Opinión, Política / 30 de abril de 2018

Chocobar, Chocoarroz y relato M

El marketing oficial propone mano dura y ajuste blando. Tragedia del pasado versus ficción futurista. Presente oculto. Peligro: Chocotorta.

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Un policía mata por la espalda a un ladrón. En Tribunales procesan al policía. En la Casa Rosada lo reciben, lo abrazan, lo felicitan. El Caso Chocobar le otorga buenos dividendos al Gobierno en las encuestas, sobre todo en los estratos bajos y medio-bajos de la sociedad. En los propios equipos oficiales de opinión pública sorprende una contradicción. Un amplio sector de los votantes de Mauricio Macri apoya el debate sobre el aborto libre y gratuito; otro sector considera que se trata de un asesinato: son los mismos que aplauden al suboficial Luis Chocobar. El Presidente piensa como estos últimos. Construir mayorías para lograr la reelección impone actuar como se piensa y, a la vez, como todo lo contrario.

El tarifazo pega fuerte, sobre todo en los sectores medios-medios de la sociedad. Allí está el grueso de los votantes macristas. La polémica se filtra en la interna de “Cambiemos” y la recalienta. Por la mini-grieta oficial (con los cargos del 2019 como telón de fondo) pasan cuestionamientos por el Caso Aranguren, el Caso Caputo, el Caso Dujovne, el Caso Triaca… El núcleo duro del macrismo responde a coro: ¡¿qué quieren, volver al pasado?!

La Argentina democrática no aprende. El pasado, siempre el pasado como arma. Menem nos amenazaba con Alfonsín. De la Rúa, con Menem. Duhalde, con De la Rúa y Menem. Los Kirchner, con De la Rúa, Menem, Duhalde, los militares… Macri nos amenaza con los K. Todo tiempo pasado fue peor, siempre. De mal en peor hemos ido.

Ahora se acabó. Seamos disciplinados y pacientes. Aportemos (como si nunca lo hubiésemos hecho), que con ajuste y orden fiscal salimos. Hemos puesto el cuidado de la disciplina de todos en manos de un indisciplinado ejemplar: el ministro Nicolás Dujovne fue un gran evasor hasta poco antes de ser designado entre abrazos y felicitaciones. Ahora sabemos, también, que el encargado de Hacienda gasta fortunas del Estado en jets privados, cenas dimiciliarias y hasta se da el gustito de ofrecer Chocoarroz con los cafecitos ministeriales. Es posible que, merced a nuestra clásica frivolidad hipócrita, pase más a la historia por esa golosina comprada a granel “con la plata de todos” (muletilla preferida del macrismo cuando era opositor) que por millones negreados al fisco.

Se dice que Dujovne, como otros altos funcionarios, dejó las holguras de la actividad privada por la sagrada misión de “hacer Patria” en la función pública. Ahorrémonos comentarios al respecto. Sólo recordemos las veces que chocamos con la misma piedra. Cuántas veces nos hicimos torta… Pero bueno: la Chocotorta se ha incorporado a las cartas de los restaurantes más cool. Parece que nos gusta, sin distinción de clases.

 

*JEFE de Redacción de NOTICIAS.