Política / 3 de febrero de 2012

Plan de ataque K

Operación Chau Moyano

El cerco político, económico y judicial. La orden de Cristina para aislarlo. Por qué acusa a la SIDE y a Máximo K. La reelección en la CGT cada vez más lejos.

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Los ex aliados kirchneristas ahora se permiten las indiscreciones que antes se guardaban. Cuentan quienes llegaron a frecuentar el edificio que la familia Moyano tiene en Montes de Oca al 400, en Barracas, que el jefe cegetista dispone de un piso reservado para sus perros. Pero que hace unos años tuvo que mandar a construir en ese espacio una doble pared para resguardar el dinero en efectivo que solía acumular. Es que había constatado un robo en la propiedad y quería protegerse. La denuncia la habría realizado la propia Valeria Salerno, hija del primer matrimonio de Liliana Zulet, la esposa en terceras nupcias de Hugo Moyano. Salerno tenía registrado ese domicilio como propio cuando inscribió –con apenas 23 años cumplidos- la sociedad Iarai SA, una de las empresas que integra el conglomerado de negocios que se le atribuyen a Moyano y su mujer. El matrimonio vive en el segundo piso del edificio de Montes de Oca. En el séptimo, funciona Aconra SA, una constructora creada en el 2004 y en la que la hija de Zulet figura como vicepresidenta. En el trayecto estaría la misteriosa pared, cuentan, hoy custodiada por los perros.

La insinuación de que Moyano acumula efectivo en un rincón secreto de su casa -al modo de Tony Soprano en su versión televisiva de la mafia de New Jersey- indigna a los moyanistas y les prueba la supuesta falta de escrúpulos del “cristinismo”. Es más: en su momento, el sindicalista compartió con sus colaboradores más cercanos la sospecha de que el “robo” había sido una especie de “advertencia” de los servicios de Inteligencia K. “Hugo nunca dudó de que, al lado de Néstor Kirchner que lo privilegiaba con su relación personal y lo ayudaba en el crecimiento del gremio, existía otra ala del Gobierno que operaba para limar su poder y mandarlo a la cárcel”, admite hoy uno de los abogados del equipo que reunió Moyano para atender sus diversas causas. En todo caso, esa sordidez en la trastienda del poder, contrasta con una imagen si se quiere más bucólica que transmiten sus amigos. Cuentan que casi todos los fines de semana, cuando se traslada a su quinta de Parque Leloir, el camionero se pasa horas cuidando y hablando de plantas. Es su único cable a tierra.

¿Una cuestión de piel? La explicación de que la pelea de fondo obedece a motivaciones personales, a decir verdad, no se condice con la realidad. Moyano pretendió disputarle el poder a Cristina porque se creyó que podía aspirar a ser el Lula argentino: por eso se recortó la barba, cambió sus anteojos, visitó las universidades y sinceró su vocación de poder. Se le presentaba la excusa presuntamente apropiada: Cristina estaba obligada a lanzar un ajuste fiscal, tarifario y salarial en gran escala, lo que le permitiría pararse a la izquierda del Gobierno y encabezar el descontento social (ver recuadro).

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