Opinión / 19 de julio de 2015

Francisco contra el mundo

El pensamiento del Papa debe más a los aportes de los padres de la Iglesia y a doctores medievales que a los textos sagrados del socialismo científico.

Por

Papa Francisco
BUENISTA. Esa es la ideología preferida por el Papa, que le suma millones de fans.

Cuando personajes como Fidel Castro, Nicolás Maduro, Yanis Varoufakis o nuestra Cristina despotrican contra “la dictadura del dinero”, en especial del debido a acreedores chupasangre, “el nuevo colonialismo” y la arrogancia insoportable de “las grandes potencias y las elites”, puede darse por descontado que lo que quieren hacer es atribuir a la perversidad ajena los desastres que ellos mismos han provocado. Es su forma de decirnos que el mundo no está a su altura, que si lo estuviera sus recetas funcionarían maravillosamente bien. A su modo, se asemejan a Alfonso X de Castilla, “el Sabio” que, en una ocasión, aseveró burlonamente que “si Dios me hubiera consultado sobre el sistema del universo, le habría dado una cuantas ideas”.
Pues bien, parecería que entre los convencidos de que el mundo que efectivamente existe deja bastante que desear y que por lo tanto hay que repudiarlo in toto está el Papa. Para extrañeza de muchos que suelen mofarse de los disparates autocompasivos proferidos por populistas en apuros, el santo hombre aprovechó su gira por tierras sudamericanas para sumar su voz al coro desaprobador. Exhortó a “los campesinos, los trabajadores, los pueblos” a tomar el poder, a desplazar a “los grandes dirigentes” que lo ejercen, para que no haya más “excluidos”.
¿El Papa está a favor de una revolución colectivista planetaria? Evo Morales habrá creído que sí, motivo por el que le regaló un crucifijo pegado a una hoz y un martillo, pero sucede que quien fuera Jorge Bergoglio antes de sentarse en el trono de San Pedro es un pacifista. Nada de violencia. El gran cambio que quiere impulsar tendría que ser resultado de una nada probable transformación espiritual.

