Opinión / 14 de septiembre de 2016

El celular, el profesor y la lucha del periodismo contra la no noticia

Un docente se enoja porque sus alumnos usan tecnología en clase. Por qué todos los que se indignaron terminan por darle la razón a los alumnos, aunque no quieran. Tecnología vs. hipocresía.

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Un  profesor de periodismo de Uruguay se cansa de que el mundo no entienda su visión de la vida y se enoja con un par de alumnos por no querer aprender. Y por un par me refiero a la totalidad de sus alumnos. El profe publica una carta en la que muestra un grave error periodístico: no sabe explicar bien el motivo. Que el Facebook, que el Whatsapp, que “el celular”, todo lo mezcla y se calienta porque los chicos no se apasionan por sucesos que él vivió como contemporáneo, pero que ocurrieron veinte años antes de que los botijas nacieran.  Por si fuera poco, tampoco le gusta que no hayan leído a Vargas Llosa. No podemos asegurarlo, pero supongamos que Vargas es su autor favorito.

Enojado, jura no volver a dar clases. Como última lección, les deja a sus alumnos la premisa de que son parias a quienes los más grandes nunca aceptarán porque no los entienden, y que lo mejor que se puede hacer cuando algo no resulta es apagar la consola para no perder.

Una persona X, a la otra orilla del Río de la Plata, lee la carta, probablemente se indigna por el uso de los celulares en clase, por el Whatsapp, por el Face y por la falta de respeto a Vargas Llosa, y convierte la carta del profesor uruguayo en nota. Cientos de miles comparten en sus muros de Facebook y en sus timelines de Twitter la noticia, otros la envían por Whatsapp y/o mail a todos sus contactos, preferentemente a sus hijos, para romper la rutina de la cadena de oración de la Virgen Desatanudos. Primer resultado visible: en una pelea que los alumnos del profesor yorugua no decidieron librar, ellos ganaron. Y por paliza. La carta en sí data de finales de 2015 y está publicada en varios portales de Uruguay.  O sea, un chasco, vieja, algo que cualquier editor se vería obligado a bajar del portal luego de advertir el error. Pero el error parece no haber sido advertido porque, también probablemente, la carta fue encontrada en el feis, en el tuister o llegó al guasáp de alguien. Si todos “boludearan” como el profesor indignado dice que hacían sus exalumnos, lo habrían notado.

Sin embargo, la nota funciona. 

En el caso del profesor abandónico oriental, nadie se dio cuenta de que pudieron compartir esa noticia nuevamente publicada como novedosa gracias a los botones de redes sociales. Segundo resultado –previsible– a la vista: si la compartieron es porque creen que las redes sociales y los celulares son una vía de comunicación normal.

Y lo es.

Si bien los números pueden variar de un portal de noticias a otro, las proporciones son similares: el 50% de las noticias se leen desde dispositivos móviles, número que puede llegar al 70% en el horario de la vuelta del trabajo al hogar. Y por dispositivos móviles nos referimos a los smartphones, esos artilugios que además de oficiar de teléfono son computadoras un millón de veces más potentes que la primera PC que usamos, que se encuentra conectado en tiempo real a toda la información disponible en el mundo, y que el responsable de formar a los futuros periodistas define como “el celu”. El caso de las redes sociales es aún más interesante, dado que las visitas directas –la gente que ingresa a la antigua, tipeando la dirección del portal en un navegador– no cesan su caída frente al avance de las visitas redireccionadas desde las redes sociales. La tendencia no sólo es irreversible sino que es inevitable y el que no lo quiere ver, se está revoleando por la ventana de un tren bala creyendo que todavía funciona a vapor.

En algún punto, la llegada del móvil televisivo “en vivo” puso nervioso a los cronistas del mismo modo que la radio hizo temblar a los diarios allá por la década de 1920. En la década de 1840, un empresario que se dedicaba a vender servicios de información bursátil decide rechazar la confiabilidad del ferrocarril y enviar su información a través de palomas mensajeras. ¿El motivo? Las aves eran más rápidas. En 1851, el mismo empresario adopta el sistema de telégrafo por ser aún más veloz que las palomas mensajeras y el ferrocarril. Probablemente, a los criadores de palomas no les cayó en gracia la noticia. El empresario se llamaba Paul Reuters y la empresa que fundó continúa siendo una de las agencias de noticias más importantes del mundo. Pero todavía hay quien cree que es más importante enseñar el formato que el contenido y el método periodístico.

