Aruba (Aruba)
Cuál es la isla del Caribe que se consolidó como favorita de los argentinos
Sus restaurantes ahora abren más tarde para recibir a los argentinos, que pesan incluso más que los europeos. Las claves del posicionamiento.
Durante años fue un destino exclusivo y minoritario en el radar de los viajeros argentinos. Hoy Aruba aparece entre las opciones fuertes del Caribe y la Argentina se convirtió en su principal mercado latinoamericano. "Aruba estaba de moda en la Argentina ya en 2025, pero en 2026 logramos consolidar un fuerte posicionamiento como resultado de un trabajo sostenido durante muchos años.", resume Jordan Schlipken, director de la Autoridad de Turismo de Aruba para Latinoamérica.
Los números acompañan. Según Schlipken, el flujo de argentinos creció un 145%. Datos de la Autoridad de Turismo citados por el sector indican que hasta mayo de 2026 unos 59 mil argentinos habían visitado la isla, casi el triple que en el mismo período de 2025. Solo en mayo llegaron 12.575, contra 3.979 un año antes. "Es más de lo que nosotros mismos esperábamos", admite el ejecutivo.
El peso del mercado argentino se volvió decisivo: hoy la mitad de los latinoamericanos que visitan Aruba son argentinos, cuando antes esa proporción rondaba el 15%. En 2025, la Argentina ya se había ubicado como el tercer mercado a nivel mundial, detrás de Estados Unidos y Colombia.
Treinta años de siembra
¿Por qué ahora? Para Schlipken, la explicación empieza mucho antes. "Llevamos 30 años invirtiendo en el mercado argentino, intentando enamorar a los argentinos para que nos visiten, y por fin lo logramos", afirma. Y pone el foco en la relación entre demanda y conectividad: "El crecimiento arranca por las aerolíneas, pero la aerolínea no arranca si no hay suficiente demanda. Si no hubiéramos invertido en crear los argumentos de por qué ir a Aruba, hoy no estaríamos donde estamos".
Ese trabajo se apoyó fuertemente en el canal profesional: cerca del 70% de los viajeros latinoamericanos llega a la isla a través de operadores o agencias, con un período de reserva que ronda los 90 días. Y el resultado, según el propio Schlipken, es un visitante fiel: el argentino elige Aruba, se queda más tiempo y vuelve. Y en el proceso la accesibilidad cambió de raíz. "Hace cinco años, llegar a Aruba desde la Argentina era vía Bogotá o Panamá. Hoy tenés Bogotá, Panamá, Lima, San Pablo y además vuelos directos", explica. Esa oferta abarató los pasajes, pero sobre todo redujo tiempos. Aerolíneas Argentinas, que debutó en la ruta en enero de 2026, programó vuelos diarios a la isla para la temporada de verano 2027 y usará Aruba como escala en su nueva ruta a Curazao.
Efecto argentino
El desembarco argentino ya modifica costumbres locales. "Antes ibas a cenar a las siete u ocho de la noche y ya todo se cerraba. Hoy los restaurantes están listos para atender a las nueve, pensando en el visitante argentino", cuenta Schlipken, que no lo ve como algo negativo: "Estamos adaptándonos para recibirlos mejor". También cambió la forma de viajar. El argentino que va en familia con chicos chicos sigue eligiendo el all inclusive para desconectarse, pero crece la hotelería con solo desayuno o sin desayuno. "Por fin convencimos al argentino de que Aruba es más allá del all inclusive, de que puede salir a explorar la isla", celebra.
La isla ofrece perfiles distintos según la playa. "Nadie lo dice, no hay ningún cartel, pero se siente. Eagle Beach es súper familiar y al atardecer súper romántica, Baby Beach es más para familias con chicos, y hay otras para hacer windsurf o deportes acuáticos", describe Schlipken. A las familias se suman parejas jóvenes, grupos de amigos y un público que busca naturaleza: el 23% del territorio es reserva natural y la Autoridad de Turismo ya habilitó unos 12 kilómetros de senderos para trekking.
El mensaje apunta a un turismo cuidadoso. "No queremos ser sostenibles porque es una tendencia. Como país estamos obligados a serlo por las futuras generaciones", sostiene. En esa línea, la isla lanzó un formulario digital llamado Mi Promesa, con el que el visitante se compromete a cuidar el destino, y que cada vez suma más adhesiones.
Turismo calificado
La estrategia tiene un límite físico claro. "No somos un destino de 90.000 habitaciones como otros del Caribe. Somos un destino de 14.000 habitaciones y no tenemos intención de seguir creciendo", explica. Por eso el objetivo de 2026 es reconfigurar la base de visitantes con una proporción saludable de argentinos, brasileños y estadounidenses, entre otros mercados.
"No se trata de crecer en volumen, sino de traer mejores visitantes", resume Schlipken. Y aclara qué significa "mejor": "No es solo lo económico. Es un viajero que viaja responsable, cuida Aruba, la disfruta y llega con intereses alineados con el destino". Este año empezaron a medirlo con encuestas en el aeropuerto. A nivel general, según el ejecutivo, el crecimiento en volumen ronda el 9%, acompañado por un 6% de suba en el gasto.
En el mapa de islas y playas de los argentinos, República Dominicana sigue siendo el líder indiscutido: recibió 442.088 argentinos en 2025 y 321.645 entre enero y julio de 2026. Detrás, el Caribe mexicano pierde impulso por el sargazo, la inseguridad y las experiencias migratorias, mientras Aruba y Curazao pasaron de ser alternativas a mercados con volumen propio. Curazao recibió 23.924 argentinos entre enero y julio, con una suba del 79%, lo que deja a Aruba claramente por delante entre los destinos emergentes. Los operadores ya la consideran un destino plenamente instalado, y en Despegar las búsquedas de Aruba crecieron un 293% de cara al segundo semestre.
Schlipken no cree que Aruba y Curazao compitan entre sí. "El que duda entre ir a Aruba o a Curazao ya está equivocado. Andá a uno, disfrutalo, y en otro momento conocé el otro. Son dos vecinos distintos, por la cultura y por la infraestructura", explica. Una lectura que resume el nuevo lugar de la isla en el mapa argentino: ya no como un Caribe alternativo, sino como una elección propia. Aruba ya tiene una identidad propia para el viajero argentino y el desafío hacia adelante no pasa por recibir más visitantes, sino por preservar la isla y profundizar un modelo de turismo responsable y de valor.
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