La prédica contestataria del Papa tiene un claro sentido estratégico. Muerto el comunismo moscovita y convertido el pequinés en una variante de lo que los religiosos, seguidos por los progresistas laicos, llaman el “capitalismo salvaje”, la Iglesia Católica decidió que le convendría procurar erigirse en la vocera principal de los rezagados. Puesto que cada vez menos tomaban en serio sus hipótesis teológicas, en adelante se concentraría en denunciar las deficiencias materiales propias del mundo moderno en que, como no pudo ser de otra manera, hay miles de millones de personas que aún no se han visto beneficiadas por el progreso económico.
Si bien en algunas partes del mundo, sobre todo en Asia oriental, se ha logrado muchísimo en las décadas últimas, en otras sigue obstaculizando el cambio el conservadurismo populista cuyos partidarios dicen inspirarse en el “mensaje social” de una Iglesia que desde 1891, el año de la encíclica “rerum novarum” (de cosas nuevas) del papa León XIII, se opone con tenacidad al rumbo tomado por un mundo en el que a su entender hay demasiados liberales. En la actualidad, también plantea problemas muy graves la evolución vertiginosa de la tecnología que, si bien enriquece al conjunto, amplía la brecha preocupante que separa a una minoría acomodada de una multitud de personas capaces e inteligentes que no consiguen encontrar una “salida laboral” digna.
A Francisco le encanta la “opción por los pobres” que eligió el Vaticano no sólo porque en los comienzos, dos milenios atrás, el cristianismo se puso al lado de los “excluidos” sino también porque quiere que la institución que encabeza continúe desempeñando un papel influyente en el mundo a pesar de la pérdida de fe religiosa del grueso de los europeos. Al fustigar a las sociedades postcristianas por sus muchos defectos, reafirma su propia superioridad moral y aquella de la Iglesia.
En la competencia con las distintas facciones del progresismo laico, que para ganar adeptos han adoptado una estrategia similar, los clérigos cuentan con una ventaja clave. Les es dado criticar todo cuanto les parece deplorable, algo que hacen con vehemencia, pero no se sienten constreñidos a proponer medidas concretas.  Así, pues, mientras que a veces marxistas, socialistas y populistas tienen que arriesgarse gobernando, como han hecho con consecuencias a menudo calamitosas en docenas de países, sus rivales eclesiásticos pueden limitarse a hablar pestes del statu quo local, tratando a los dirigentes políticos y empresarios como delincuentes responsables de los males que se abaten sobre los distintos pueblos.
Francisco no es un marxista como dicen los malintencionados; según parece, su pensamiento debe más a los aportes de los padres de la Iglesia y ciertos doctores medievales que a los textos sagrados del socialismo científico. ¿Es un peronista? Por ser el peronismo una doctrina tan difusa que nunca ha sido mucho más que un “sentimiento”, sería natural que, cuando era Bergoglio, se dejara influir por una subcultura que, andando el tiempo, afectaría a casi todos sus compatriotas para que achacaran el fracaso socioeconómico realmente espectacular de un país a primera vista privilegiado a una especie de gran conspiración internacional. Por cierto, las arengas que pronunció el Sumo Pontífice en Ecuador, Bolivia y Paraguay motivaron el entusiasmo de los admiradores más devotos del general. Lo creen uno de los suyos.
Los compañeros no se equivocan por completo, pero la ideología preferida del Papa es la calificada de “buenismo” por españoles escépticos. Si una causa le parece simpática, la respalda con fervor untuoso sin inquietarse por las eventuales consecuencias. Dice que los europeos deberían abrir las puertas de par en par para que entren vaya a saber cuántos millones de sirios, iraquíes, afganos, libios, somalíes y otros que huyen de las convulsiones que están desgarrando sus países de origen y que, en muchos casos, de tener la oportunidad reeditarían en Europa, propuesta esta que, por razones comprensibles, levanta ampollas en muchas partes del Viejo Continente.
Asimismo, si bien en ocasiones da a entender que reconoce que en circunstancias extremas, las de “la tercera guerra mundial en cuotas” a la que alude con frecuencia creciente, una intervención militar podría resultar necesaria, la verdad es que espera desarmar a los genocidas del Estado Islámico dialogando con ellos para que permitan que sobreviva lo que todavía queda del cristianismo en el mundo mayormente musulmán. Por tratarse del líder máximo de la iglesia cristiana más poderosa, la defensa de sus correligionarios amenazados de muerte debería ser una prioridad absoluta, pero Francisco brinda la impresión de estar más interesado en temas como el cambio climático, a su entender otra barbaridad capitalista, y lo terriblemente malo que es el consumismo.
Los ofendidos por el pésimo gusto de tantos burgueses recién enriquecidos, para no hablar de plebeyos que por primera vez en su vida pueden comprar algunas chucherías materiales, con toda seguridad entienden la indignación que se apodera del Papa cuando piensa en “la cultura del descarte y consumismo” que domina las partes más prósperas del planeta, pero si muchos decidieron prescindir de bienes superfluos, los más perjudicados serían precisamente los pobres. Es merced al sin duda lamentable “materialismo consumista” de los países desarrollados que centenares de millones de familias en China, la India, África y América latina han podido salir de la miseria ancestral. La alternativa propuesta por Francisco, la de un regreso a una vida más sencilla, de contemplación sin lujos inútiles, podría ser viable en un mundo escasamente poblado, pero no lo sería en uno, como el actual, con más de siete mil millones de habitantes. El consumismo de quienes están en condiciones de gastar dinero es el motor que hace por lo menos concebible el fin de la pobreza extrema en las décadas próximas, pero al Papa le gustaría desmantelarlo por motivos espirituales y, aunque no lo dice, estéticos.

Por razones parecidas, afectaría principalmente a los más pobres un esfuerzo resuelto por combatir el cambio climático, como quisiera el Vaticano que hace poco abrazó la causa de los guerreros ecológicos. Según ellos, para salvar el planeta hay que reemplazar cuanto antes el carbón y petróleo por molinos de viento o paneles solares y reducir el impacto de la agricultura, ya que las vacas producen más gas tóxico que los autos y aviones, pero los chinos, indios y otros se resisten a colaborar con los ambientalistas occidentales. Sea como fuere, aun cuando el mundo entero hiciera lo que pide el Papa, no habría ninguna garantía de que sirviera para mucho. Para desconcierto de quienes prevén que el planeta seguirá calentándose hasta convertirse en una bola de fuego, algunos estudiosos de los ciclos solares nos advierten que dentro de poco se iniciará una pequeña “edad de hielo” similar a la de los siglos XVII y XVIII.
Es posible que la prédica “buenista” de Francisco le permita congraciarse con jóvenes tentados a “hacer lío”, pero sorprendería que sus opiniones políticas y sus recomendaciones socioeconómicas contundentes incidieran más en los asuntos mundiales que los intentos vanos de la Iglesia por modificar la conducta sexual de los fieles. Por feos que a muchos les parezcan “el mercado”, la globalización cultural y el “colonialismo ideológico” – sin incluir el ensayado por los católicos, claro está– , que lo acompaña, la invitación a regresar a épocas menos complicadas y supuestamente más “humanas” sólo atraerá a los más reaccionarios.