¿Cómo pretender que los futuros periodistas se aparten de las herramientas con las que sus también potenciales futuros lectores consumen el producto de lo que están estudiando? ¿Acaso fracasaron los pibes que usan los celulares porque sienten que están estudiando cosas abstractas que nunca verán en la vida real –y tienen razón–, o el que fracasó es el profesor de periodismo que desea que el mundo deje de girar porque la nostalgia lo puede y pretende que los demás se adapten a su mundo ideal de linotipo e imprenta manual?

Entiendo lo fácil que es caer en la tentación de trazar paralelismos con cualquier otra carrera y soy consciente de que el déficit de atención de los alumnos es alarmante. Tan alarmante como la falta de autoridad de un docente para imponer el cumplimiento de reglas de convivencia sin que estas sean “debatibles y cuestionables” por cualquiera. Tan alarmante como saber que en buena parte del mundo moderno ni se discute el uso de dispositivos móviles en clase y en algunos estados de norteamérica son obligatorios desde la primaria.

No dejo de pensar que hoy el smartphone resulta más alcahuete, porque si el chico aburrido en clase se pusiera a dibujar como hacíamos antes, pasa desapercibido, como así también creo que si el alumno le falta el respeto al docente y éste no puede hacer nada, la culpa no es de la tecnología ni “de los tiempos que corren”. De todos modos, en el caso puntual de la carta del docente oriental, hablamos de un profesor de periodismo que enseña periodismo en una facultad de periodismo a estudiantes de periodismo que tienen la intención de ejercer periodismo.

No tuve el placer de leer que el profesor haya enseñado a los chicos los códigos para buscar una palabra clave en todos los medios de noticias gracias a un shortkey en Google. Tampoco sé si se preocupó por explicar cómo es que Twitter fue la vía de información que convirtió una protesta en Túnez en 2010 en una marea desestabilizadora en 18 países que hizo caer regímenes históricos, despelote del que todavía no logran frenar sus consecuencias en Siria. Su prioridad fue intentar que se emocionen con la película The Insider, la cual trata sobre un periodista de televisión, un medio que también viene en caída libre. Y el profe se enojó porque sus alumnos se aburrieron.

Al hablar del uso de smartphones tenemos que evitar caer en la imagen de falta de respeto. No es nuestra pareja chequeando el horóscopo en el restaurante durante una cita, o nuestro hijo jugando al Pokémon Go en la mesa del domingo mientras el abuelo cuenta una historia. Tampoco son estudiantes boludeando en una clase de toxicología en la facultad de medicina. Son alumnos de periodismo a los que se les está pidiendo que se saquen de encima un aparato que debería ser su medio de vida desde la misma facultad. Uno no se imagina a un estudiante de ingeniería mecánica sin posibilidad de tocar un motor. Bueno, los dispositivos móviles son los motores del periodismo ya no del mañana: está pasando ahora.

No sé bien cuál es la receta para que los pibes estén más atentos a lo que se les explica. Pero si nos preocupamos en enseñar la pasión por el periodismo en vez de la pasión por una cámara Super 8 o un tabloide, puede ser que formemos a profesionales que el día de mañana no sientan miedo a los cambios tecnológicos al punto de despreciarlos. Porque mientras los docentes no se adaptan, los portales se van nutriendo de dos vertientes de horrores: los periodistas que no tienen método y publican gravísimas acusaciones con la validez que le dan fuentes inexplicables y sin conexión alguna; o periodistas excelentemente formados que, por carecer de la educación en las nuevas tecnologías, pueden llegar a publicar como nueva una noticia de hace un año.

Pero bueno, todo es objeto de debate. El tema es no quedarnos encerrados en la nostalgia de que todo tiempo pasado fue mejor y que terminemos llorando el pasado como vieja en matiné.

