Santiago Caputo y Martin Menem. (Cedoc.)

Caputo Vs. Menem: enemigos íntimos

La interna que tiene en vilo al Gobierno explotó en redes sociales y ya nadie puede ocultarla. El Presidente se vio obligado a dar explicaciones. Las enseñanzas de Maquiavelo.

En el mileísmo conviven dos estilos. De un lado, la estrategia apalancada en el estudio de la opinión pública, con un fuerte despliegue en el ecosistema digital que responde a Santiago Caputo, el asesor presidencial. Del otro, la estructura territorial y partidaria que conduce Karina Milei, secretaria general de la Presidencia, con Martín Menem como cara visible en Diputados. Esa convivencia sostiene al Gobierno pero, al mismo tiempo, lo tensiona. El último fin de semana esos tironeos dejaron de ser secretos y estallaron en la red social X.

La mecha tiene nombre: @PeriodistaRufus. Un perfil anónimo que durante meses acumuló críticas contra casi todos los sectores sensibles del Gobierno. Disparaba contra Patricia Bullrich, contra el ministro de Economía Luis Caputo y contra Santiago Caputo. Combinaba operación política y catarsis: anticipó la caída de una sesión en Diputados y la designación del ministro de Justicia Juan Bautista Mahiques, datos que sugerían acceso a la mesa chica. Un error técnico lo dejó expuesto. Al compartir desde Instagram un enlace, la red social genera un link único que revela la cuenta que lo compartió. Al hacer click se mostraba que el enlace había sido compartido por un perfil verificado: @martinmenemok, la cuenta oficial de Martín Menem.

Santiago Caputo, acostumbrado a conversar en X con cuentas anónimas, decidió encender la mecha desde su cuenta oficial @slcaputo: escribió "qué gagá" y reprodujo un posteo de @PeriodistaRufus que cuestionaba a Flybondi, la aerolínea de Leonardo Scatturice, amigo del asesor. La imagen adjunta mostraba el rastro hacia el perfil de Menem. La cuenta @PeriodistaRufus desapareció esa misma tarde y Caputo aceleró: "Borrar la cuenta lo único que confirma es que es de ustedes, mogólicos".

Al día siguiente Martín Menem mandó un mensaje por WhatsApp al bloque de diputados de La Libertad Avanza y a integrantes del Gabinete. Atribuyó el episodio a un "error involuntario" de quien administra su Instagram y, después, a "una canallada de algún mala leche". No convenció a nadie. Tuiteros libertarios comenzaron a bucear en algunos tuits rescatados y encontraron uno que tenía un mensaje cifrado: "JBM", una semana antes de que Juan Bautista Mahíques asumiera en Justicia. Una prueba de que la cuenta manejaba información reservada.

El presidente Milei intentó cerrar el tema con una versión conciliadora. "Es algo que le han plantado a Martín Menem. Está prefabricado", dijo en Neura, y en la misma frase definió a Caputo como "un hermano". El gesto salomónico le abrió un frente inesperado: la rebelión de su propia tropa. Daniel Parisini, el Gordo Dan, contradijo al Presidente sin matices: "Estoy convencido de que la cuenta pertenecía a Martín Menem. No tengo dudas. Le mintieron al Presidente". Lilia Lemoine ofició de vocera de la defensa de Menem con un argumento sacado de la cultura pop japonesa: un viejo posteo irónico de Rufus se declaraba enamorado de ella y soñaba con ser su "Gojo Satoru", personaje del animé Jujutsu Kaisen. "Si yo, que soy otaku, tuve que googlear quién era, ¿ustedes creen que Menem sabe lo que es Jujutsu Kaisen? Con eso solo sé que la cuenta no es de él", sentenció sin sonrojarse.

Martín Menem habló del tema en Radio Mitre. "Es una falsedad absoluta", dijo y hasta se refirió al clima general del Gobierno respecto de la interna con Santiago Caputo. "En cualquier organización, gobierno o equipo de fútbol siempre surgen diferencias. Cualquier situación se resuelve en el vestuario, adentro, cerrado. A cielo abierto, nada", dijo y hasta le mandó un mensaje al Gordo Dan: "No hay que subestimar al Presidente", en relación al comentario del influencer. La tregua todavía no se ve en el horizonte. El cara a cara entre Caputo y Menem quedó fijado para la reunión de la mesa política del martes 26 de mayo, que Menem prometió afrontar "con absoluta normalidad".

Internas. Nicolás Maquiavelo no habría visto en la guerra de X una novedad, sino la enésima repetición de una ley antigua: el poder, cuando se concentra alrededor de un príncipe, fabrica facciones que compiten por su oído. La corte de Milei tiene dos —la digital y la territorial— y la pregunta de fondo es la que Maquiavelo dejó planteada en El Príncipe: cómo conoce un gobernante la calidad de quienes lo rodean.

Maquiavelo advertía que las cortes se llenan de voces que dicen al príncipe lo que quiere oír, y que el único antídoto es rodearse de hombres capaces de decir la verdad sin que ello degenere en falta de respeto. La pelea es, en clave libertaria, exactamente esa discusión: la tropa del Gordo Dan le grita al Presidente que "le mintieron", que la mentira "lo corroe desde adentro". Sea cierto o no el origen de la cuenta, lo que Maquiavelo subrayaría es el síntoma: una corte donde nadie sabe ya quién informa y quién opera, y donde la información reservada circula por seudónimos. Un príncipe que no controla qué verdad le llega es un príncipe que gobierna a ciegas.