 

11 comentarios de “Francisco contra el mundo”

  1. Por Nelson Castro | El peso y la calidad institucional, con el mismo mal. Giro preelectoral.
    – – – – – – – – – –
    Well come Castro :
    eins, zwei, drei, vier
    auf dem Klavier
    sitzt eine Maus
    und du, Nelson, im Zweifel zwischen :
    go Bier no / go vier no ?

  2. La República Argentina, en su tormentosa existencia, ha pasado por muchas horas duras y
    sombrías. Ciegos arrebatamientos de las muchedumbres la han desorientado, y despotismos
    sanguinarios han clavado la garra en sus entrañas. Espíritus torvos, arrastrados por insano apetito
    de prepotencia, la han dilacerado y hechos jirones su bandera; y hubo día en que no quedara un
    palmo de su suelo sin surcos de sangre, ni una madre que no gimiera, pero, ni tampoco, señores,
    un brazo inerte, ni un espíritu indeciso, ni un corazón afeminado. Por el bien, o por el mal,
    convencidos o fanatizados, los hombres, delirantes de entusiasmo o de furor, luchaban,
    desalentados a veces, pero varoniles, y de esa actividad indomable y tumultuosa vivía la República,
    capaz de moderarse y corregirse.
    Mas no veo en la época afrentosa a que llegamos, ni en los que usurpan el derecho de una
    ambición de poder que los haga dignos de cotejo con Quiroga, ni en los desposeídos del derecho,
    energía para resistir que los haga dignos del nombre y de la gloria de sus padres. No. Veo bandas
    rapaces, movidas de codicia, la más vil de todas las pasiones, enseñorearse del país, dilapidar sus
    finanzas, pervertir su administración, chupar sus sustancias, pavonearse insolentemente en las
    más cínicas ostentaciones del fausto, comprarlo y venderlo todo, hasta comprarse y venderse unos
    a otros a la luz del día. Veo más. Veo un pueblo indolente y dormido que abdica sus derechos,
    olvida sus tradiciones, sus deberes y su porvenir, lo que debe a la honra de sus progenitores y al
    bien de la posteridad, a su estirpe, a su familia, a sí mismo y a Dios, y se atropella en las bolsas,
    pulula en los teatros, bulle en los paseos, en los regocijos y en los juegos, pero ha olvidado la
    senda del fin, y va a todas partes, menos donde van los pueblos animosos, cuyas instituciones
    amenazan desmoronarse carcomidas por la corrupción y los vicios. ¡La concupiscencia arriba, y la
    concupiscencia abajo! ¡Eso es la decadencia! ¡Eso es la muerte!
    Discurso en el frontón José Manuel de Estrada
    2
    ¡Bendita la adversidad que desacredita oligarquías corrompidas y corruptoras, y disipa los sueños
    enervantes de los pueblos! Y ya que la ruda experiencia ha descubierto el fango bajo los
    esplendores de la riqueza, y el corazón del argentino bajo el pecho del especulador visionario, al
    bendecir la adversidad, aprovechemos sus enseñanzas para limpiar y redimir la República.
    Queremos, ante todo, restaurar las instituciones políticas, recobrar nuestros derechos y abrir
    campo legítimo a nuestras controversias y nuestras luchas. En esta asamblea se expresa la razón
    y el sentimiento de la República entera en los momentos espantosos porque atraviesa; y tan
    grande unanimidad en la crisis, concierta para salvarla espíritus disidentes en graves y
    fundamentales cuestiones de gobierno. No importa. Logremos juntos el derecho de discutirlas y el
    poder de resolverlas. Ese derecho y ese poder son nuestros y nos han sido arrebatados en un
    salteamiento político sin igual en la historia y encaminando al salteamiento financiero que nos
    arruina, y ¡gracias a Dios! nos despierta para no volver a dormir. ¡Ciudadanos!, ¡si tenemos en las
    venas sangre ardiente de argentinos y merecemos vivir a la sombra de una bandera que no
    flameará sobre generaciones poltronas ni sepulcro de cobardes!