Bonus track. Mientras tanto, el último libro de Vargas Llosa publicado en Argentina tuvo ventas inferiores a la cantidad de lecturas que tuvo la nota sobre el profesor ofendido. Aplicando la lógica más rudimentaria, se indignó más gente al saber sobre un profesor enojado porque sus alumnos no leen a Vargas Llosa, que la que leyó lo último de Vargas Llosa.  El dato fue chequeado a través de un celular. Tercer resultado visible: al que cree ser el dueño de la verdad revelada, la vida suele reírsele en la cara.

Por último: este texto fue íntegramente escrito, editado y publicado desde un smartphone, ese oscuro objeto del demonio.

 

Nicolás Lucca es Periodista de la revista NOTICIAS, profesor en la Universidad Abierta Interamericana y exeditor de Perfil.com. En Twitter es: @NicolasLucca

 

18 comentarios de “El celular, el profesor y la lucha del periodismo contra la no noticia”

  1. ero qué profesor más tonto!! No se daba cuenta de que los chicos estaban trabajando!
    Hay algo que se llama adecuación al contexto (un concepto importante dentro de la comunicación). Por ejemplo, si un profesor de literatura está dando clases y sus alumnos en lugar de escucharlo están leyendo libros, entonces debería dejarlos leer porque ese será su instrumento de trabajo? Acá la discusión no es sobre prohibir o no la tecnología o denostar o no las herramientas de trabajo. Se trata de adecuación al contexto. Y, por otro lado: un periodista que no mira, que no escucha, que está todo el día con su celular, atento al último tuit, pero, irónicamente, desatento a lo que está sucediendo a su alrededor… ¿sería buen periodista? No para mí.

  2. El smartphone es una herramienta poderosa y vino para quedarse. El profesor debería haberlo utilizado para interactuar con sus alumnos, es decir dándole tareas o ejercicios a través de este aparato y se terminó el problema. Al comenzar la clase los alumnos ya deberían tener sus tareas en un círculo cerrado de Facebook de su clase y comenzar a debatir desde allí. Lo que digo es una picardía antigua: poner al supuesto enemigo de tu lado.

  3. Permítanme compartir mi experiencia, tengo 50 soy docente y en algún momento la desazón me invadió de igual manera. La tendencia me mostraba que el destino de la sociedad en la que vivía era la incultura, me sentía transitando un camino que como destino final me mostraba estar rodeados de torpes, banales, y sin herramientas para sostener un debate cargado de contenido (un charla “gordita” me gusta decir) veía a los míos asolados por la delincuencia e impunidad, en una sociedad carente de los valores con los que me sentía a gusto.
    Creo que como docentes, por formación (o deformación) somos poco autocríticos, fuimos formados para tener la “autoridad” frente a un grupo de personas, nos dijeron que la misma estaba impuesta por la versatilidad verbal y la cantidad de contenidos que habíamos recibido y el mandato de evangelizar con los mismos. Fuimos insertados en un sistema que fué pensado en la inglaterra del siglo IXX y traída a sudamérica por Sarmiento. Esto es el marco en el que nos movemos y estamos cómodos.
    Los docentes son los responsables de formar ciudadanos de bien, socialmente aptos, cargados de valores como la tolerancia, el compromiso, la responsabilidad y cuanto calificativo mas le venga a la mente. Nuestra generación tuvo la ¿mala suerte? que la tecnología metió la cola y nuestro mandato se vió socavado por este ¡nuevo demonio! salido del útero de Apple, Google, Microsoft y Android. ¿Serán los cuatro jinetes remozados?.
    Estimado Leonardo, No hace falta que le diga que la forma en la que nos conectamos ha evolucionado, desde ver televisión hasta mandarnos Selfies que muestran que hacemos, que comemos, que nos ponemos, podemos mostrar “en vivo” que estamos haciendo pis y vamos a tener audiencia. También podemos contar que estamos en una clase como la que nosotros tomabamos en 1995 y nos aburrimos porque estamos 20 años en el futuro. Si personalizar ni hacerlo referente de la postura, me permito generalizar sabiendo que hay muchas excepciones, Los docentes debaten para tomar decisiones como si fuera una mesa de café, en donde la grandilocuencia es el pilar del respeto, y el pié del micrófono o mango del megáfono. La solución está al alcance de la mano, usar tecnología no es necesariamente crear un Power Point o pasar un video. La red es la mas inteligente del aula (No estoy hablando de dar clases por Whatsapp o usar FB) y nuestros futuros ciudadanos de bien estan pendientes de ella, Los invito a evolucionar, desaprendiendo. Espero sumar voluntades a esta idea. mis mas sinceros respetos y franco saludos desde Córdoba, Argentina.-

