemos que dejarnos atravesar por lo que el mundo ofrece y entregárselo al otro, como hablábamos sobre la memoria, de manera cuidada.
Noticias: En este contexto tecnológico, ¿cuál es hoy la marca de lo humano?
Arzoumanian: Durante siglos creímos que lo humano estaba en el lenguaje. Pero hoy las máquinas también pueden producir palabras. Entonces aparece la pregunta: ¿dónde queda lo humano? Tal vez en las emociones, en la capacidad de sentir. La gran incógnita es si algún día podrán existir sentimientos sintéticos.
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