En el capítulo XXI, Maquiavelo es categórico contra la neutralidad: el gobernante que no se decide, que pretende contentar a las dos partes para no perder a ninguna, suele terminar despreciado por ambas y a merced del que gane. La irresolución, para Maquiavelo, no es prudencia sino debilidad disfrazada. Cuando Milei define a Caputo como "un hermano" y al mismo tiempo defiende a Menem diciendo que le "plantaron" la cuenta, ejecuta el gesto salomónico que Maquiavelo desaconsejaba. Y la rebelión inmediata de su propia tropa —contradiciéndolo en público— es la confirmación del diagnóstico. Quien no elige bando descubre que los bandos dejan de obedecerle.

Hay, sin embargo, una lectura menos pesimista, y también es de Maquiavelo. En los Discursos sobre la primera década de Tito Livio admite que la tensión entre facciones, si el príncipe sabe equilibrarla, puede ser fuente de vigor antes que de ruina: el conflicto interno mantiene a cada parte vigilante y dependiente del centro. Divide y reinarás no es solo una astucia para someter enemigos; es también un método para que ningún ministro se vuelva imprescindible.

Caputo tiene una ventaja por sobre Menem y es que él está en contacto directo con Javier Milei, mientras que Menem está intermediado por Karina. Esto es un dato relevante, a la luz de cómo sucedieron los hechos. Porque Santiago Caputo, a pesar de sus derrotas políticas dentro del Gobierno, nunca fustigó en público a la hermana del Presidente, siendo que ella es la jefa política de los primos Menem.

Martín Menem, pareciera, que ni siquiera puede nombrar a Santiago Caputo. En un reportaje reciente con el periodista Iván Schagrodsky, éste le preguntó cómo estaba funcionando el triángulo de hierro. Menem cerró los ojos como si estuviera haciendo memoria y dijo: "¿El triángulo de hierro?… El histórico, Karina, Javier… mirá yo estoy un escalón más abajo, yo me ocupo de la Cámara de Diputados". La respuesta es reveladora por dos cuestiones: cuando enumera a los integrantes del triángulo de hierro pone primero a Karina Milei y luego al Presidente y por otro lado, omite el nombre de Santiago Caputo. El momento se puede ver en el minuto 52 del reportaje.

Santiago Caputo también tiene una fijación contra los Menem. En la edición anterior de esta revista, se publicó que el asesor tenía una cuenta anónima en X llamada @Somebody1473769, donde criticaba a los primos Menem. Sin mencionarlos directamente, los alude como "los turcos". A uno de ellos lo llama "El limitado de Turquía" y todo indicaría que se trataría de Martín Menem. Hasta arriesga que el propio Milei lo llama así.

En un mensaje de diciembre de 2025, escribió: "La obsesión que tiene 'El Limitado de Turquía' sólo puede explicarse por cuestiones de índole sexual reprimida o por décadas de consumos postergados".

El trasfondo de esta historia excede al episodio del usuario @PeriodistaRufus. La pelea por la hegemonía digital del espacio viene de larga data: el sector de los Menem contrató consultoras y armó grupos de influencers para disputarle a Caputo el control de la conversación libertaria. El asesor viene construyendo desde la campaña del 2023 una tropa propia, devota y agresiva, que opera como guardia pretoriana del relato presidencial. Fueron ellos los que salieron a buscar todo el archivo de los tuits de @PeriodistaRufus para luego exponer en redes todas las críticas que se hacían al Gobierno desde esa cuenta.

El archivo es una radiografía del malestar interno. La cuenta repartía agravios contra dirigentes de la propia fuerza por su postura y hasta por su fisonomía, con un tono que mezclaba misoginia y violencia verbal. Apuntó contra la vicepresidenta Victoria Villarruel, contra la diputada Vanina Biasi y contra las ministras Bullrich y Pettovello. Reservaba elogios para Karina Milei y ponderaba su capacidad de armado. Ahí está la clave de la reacción de los caputistas: leyeron en Rufus un fuego amigo, un dirigente del círculo íntimo del poder disparando desde el anonimato contra su propio Gobierno.

La frase de Milei "es un hermano", sobre Caputo o "se lo plantaron a Menem" se leyó como la neutralidad del príncipe que no quiere perder a ninguna de sus dos familias. Pero hay otra lectura, menos inocente. Santiago Caputo no disparó desde el anonimato: prendió la mecha desde su cuenta oficial, con nombre y apellido, exponiendo a la cara visible de la estructura que conduce Karina Milei. Un movimiento de esa magnitud, contra el riñón político de la hermana del Presidente, no se hace en un rapto de enojo. Caputo solo podría hacer una cosa así si está avalado por Milei. ¿Estuvo avalado por Milei? ¿O Caputo leyó que había espacio para atacar sin recibir reprimenda? En cualquier escenario, salió ganador.

En esta Nota