    1. Estoy de acuerdo profe pero la gente no sabe de límites y se escudan en sus razones de la tecnologia si eso no esta en discucion sino de como lo usamos ,es porque los padres no se los enseñamos ;si se perdieron muchos valores !que lástima a donde vamos a parar!!

    2. Estimado profesor, el número IXX no es un romano válido, y Android pertenece a Google, por lo que nombro solo tres “jinetes”.
      Saludos.

  4. Creo que en esta te equivocaste, Nicolás. Si accedés a estudios serios sobre los efectos del modus que impone el celular (o cualquier otro dispositivo del universo BYOD) sobre los patrones de aprendizaje HUMANOS (ni hablar de efectos sobre ansiedad) quizás no sacarías el -paradójicamente- trilladísimo argumento de que se “demoniza” la tecnología. Simplemente, en este caso la tecnología nos está pateando en contra. Y a los chicos, los está pulverizando.

  5. Esta nota es tan ridícula que llega a comparar las ventas de un libro con las lecturas de una nota online. La discusión acerca del uso de la tecnología está muy fuera del alcance del autor. Relleno puro

  6. un mundo rodeado de zombies gente que no saben que dia es hoy solo se centran en un pequeño aparato de 10 centimetros que los manipula, los envilece los entontan los enboba los lleva los trae los acapara y los destruye son aquellos que tienen la droga ya no metida en la venas o en sus pulmones es una droga que cada dia gana mas adeptos la droga del celular si lastimosamente a este aparato no le dan el uso debido de empaparse de tomar de nutrirse de conocimiento en todos los campos que existen del ingenieria de la filosofia de la medicina y muchas muchas mas solo viven regidos por el wassapp face instagran email de verdad que da preocupación que tantos sean tan poquitos ya aquello de conocimiento se quedo en el olvido se ha llegado al punto que ya la comunicación y el interactuar humanamente se ha acabado solo nos comunicamos nos sentimos por un bendito celular el esclavizador y los esclavizados del siglo 21

  7. Totalmente de acuerdo.
    El profesor solo masajea su ego pues ve que su espacio de poder se esfumo hace tiempo y el no lo noto.
    JEJE

  8. Excelente nota!
    Como suele decirse ahora, ha logrado “interpelarme” (no se si usé bien el término, pero espero que se entienda).
    Como sea, cuando pueda pelo mi libreta de almacenero (o lo imprimo), no sea cosa que se caiga el sistema.

