Luis Caputo (CEDOC)

Luis Caputo y su mañana de furia: adelanto de la tapa de NOTICIAS

El ministro está perdiendo la paciencia con los hermanos Milei. Las quejas para el karinismo y la danza de culpables de que la economía no arranque.

¿Cuánto pesan los vínculos personales en el andar de un Gobierno? ¿Cuánto pueden afectar los cortocircuitos entre dos personas al desarrollo de un plan económico?

Son interrogantes que podrían aplicarse a cualquier momento de la historia, especialmente la local, y que exceden por mucho a esta nota, pero hay algo que es cierto: en un momento del lunes 5 Luis Caputo se cansó. Y, aunque las variables macroeconómicas y políticas pesan en ese hastío que viene masticando el ministro, la gota que rebasó el vaso no fue el aumento del riesgo país, la subida de la inflación o la falta de los acuerdos con la oposición amigable que viene reclamando cada vez con más insistencia. Lo que hartó a “Toto”, en cambio, fue algo mucho más mundano, que si no fuera porque la soga de la paciencia está fina sería un hecho completamente anecdótico. Pero cuando las relaciones empiezan a crujir cualquier ola puede desencadenar un tsunami. Y este fue el caso.

El día anterior Javier Milei había invitado a Alberto Ades a la Quinta de Olivos. El economista, financista con renombre en Nueva York —donde vive hace más de tres décadas—, estuvo largas horas de esa mañana hablando con el libertario. Esa podría haber sido una primera señal: “Toto” solo pisa la residencia presidencial muy cada tanto y para reuniones muy concretas. Sin embargo, ese no fue precisamente el problema.

Milei se entusiasmó tanto con la charla con Ades, que acaba de publicar un libro sobre cómo la revolución tecnológica está transformando tantos campos de la vida que se pregunta si incluso no hay una mutación antropológica en curso, que hizo algo inédito: sin pensar en los efectos que podía tener, ni hacer ningún rechequeo, le propuso de sopetón a su invitado sumarse a la reunión de Gabinete de la mañana entrante para exponer sobre ese y otros temas. Milei, que nunca estuvo muy cursado en el asunto de la sensibilidad humana, no sabía el tembladeral que iba a terminar desencadenando.

Caputo se enteró sobre la hora del convite, la primera vez en lo que va de la gestión que el mandatario suma a otro economista a una exposición en el Gabinete. A alguno le podría parecer que reaccionó acorde a las circunstancias y otro podría decir que fue exagerado, pero los hechos son claros: el Presidente invitó a un colega suyo a exponer ante sus pares. A los ojos de “Toto”, que todavía carga con los fantasmas de su paso anterior en la función en la que terminó con desbordes emocionales, se vio como una desautorización privada y pública. Y reaccionó de la manera que suele reaccionar la gente cuando está falta de paciencia y arrastra broncas e inseguridades.

Primero decidió ausentarse de la reunión, un seña que empezaba a crecer en los medios, envió a sus voceros a decirle a la prensa que en verdad era porque se sentía mal. Eso, se ve, no lo calmó, porque en el transcurso de la tarde decidió ir al streaming Carajo, para una entrevista que no estaba programada. El canal, que responde al estratega Santiago Caputo, comunicó la nota a las cinco de la tarde, apenas tres horas antes de que empiece el programa. El mensaje era claro: la presencia inesperada de alguien que, tal cual había comunicado su propio equipo, supuestamente estaba enfermo. El ruido estaba hecho. Son días de cortocircuitos entre el ministro y los Milei.

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