Teatro / 3 de Febrero de 2012

Teatro

Arte para todos

“Mineros” de Lee Hall. Con Hugo Arana, Darío Grandinetti, Juan Leyrado, Jorge Marrale y elenco. Dirección: Javier Daulte. Metropolitan 1, Corrientes 1343.

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El dramaturgo inglés Lee Hall (1966) acredita numerosos laureles: el guión original de la película y el libro del musical “Billy Elliot” (nominado al Oscar y ganador de los premios Laurence Olivier y Tony, respectivamente) y la flamante adaptación de la novela épica “War Horse” (Caballo de guerra), de Michael Morpurgo, que dirigió Steven Spielberg. Curiosamente, su última obra teatral, “Mineros” (en el original, “The Pitmen Painters”), inspirada en el texto “Pitmen painters, The Ashington Group” del crítico de arte William Feaver; a nuestro juicio, no parece estar a la altura de los trabajos mencionados.
¿Cuál es el problema? Quizás la falta de originalidad o ampulosidad en el tratamiento del tema: la certeza que el arte está al alcance de todos -más allá de cualquier intelectualización- y su capacidad de transformar los espíritus sensibles y predispuestos.
Por cierto, un tópico bastante transitado en la dramaturgia, desde el célebre “Pygmalion” de George Bernard Shaw, la formidable “Art” de Yasmina Reza hasta la perturbadora “La forma de las cosas” de Neil Labute. Dicho esto en cuanto se refiere a la reflexión sobre los parámetros del sentido estético, los vínculos sociales y, por ende, la cuestionable imposición de un estilo de vida erudito. Incluso, sin grandes pretensiones, “Chicas del calendario”, de Tim Firth, supo retratar mejor a un grupo de personajes reales que lograron superar la adversidad y gozar del éxito inesperado.
Vale aclarar que aquí también se trata de un caso verídico: en 1934, un grupo de mineros de Ashington contrató a un profesor para que les dicte clases nocturnas de apreciación pictórica. Rápidamente, el perspicaz docente abandonó la teoría a favor de la práctica, y los mineros comenzaron a pintar. Artistas encumbrados reconocieron la calidad de sus obras -fruto del talento intuitivo- las cuales serían adquiridas por prestigiosas colecciones. Sin embargo, estos hombres sencillos y honestos, nunca abandonaron la dura realidad de trabajar en las minas, bajo condiciones insalubres y peligrosas.
Como es habitual en las producciones de Pablo Kompel, se aspira a la excelencia en todos los rubros, ya sea lo interpretativo, la dirección o el diseño visual. Pero justamente la portentosa escenografía, que muta de un sencillo salón de reuniones a la casa de una acaudalada mecenas (estupenda Patricia Etchegoyen), o de la Tate Gallery hasta la reproducción de la pintura “El dormitorio en Arles” de Vincent van Gogh, resulta tan abrumadora como excesiva. Librados a su suerte, el proverbial oficio del reconocido cuarteto actoral de protagonistas, no logra disimular la acefalia de acciones que les permitan darle carnadura a sus entrañables criaturas. Sólo Hugo Arana y Darío Grandinetti logran escapar del esquematismo, conmover y convencer con legítimos recursos.

 

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