  9. Es cierto gran parte de lo que dice Nicolás Lucca en su nota. Pero, a mi entender, parcializa la nota del prodesor, y sólo rescata aquellos aspectos que fundamentan su visión.
    El problema no es el uso de la tecnología – aunque es verdad que sirvió como disparador de la problemática que “hartó” al docente uruguayo.
    Lucca obvia algunos aspectos:
    Los estudiantes de periodismo no conocen el nombre del canciller de su país; no saben explicar elementalmente lo que sucede en Venezuela; en una clase de periodismo es más importante el video de un cachrro de león jugando; el problema no es Vargas Llosa – al cual la inmensa mayoría de los hispanoparlantes no ha leído – sino el ejemplo de la falta de lectura en general; ¿alguna idea sobre la política noretamericana? ninguna; y podría seguir enumerando.
    La tecnología ayuda – y mucho – a quienes intentan estar informados, o a quienes (como bien cita en el caso de Túnez – llevan adelante – o intetan llevar – cambios en sus países.
    El propio docente – más allá de “temporalidad” de la nota, y de su enorme repercusión en los medios y redes (se leyó más que a vargas Llosa, dice Lucca)- reconoce en su nota que tal vez él esté haciendo algo mal.
    Y es posible que la edad y la formación de algunos no acompañe la eolución de la tecnología y su uso. Y que en función de ese “no acompañamiento”, no s epueda adecuar a los cambios, se sienta derrotado, y tome decisiones al respecto.
    Me da la impresión – tal vez equivocada – que el uso de los medios digitales y redes sociales con sus tecnologías conexas, no es el problema, sino tan sólo un síntoma.
    Así como la fiebre no es la enfermedad la velocidad con que vanza el mundo, la multiplidad de información, la facilidad con que se puede acceder a distintas fuentes informativas, y la “necesidad” de estar informados de todo, hace que la profundización de los conocimientos adquiridos pierda terreno ante la “generalidad” de esos conocimientos.
    Acieta Lucca – a mi parecer – cuando dice que si los docentes no les tuvieran iedo a la tecnología y la supieran utilizar para transmitir la “pasión” por los temas a tratar, tal vez el resultado fuera otro.
    Y como también expresa “Pero bueno, todo es objeto de debate. El tema es no quedarnos encerrados en la nostalgia de que todo tiempo pasado fue mejor y que terminemos llorando el pasado como vieja en matiné”, todo es debatible, y en ese debate están presentes los “nuevos”, los “viejos”, y los que intentamos enconrarle la vuelta, aunque no lo consigamos.
    Y la carta del docete, más allá de que tenga casi un año de ser escrita, de haber sido escrita a través de un smatphone, y de que hata tomado repercusión a traves de los medios digiotales y las redes sociales,tiene el valos de poner el tema en discusión. Aunque no debería ser “el tema”, sino “los temas”, ya que hay más de uno en la carta escrita.
    Como “Bonus Track”, también podría decir que (sin contar con estadísticas, sólo con la intuición)que el libro de Vicky Xipolitakis, probablemente venda más que Juan Filloy, o Héctor Tizón. ¿Y eso que significaría? Nada… sólo estadísticas que servirían, tal vez, para elabraralguna teoría acerca de la lectura, el pensamiento, los intereses, y el marketing, de los libros editados.

    1. De acuerdo con tu visión en un 85 %. Creo que la falla fundamental está en el sistema educativo. Hay maestros/profesores que prueban usar la tecnología a su favor en vez de ponérseles en contra. Tal vez si los alumnos tuvieran que buscar los contenidos por sí mismos en vez de sentarse a escuchar lo que un profesor está programado para recitar, y el ejercicio de lo aprendido se diera en clase, las cosas serían diferentes. La tecnología es una herramienta, nada más. Acerca de la falta de lectura, coincido. Pero qué hacemos para que los chicos que aún no leen le tomen el amor por la lectura si no les leemos? A cuántos padres sus niños ven leyendo? Cuántos padres les leemos un cuento antes de dormir? Pretender que lean en la universidad sino traen el hábito de la niñez es bastante naîv.

  10. ¿¿que carajo tiene que ver el uso de los smartphones, buscadores y redes sociales para el trabajo del periodista con estar usando Facebook o whatsapp en medio de una clase de una facultad universitaria para algo que no tiene que ver con el desarrollo de la clase??
    Creo que el autor de la nota es muestra cabal del pésimo nivel del periodismo actual. Leí la carta del profesor y no tiene nada que ver con el tema central de ésta nota.

    1. La carta del profesor es demasiado lacrimógena y mezcla cosas diferentes. Pero esta nota está plagada de superficialidades, desde atribuir las primaveras árabas a…¡¡Twitter!!! (saquen la cuenta de cuántas de esas revoluciones triunfaron) hasta señalar una supuesta contradicción porque se compartió la nota del docente por las redes. El tema es entre otros la desatención en las aulas, no usar redes sociales o no.

      1. Payasesca e improvisada nota que trae de los pelos conceptos para intentar justificar actitudes poco dignas de un alumno universitario.
        Efectivamente, reflejo del pésimo nivel periodístico de uno que parece haber sido formado mirando el facebook y el wasap, en vez de atender a la clase, tal como los alumnos de Haberkorn.

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