Lunes 3 de octubre, 2022

MUNDO | 03-09-2012 01:01

Chile revuelto

Las protestas estudiantiles en el país vecino y los recuerdos del Mayo Francés. Sebastián Piñera y un pueblo que no ama a su presidente. Fotos.

“El país está paralizado. Creo que debo retirarme. No soporto más la efebocracia que se ha adueñado de las calles”. En esos términos, Charles de Gaulle le confesó su fatiga a un amigo, el general Jacques Massu. Se refería a la rebelión estudiantil liderada por Daniel Cohn-Bendit, que empezó en las universidades de Nanterre y La Sorbona, y terminó plagando París de barricadas y toda Francia de protestas obreras.

Sebastián Piñera no tiene la estatura histórica del general De Gaulle. Falta ver si los estudiantes que lo enfrentan consiguen acercar Chile a lo que fue el Mayo Francés del '68. De momento, no parece. Sobre todo porque los choques entre estudiantes y carabineros son, desde hace muchos años, una postal típica de Santiago.

No obstante, así como los jóvenes parisinos que propusieron llevar “la imaginación al poder” se adelantaron a la izquierda de Mitterrand y Mendes France en denunciar el conservadurismo gaullista en los claustros académicos, los estudiantes chilenos también se adelantaron a la dirigencia política, al reclamar en el sistema educativo cambios que generarían más equidad social.

Sucede que la educación implica una disyuntiva de hierro: o actúa como instrumento de asenso social, por ende genera igualdad; o reproduce la desigualdad ya existente en la sociedad.

Si con todo lo que progresó Chile en términos políticos, económicos y sociales desde que recuperó la democracia, el desequilibrio social sigue siendo una marca muy fuerte y visible es, en buena medida, porque el sistema educativo ha seguido reproduciendo inequidad en lugar de generar la igualdad de oportunidades que equilibra la sociedad.

Que reclamen gratuidad y excelencia educativa habla bien del movimiento estudiantil chileno. Sin embargo, el fervor de la embestida contra el gobierno tiene rasgos de desmesura. No parece haber una relación lógica entre el nivel de desgaste de Piñera y los errores y aspectos negativos de su gobierno. La opinión pública parece dispuesta a castigar al presidente más de lo que merece. Al fin de cuentas, hasta aquí ha realizado una gestión moderada, que continuó varias buenas políticas de sus antecesores centro-izquierdistas, en lugar de tirarlas por la borda en pos de una restauración conservadora.

La desmesura en el fervor del embate estudiantil contra Piñera está dada, entre otras cosas, por el hecho de que no ha sido este gobierno el creador del cuestionado sistema educativo. Y no se embistió de la misma manera contra los gobiernos de centro-izquierda, que poco hicieron para modificarlo.

De todos modos, en la formación terciaria y universitaria parece estar una de las cuentas pendientes de la democracia chilena. Y son los estudiantes, no la clase política, el sector que se lo está señalando a la clase dirigente.

El primer ministro de Educación que tuvo Piñera fue Joaquín Lavin, un exponente puro de la universidad privada, que integra el Opus Dei. Lavín comenzó eficazmente su gestión, restableciendo en tiempo récord las clases en los colegios afectados por el terremoto que inauguró la gestión Piñera, pero a renglón seguido lanzó una ola de despidos con sabor político en el Ministerio de Educación.

Su sucesor, Felipe Bulnes, impulsó la polémica idea de reemplazar en los libros de texto la palabra “dictadura” por un término menos rígido, “régimen”, para referirse al largo, autoritario y represivo poder de Pinochet, al que ningún maquillaje retórico puede ocultarle su carácter brutalmente dictatorial.

También Michelle Bachelet tuvo un problemático inició de gestión, al errar en la crucial redefinición de la política de transporte. Sin embargo, terminó gobernando la “cariñocracia” de la que habló la prensa, aludiendo a que los chilenos se habían “enamorado de su presidenta”.

Con más de la mitad de su mandato por delante, el millonario que ocupa el despacho principal de La Moneda aún tiene oportunidad de repetir en el gobierno el éxito que tuvo en la vida empresarial. La capacidad con que manejó empresas como LAN, se insinuó en la resolución de dificultades extremas, como fue el rescate de los mineros atrapados a setecientos metros de profundidad.

El principal problema de Sebastián Piñera no son los estudiantes que pelean contra los carabineros en las calles de Santiago, en lo que intenta ser una “efebocracia” como la que agotó a De Gaulle. Su principal problema es que, hasta ahora, ha estado remotamente lejos de la estatura de sus antecesores.

Parecía muy difícil superar la marca de excelencia gubernamental que había dejado Ricardo Lagos, no obstante, Bachelet la superó enamorando a más del 80% de los chilenos. Y la debilidad de Piñera tiene menos que ver con sus errores, que con la continuidad del enamoramiento.

Profesor y mentor en la carrera Ciencia Política de la Universidad Siglo 21.

por Claudio Fantini

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