domingo, enero 19, 2020

MúSICA | 04-12-2019 00:24

Abel Pintos: de prodigio a superestrella

El músico no detiene su crecimiento. Del folklore a la balada, de la banda pop al formato sinfónico, colmó por tres noches el Movistar Arena.

Pasa el tiempo y muchas cosas se han reciclado saludablemente. Ya no está tan marcada la brecha entre artistas de diferentes géneros y los cruces son cada vez más habituales. Los artistas se prestan instrumentos, músicas, estilos, modos de interpretación y repertorios. Sin embargo, hay algo que permanece. Y es ese de deseo de legitimación cultural que significa pasar del pequeño grupo popular a la orquesta sinfónica, de la banda que suele respaldar a un artista a un organismo sonoro que tuvo su momento cúlmine en la Europa de los siglos XVIII y XIX y que, tanto tiempo después, sigue marcando un símbolo de status. Sea en un emblemático escenario como el del Colón o, como en este caso, frente al nuevo estadio de Villa Crespo.

Abel Pintos es un hombre joven. Pero, porque llegó al mundo de la música siendo todavía un niño, su carrera ya tiene mucho para ofrecer y repasar. Fue prodigio y hace tiempo que es un artista maduro. Más de una decena de álbumes, premios de los más importantes y un reconocimiento popular que lo hacen llenar teatros y estadios le dan margen de sobra como para darse este gusto de hacerse sinfónico. Porque además, es un artista exquisito, meticuloso en su trabajo, dueño de los escenarios capaz de ponerse cómodamente al público en el bolsillo, cuidadoso en su repertorio, respetuoso de las canciones y los autores. Algunos sintieron cierta decepción cuando el negocio de la música lo fue sacando de su excluyente folklorismo inicial para llevarlo a un pop que tiende a unificar los lenguajes estéticos. Pero más allá de los cuestionamientos, el bahiense supo manejar con profesionalismo y talento ese equilibrio y salir siempre airoso.

Ahora, la jugada es con una sinfónica, orquestada y dirigida por el guitarrista Guillo Espel, un músico talentoso que conoce muy bien lenguajes muy variados y supo entender la tarea encomendada. Así, presentó una orquesta que no se olvidó de los sonidos de la banda original del cantante ni de los aires folklóricos y que supo desacartonar la orquesta para evitar que fuera simplemente una ampliación desangelada de los arreglos originales.

Fueron 22 temas. Se mostró una puesta elegante y artística de la canadiense Marcella Grimaux. Hubo baladas pop y folklore (muy bueno lo de “El sabor del mar” mezclado con “Milagro en cruz”), Charly García tuvo su homenaje con “Cuando ya me empiece a quedar solo”. Y claro, se escucharon muchas de las piezas que están clavadas en el repertorio de Abel y en el deseo de sus seguidores: “Flores en el río”, “Pájaro cantor”, “La llave”, “Motivos”, “Cien años”, “Once mil”, “Más que mi destino”, “Sin principio ni final”, “El mar” y unas cuantas más.

Calificación: * * * * 

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Ricardo Salton

Ricardo Salton

Periodista crítico de música.

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