    1. YA CRISTO ANUNCIÓ QUE NO HABÍA VENIDO A TRAER LA PAZ SINO LA ESPADA . . . SU MENSAJE DIVIDE . . . NO ES UN MENSAJE PARA LOS CÓMODOS.

  3. El mito populista se aprovecha de la crítica al capitalismo. El populismo aprovechó de manera liviana y selectiva la crítica al capitalismo, incluida la que efectúa la Iglesia Católica. dice:

    La crisis griega reaviva aspectos del debate político y económico que signó los primeros años del siglo en Occidente.

    La controversia posee diversas y confusas resonancias.

    En primer lugar, arrecian las críticas al capitalismo, centradas en su funcionamiento económico y en las consecuencias socioculturales de su expansión.

    En segundo lugar, se revaloriza al populismo, en el que muchos proyectan la redención de las desgracias de esta época.

    En tercer lugar, la mayoría de los gobiernos, con suerte diversa, busca sanear las economías utilizando herramientas racionales, aunque objetadas.

    Estados, iglesias, políticos, empresarios e intelectuales son los actores descollantes de esta discusión. La población sigue la polémica al ritmo de la contracción o distensión de su bolsillo.

    La crítica al capitalismo enfatiza la desigualdad, el estancamiento, las crisis cíclicas y el déficit de empleo por el avance tecnológico.

    Los nuevos populismos latinoamericanos les resultó muy útil la polémica mundial sobre la desigualdad. Sin embargo, el proceso lo llevan a cabo bajo una radicalización política e ideológica ajena a ese debate.

    Se trata de la antigua mitología populista, rediviva: la oposición entre LA NACION y sus enemigos externos, el protagonismo excluyente del líder de masas, la psicología política persecutoria; la reunificación, en torno al significante “pueblo”, de una realidad previamente desgarrada por sus enemigos siempre amenazantes, suficientemente imprecisos como para poder acomodar allí aquello más oportuno en cada situación.

    El mito populista se aprovecha de la crítica al capitalismo.

    En la elaboración y reproducción de este relato, el populismo aprovechó de manera liviana y selectiva la crítica al capitalismo, incluida la que efectúa la Iglesia Católica.
    Por eso, debe distinguirse esa crítica del mito populista. Las reformas a la economía mundial requerirán tiempo, nuevos consensos y delicados equilibrios, distantes del discurso ampuloso de populistas como Chávez, Morales, Correa o los Kirchner.

    El duro presente de Grecia, con sus marchas y contramarchas, exhibe la complejidad del proceso en curso.

    No parecen ser la solución los populismos latinoamericanos. Para mejorar el reparto de bienes y la vida social, se requieren valores y condiciones que ellos han desechado: preocupación por la calidad de las instituciones, consumo sobrio, diálogo político y honestidad en el ejercicio del gobierno.

  4. Asi que James dice que la predica religiosa de Francisco solo atraera a los mas “reaccionarios”…y el como se califica??, el Papa es peronista y progre por eso solo aullan contra el los mandriles ultra (nacionalistas y neoliberales por igual)

  5. Y el mamerto de Kici, le hecha la culpa a Macri por la mini corrida cambiaria. Que gran valor , el candidato de la Viuda , aplaude aunque le pisen los huevos…..aunque vengan degollando. Soy terco e insisto en esperar que ; la …….diga en algunos de sus actos donde la va de guerrillera, : vamos a combatir con cadena perpeuta a los violadores de nuestras jovenes y a quienes golpeen y asesinen despiadadamente a los golpes para robarles a los jubilados, la misera jubilacion que perciben…..Se ha creado una monstruosa concentración de dominio, que anula el sistema republicano, haciendo desaparecer la división de los poderes. Régimen totalitario que intenta perturbar la mente y los sentimientos de los niños. Ademas compatriotas debemos reconocer que: si al nefasto no se le hubiere ocurrido enfrentar Clarin y / o La Nacion, inmaginense , en que pais estariamos…..Argentina de la fantasia. Amen de compartir y convivir con, los Destituyentes, Subversivos y Terroristas de los 70, como dueños de el , poder y Vamos por todo……….¡.El fuego esta encendido…..la leña arde !…

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