MUNDO | 18-03-2019 18:47

27º Aniversario del atentado a la Embajada de Israel: poca justicia y mucha seguridad

Este año, la seguridad en el homenaje a las víctimas aumentó, en alerta por la detención de una pareja de iraníes que ingresaron al país con pasaportes falsos.

Esta tarde se recordó a las 22 víctimas mortales reconocidas y a los 242 heridos que dejó el ataque terrorista del 17 de marzo de 1992. La seguridad aumentó su presencia en el acto, en alerta por la detención de una pareja de iraníes que ingresaron al país con pasaportes falsos. Sucedió sin inconvenientes, rodeado por un centenar de efectivos policiales de la Policía de la Ciudad y fuerzas federales, equipados con camiones blindados, vallas y detectores de metales.

En el acto central fueron oradores el Ministro de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, Germán Garavano; el embajador de Israel en Argentina, Ilan Sztulman; y Alberto Romano, en representación de los familiares de las víctimas y sobrevivientes. Este año, la consigna fue "Y le contarás a tu hijo...", en homenaje a la memoria.

El acto comenzó con el sonido de una sirena para recordar el ataque. Y después de la lectura de los 22 nombres de las víctimas, fueron invitados el imán Marwan Gill, la rabina Sarina Vitas y el padre Carlos White a un rezo interreligioso por la paz entre los pueblos. Gill, representante del Islám, cantó y tradujo parte del Corán y afirmó: "Con este atentado se intentó dividir a la sociedad. El resumen de las enseñanzas del Islam es amor para todos, odio para nadie".

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Garavano, quien preside el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, se enfocó en la responsabilidad del Estado de combatir la injusticia: "El compromiso que debe tener Argentina es el de acabar con esta impunidad espantosa, que es poder hacer algo terrible y no sufrir ninguna consecuencia". Por su parte, Sztulman, embajador de Israel, sentenció: "Todavía, quienes decidieron el dia y la hora de este ataque no han sido alcanzados por el brazo de la justicia".

El rabino Sergio Bergman, Ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, estuvo presente en el acto y, en diálogo con Revista Noticias, opinó que no debiera ser la embajada la que invite, sino la sociedad en general. "En este atentado, no sólo fue atacado un sector, sino toda la sociedad", sostuvo, y enfatizó en que el desafío es que el día no sea sólo una efeméride sino "un legado".

En representación de los sobrevivientes y los familiares de las víctimas, Alberto Romano se pronunció por la justicia: "Escuchamos constantemente la palabra impunidad como un mal que aqueja a otro, y no entendemos como sociedad que nosotros somos el otros. Sentimos que si callamos, vuelven la oscuridad y los escombros, y la bomba vuelve a explotar".

Además, mencionó a Carlos Susevich, el padre de una de las víctimas del atentado, quien fue un referente para la lucha de los familiares y falleció hace tres años. "Luchó hasta el fin de sus días para encontrar la verdad y la justicia por tan terrible atentado que se llevó la vida de su hija", afirmó Romano.

La causa fue declarada "imprescriptible" en 2006 y, en 2017, se declaró el 17 de marzo como el "Día de la memoria y solidaridad con las víctimas del atentado contra la Embajada de Israel". La ley 27.417 fue promulgada a través del decreto 1042/2017 y ordena al Ministerio de Educación que incorpore el hecho histórico a su currícula.

El 27º aniversario del ataque se cumplió el domingo pero el acto central se llevó a cabo este lunes a las 14.50, la hora en que se concretó el estallido de la bomba en 1992. Como es habitual en esta conmemoración, el evento se dispuso en la plaza donde estaba ubicada la sede diplomática, en Arroyo 910.

Un operativo de máxima seguridad. El acto se realizó en el marco de un megaoperativo policial, de "máxima seguridad", se montó un corte total de las calles Suipacha entre Juncal y Avenida del Libertador, y otro corte en Arroyo entre Carlos Pellegrini y Esmeralda. El ingreso de la prensa se limitó a un sólo acceso, mientras que en el general, el público fue revisado por la Policía Federal dos veces, para después pasar por un detector de metales. Un integrante del operativo, además, se encargaba de hablar personalmente con cada persona y preguntarle porque decidía participar.

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