Menú
Música / 4 de abril de 2019

Paul McCartney: el Caballero de la Reina

El gran beatle. Paul McCartney brilló en el Campo de Polo con un cierre de fuegos artificiales y cantando “Hey Jude”. La gente coreaba dentro del predio y afuera, se paró el tránsito para cantar con el ídolo.

Por

Paul McCartney
Paul McCartney en el Campo Argentino de Polo. En su cuarta visita al país, hizo un concierto muy beatle. Fotos: Guido Adler/Gentileza .Tiff

* * * * * No hay nada más ingrato, ni más absurdo, y quizá hasta más inútil que ponerse a criticar o puntuar el concierto de un Beatle; y las cinco estrellas están puestas casi antes de ver el show. Sobre todo, si ese miembro de la legendaria banda de Liverpool es Paul McCartney, autor o corresponsable de muchas de las canciones más emblemáticas que ha dado la música popular del siglo XX.

Con la voz algo más gastada, con ciertas limitaciones en la intensidad del sonido que puso incómodos a unos cuantos en ciertos sectores del estadio (cuestiones con el vecindario que por ahora no encuentran buena solución), con un grupo bien profesional que ya ha había pasado por Argentina, con su elegancia inglesa y su cara infantil a prueba de almanaques, el viejo y querido Paul se dio otra vuelta por Buenos Aires para dar un concierto que solo dejó disconformes a quienes no pudieron escucharlo como se merecía.

La crónica tiene que decir que en un extensísimo recital de cerca de 40 títulos, le dedicó la mayor parte a sus lejanos tiempos, fundamentalmente a su banda Wings (“Letting Go”, “Junior’s Farm”, “Let me Roll it”, “Let ‘Em In”, “1985”, “Live and Let Die” y, naturalmente, “Band on the Road”, etc) y, como era obvio, a su inolvidable paso por The Beatles. Tuvo sus dedicatorias para Nancy Shevell, “mi bella esposa”, con “My Valentine” y para “mi querido John” con “Here Today”. Hizo escuchar “la primera canción que grabaron Los Beatles, “In Spite of All the Danger”, cuando aún eran The Quarrymen. Del nuevo disco, “”Egypt Station Out Now” hubo apenas unas pocas piezas que la gente aceptó respetuosamente. Fue generoso con sus compañeros del grupo, que tienen una formación clásica de banda pop. Tocó guitarras diversas, piano, mandolina y, por supuesto, su clásico bajo. Habló en castellano todo lo que pudo y mantuvo el buen humor, aún cuando la extensión del concierto podía haber hecho mella sobre su físico. Por el contrario, fue de menor a mayor, de la calma de un concierto de sala a cierta euforia rocanrrolera.

“All My Loving”, “From Me to You”, “Love Me Do”, “Blackbird”, “Lady Madonna”, “Eleanor Rigby”, “Being for the Benfit of Mr. Kite!”, “Back in the U.S.S.R.”, “Let it Be”, “Hey Jude”, “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, “Helter Skelter” y una cuantas otras fueron las canciones de la época Beatle que Paul eligió para esta gira (faltó “Yesterday”; todo no se puede). Frente a eso, en la voz de semejante protagonista, con la connotación histórica que tienen esas piezas, con valores estéticos que exceden el mero análisis musical o literario, sin duda la crítica pierde sustento. Mientras, el Caballero del Imperio Británico y Acompañante de Honor de la reina Isabel, sigue dándose el gusto ser un jovencito de Liverpool y hacer miles de kilómetros para divertirse tocando y cantando en este lejano lugar del mundo. Y hacer felices a unos cuantos que tienen con qué pagar su ticket.