Jueves 7 de julio, 2022

MUNDO | 19-06-2022 00:57

Nieblas en la cumbre

El debate que debió darse en la convocatoria de Los Ángeles lo frustraron las poses, los vedetismos y las hipocresías de siempre.

"Hablar con gente que piensa lo mismo que tu no es el verdadero diálogo”, escribió Zygmunt Bauman. La etimología de la palabra señala que, por el contrario, dialogar implica la búsqueda de una razón (logos) desde dos o más razones diferentes y hasta contrapuestas.

Precisamente, la riqueza de una cumbre internacional es que gobernantes de distintas posiciones y realidades se sientan en una misma mesa a intercambiar pareceres y propuestas sobre situaciones que afectan a todos.

El mundo del siglo 21 es escenario de peligros globales que sólo pueden ser enfrentadas con perspectivas de éxito por la totalidad de los actores políticos existentes. Las amenazas de este tiempo son, por primera vez en la historia, amenazas globales. Por lo tanto, deben ser afrontadas de manera global.

El cambio climático y la era de pandemias que inauguró el covid19 atacan a la totalidad de los seres humanos, sin deparar en fronteras. En consecuencia, no pueden afrontarse desde fronteras, sino desde la totalidad de la especie amenazada. El orden mundial vigente no sirve para preservar la humanidad de las amenazas que enfrenta.

Sin embargo, la primera pandemia global ha demostrado que los poderes existentes se aferran a un orden inútil, poniéndolo por encima de la necesidad de enfrentar eficazmente las amenazas existentes. Lo mismo ocurre con el cambio climático.

Los estados, las fronteras y la competencia entre países y liderazgos no sirven para afrontar estos desafíos, pero anteponen sus intereses por sobre los intereses de la totalidad.

Llevado esto a escala continental, se percibe la misma tara contraproducente. Los intereses políticos y económicos, los vedetismos banales y las mediocridades dirigenciales se adueñan de los escenarios y los inutilizan.

La Cumbre de las Américas fue una muestra más de oportunidad perdida por ese error persistente. La única propuesta importante y ligada a la situación mundial imperante, es la que hizo Joe Biden: formar una OPEP de los alimentos entre Canadá, Estados Unidos, Brasil y Argentina. A la otra gran propuesta podría haberla formulado Alberto Fernández, pero se quedó en una versión suavizada de lo que planteó Andrés Manuel López Obrador en defensa de los regímenes cubano, venezolano y nicaragüense.

Por lo menos, el presidente argentino se abstuvo de hablar de “pueblos excluidos”, el falaz concepto que viene utilizando el mandatario de México para referirse a los que no han sido invitados a la reunión cimera realizada en Los Ángeles.

Al decir que los excluidos de esta cumbre fueron los “pueblos” de Cuba, Venezuela y Nicaragua, en lugar de señalar que los excluidos fueron los regímenes que imperan sobre ellos por la fuerza, lo que hace López Obrador es validar esos poderes autoritarios como representante legítimos de las sociedades a las que someten mediante la censura, la represión y la persecución política.

Lo único que puede legitimar un gobierno es el voto en elecciones pluralistas y trasparentes, mientras que los regímenes aludidos realizan farsas electorales, en el caso de Venezuela y Nicaragua, o se auto-justifican mediante dogmas ideológicos y versiones manipuladas de la historia.

Haber cuestionado las sanciones económicas aplicadas a esos regímenes es discutible, pero no descabellado. En definitiva, la realidad histórica muestra que los sistemas de aislamientos y sanciones nunca debilitan a las dictaduras en la región, sino que las fortalecen mientras agravan el padecimiento de los pueblos que ellas someten.

Lo que hizo el presidente mexicano acompañado por un coro en el que Alberto Fernández no desafinó, aunque se expresó de manera más presentable, fue defender regímenes autoritarios y no a los pueblos que los padecen. Un acto hipócrita que ocupó de manera falaz el lugar que debió tener un debate imprescindible: las urgencias de este tiempo imponen generar foros en los que participen todos los poderes imperantes y no sólo los gobiernos democráticos.

En la agenda de la Cumbre de las Américas estaba el drama de las migraciones. ¿cómo puede hacerse un abordaje eficaz de este problema si no están presentes los poderes imperantes precisamente en los países que causan esas olas migratorias?

Amenazas como el cambio climático y la era de pandemias que ha empezado no pueden ser tratados sólo por gobiernos democráticos. La naturaleza de esas asechanzas vuelve absurdo limitar la búsqueda de soluciones conjuntas a determinados tipos de gobierno. Para que el debate sea eficaz y se puedan establecer mecanismos de contención de esos fenómenos, se necesita de todos los poderes imperantes, incluidas las dictaduras.

Pero no fue eso lo que defendió López Obrador ni los otros presidentes que apoyaron su postura. Lo que hicieron fue legitimar como representantes de sus pueblos a regímenes autoritarios, para licuar en la impunidad las criminales represiones que han perpetrado.

Si no hubieran tenido ese objetivo, habrían usado otros términos en lugar de reclamar que no haya “pueblos” y “países” excluidos.

El debate en Los Ángeles habría sido enriquecedor si se hubiera discutido qué espacios deben ser sólo para democracias y cuáles deben integrar también a dictaduras. Si las cumbres de las Américas se convierten en clubes de democracias, debería crearse otro ámbito para abordar exclusivamente cuestiones como cambio climático y pandemia. Del mismo modo, si se decide que las cumbres de las Américas deben ser el ámbito para abordar las amenazas que la naturaleza le está planteando a la humanidad y por ende deben incluir en los debates a todos los poderes que imperen sobre territorios y sociedades, entonces debería crearse otro foro exclusivo para democracias, como el proceso de integración en Europa.

Para ingresar al Mercado Común, que luego se convirtió en Comunidad Económica y, Tratado de Maastricht mediante, desembocó en la actual Unión Europea, la democracia ha sido y es un requisito indispensable.

La Portugal salazarista y la España franquista recién pudieron ingresar cuando se democratizaron.

Lo mismo debiera crearse en las Américas: una comunidad de democracias vinculadas por la cooperación para el desarrollo económico y social, estableciendo como requisito de ingreso la vigencia plena del Estado de Derecho y la democracia pluralista con procesos electorales transparentes.

El derecho a excluir a los autoritarismos sería irreprochable si existiera otro ámbito para que todos los liderazgos imperantes enfrenten las amenazas naturales.

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Claudio Fantini

Claudio Fantini

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