Sociedad / 20 de julio de 2012

ADELANTO EDICIÓN IMPRESA

Calamaro demandado

El juicio de divorcio con Julieta Cardinali llegó a SADAIC. Su romance teen, intacto.

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Salmón al horno. Mientras vive su amor con Breque, Calamaro no logra llegar a un acuerdo con su ex.

“No se puede vivir del amor”, cantaba Andrés Calamaro en la década del `90. Como una ironía, es el desamor el que hoy le complica las finanzas. Mientras el músico se muestra embobado por su joven novia, su ex le reclama bienes en dos continentes y consiguió que la Justicia dictara el embargo de un importante porcentaje de las regalías que el músico cobra a través de SADAIC.

Calamaro conoció a Julieta Cardinali en el 2004 y comenzaron su pareja unos meses más tarde. Quienes trataron con ellos coinciden: fue ella quien ordenó su vida y sus cuentas. Él venía de estar radicado en España y no tenía departamento en Buenos Aires, así que la primera convivencia fue en la casa que ella alquilaba en Belgrano. Juntos compraron un piso en Palermo y una casa en un coqueto barrio de Benavidez.

Además, Calamaro tiene un estudio de grabación y una casa que usa cuando está en Madrid. La división de esos bienes resulta compleja, ya que la pareja recién pasó por el registro civil en julio del 2010, después de años de convivencia y una hija en común.

Según Revista Pronto, hace al menos tres meses que Calamaro no puede verla. La madre habría cortado el contacto después de que el músico se desmayara delante de la niña, de apenas cinco años.

NOTICIAS pudo confirmar que SADAIC registra un embargo sobre las regalías que percibe el músico por la venta y difusión de sus canciones. La cifra global es de aproximadamente 300.000 pesos por cuatrimestre. En este momento, Calamaro solo puede acceder a entre 50% y 60% de ese dinero.

La medida afecta solamente sus ganancias en la Argentina: es que desde 1992, Calamaro es socio de SGAE, la Sociedad General de Autores y Editores con base en Madrid y a través de ella canaliza sus ingresos, al igual que otros músicos como Fito Páez y Vicentico.

“Cuando me di de baja de SADAIC, los derechos de autor no pagaban impuestos”, se defendió el año pasado, cuando el dato de que estaba asociado allí se hizo público. Ese dinero estaría –hasta ahora– exento de la demanda.

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