Personajes / 24 de mayo de 2012

Catalina Inés Lonac (54)

“Yo creo en el valor de la educación”

Tucumana, propietaria de uno de los mayores ingenios del país y primer productor de etanol, es abogada y fundó una universidad. Yoga y afectos.

Ernesto Laclau es nuestro padrino académico, merecedor absoluto. Organizamos una movida académica y política con él: el 30 de octubre, presentará su revista Debates y Combates

Enfundada en un vestido Emilio Pucci, sin la armadura que suelen llevar las grandes empresarias bajo la forma del trajecito sastre, su informalidad quiebra la imagen de la típica ejecutiva. Alta y delgada, esta tucumana de ascendencia croata, es dueña de la compañía azucarera Los Balcanes, es el tercer grupo azucarero de la Argentina después de Ledesma y Atanor, abogada egresada de la Universidad Nacional de Tucumán, con un posgrado en Negociación de la Universidad de Berkeley (California, EE.UU.). Ejerció la abogacía durante 25 años y además de dirigir sus empresas dedicadas a la fabricación de azúcar, alcohol y energía eléctrica. Fundó una universidad.Directora del Instituto de Desarrollo Productivo de Tucumán y Presidenta de la Fundación para el Desarrollo, está casada, es madre de Agustín (30) y Catalina (21) y disfruta de un nieto, Juan Carlos (2). Cuando habla de él, los ojos le brillan: “El nieto te llega en el momento en que vos estás necesitando otro amor; es algo especial”. Desde hace 10 años es Cónsul Honoraria del Consulado de la República de Croacia en San Miguel de Tucumán, donde vive. “Tengo allí mi base de operaciones aunque viajo a Buenos Aires todas las semanas y esta es mi casa porteña”, explica en un elegante semipiso en Recoleta. De amplísimo espectro, sus actividades van desde la poesía hasta la mediación.

Noticias: ¿Usted es y hace todo esto? ¿Su marido la ve de vez en cuando?

Catalina Inés Lonac: (risas) Sí, mi marido y mi familia me apoyan totalmente. La clave para hacer tanto y ponerse tantos sombreros –como digo yo– es administrar tus tiempos. Tucumán te permite volver a tu casa a almorzar; nos juntamos a la una, comemos y salgo otra vez a las cuatro de la tarde, hasta las diez de la noche en que cenamos juntos.

Más información en la edición impresa de la revista

 

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