Teatro / 2 de Marzo de 2012

Teatro

Mi Buenos Aires querido

“El Arco de Triunfo”, de Pacho O’Donnell. Con Nacho Gadano, Victoria Onetto y elenco. Dirección: Daniel Suárez Marzal.
Teatro Regina, Santa Fe 1235.

Por

Martín (Nacho Gadano) está radicado en París y viene por unos días a visitar a sus padres (Miguel Jordán y Ana María Castel). Llega a Buenos Aires con un aspecto mundano y ganador, saco de terciopelo y chalina al cuello, y se deja inundar por la alegría familiar expresada en tangos cantados a coro y empanadas. Aparece Aníbal (Ariel Pérez de María), el amigo del barrio, y también Norita (Victoria Onetto), la novia que abandonó “para casarse con otra a la que no amaba”. Esta es una más de tantas historias de argentinos que, corridos por la crisis del 2001, escaparon a Europa y otras partes con suerte diversa.

El tema tocó muy de cerca a una cantidad de familias argentinas y provocó debates en los medios: después de las dramáticas formas del exilio que generara la dictadura dos décadas antes, esta nueva camada no emigraba por razones políticas sino económicas. La diferencia podría dar lugar a alguna mirada social o heroica, o una indagación sobre el lugar que cada uno ocupa en la tierra. “El Arco de Triunfo” elige en cambio un tono de sainete muy ligero y apoya prácticamente toda la problemática en el dinero.

Las obras de Pacho O’Donnell, entre otras cosas destacado historiador, suelen girar en torno de figuras de la historia argentina. En un registro por completo diferente, esta comedia apela a un personaje que, a pesar de ser relativamente reciente desde el punto de vista histórico, ya se ha convertido en un arquetipo porteño: el que se siente víctima de “este país” y cree que el primer mundo lo espera con los brazos abiertos. Luego, ya instalado en Francia, se echa a llorar cuando cree sentir el perfume de una pizzería de la calle Corrientes.

A pesar de la riqueza política y moral de este predicamento, O’Donnell optó por una estructura más clásica, típica de cierto estilo de comedia: el entretejido de secretos y mentiras. Todas ellas, dicho sea de paso, reveladas por un solo personaje, Norita, que al parecer sabe todo lo que ocurre acá, en Rosario y en Europa. En la escenografía, es interesante la reproducción de los espacios en dos grandes telones pintados, como un elogio de la sencillez. No resultan tan afortunados, en cambio, unos hilos verticales de luces navideñas que según los colores elegidos operan como bandera, puerta de entrada o apunte de intimidad para las escenas de cama.

Con dirección de Daniel Suárez Marzal, los actores transitan por todos los lugares requeridos por la norma costumbrista: Boca Juniors, el tren bala, los sueños del pibe, el Peugeot 504, los curas, la jubilación mínima y el tango Sur. Es un espectáculo liviano y agradable, aunque tal vez se conforme con reducir un gran tema a un tono puramente terrenal.

 

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