Teatro / 3 de Agosto de 2012

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Imperdible actuación

“El contrabajo” de Patrick Süskind. Con Salo Pasik. Dirección: Jorge Alberto Gómez. Auditorio Losada, Corrientes 1551.

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Basta mencionar apenas algunas de sus muchas creaciones estrictamente teatrales, para demostrar, con creces, no solo la versatilidad si no la intensidad de ese gran actor que es Salo Pasik. Desde el antológico don Carmelo del grotesco criollo “He visto a Dios” de Francisco Defilippis Novoa, pasando por el entrañable Mr. Celofán del fascinante musical “Chicago” de Kander y Ebb, hasta el memorable profesor alemán de “Todos los judíos fuera de Europa” de Leonel Giacometto, sin dudas, Pasik transita cualquier género escénico con la misma pasión, oficio y entrega. Puede afirmarse que no alcanzan los adjetivos para elogiar sus labores, al punto que la única alternativa es rendirse ante semejante talento interpretativo y disfrutarlo. Estas son las razones por las cuales el monólogo del escritor y guionista alemán Patrick Süskind (1949) parece sostenerse de manera digna y, obliga a pensar que sin su presencia, otra hubiera sido la suerte de esta difícil propuesta.

Reconocido a nivel mundial por su novela “El perfume” (1985) que fue llevada a la pantalla grande; “El contrabajo”, estrenado en Múnich en 1981, constituye la primera obra teatral de Süskind y el inicio de su exitosa carrera literaria. En Buenos Aires, este unipersonal fue interpretado por Héctor Bidonde con dirección de Rubén Szuchmacher, y fue leído por Arturo Puig en el ciclo Teatrísimo, a beneficio de la Casa del Teatro.
El argumento se abre con el sonido de la segunda sinfonía de Brahms. Desde afuera hasta el ingreso al escenario, el protagonista le habla al público sobre esa obra y la versión, donde justamente él mismo toca su instrumento: el contrabajo. Por supuesto, más allá de la extensa descripción sobre las cualidades del mismo, como todo intérprete, se considera el componente más importante de la orquesta, incluso por sobre la figura omnipotente del director. Pero a medida que avanza el texto, los datos quedan a un lado y aparecen episodios de la vida del músico, de tal forma que progresivamente se la muestra más dominada por el objeto de cuerdas que por las emociones. Semejante obsesión le impide llevar una vida normal, y lo aleja del deseo sexual, por decirlo de alguna manera, hasta descubrir que se trata de un hombre inmaduro, triste, frustrado, arrogante y aislado. No en vano, su departamento está insonorizado y carece del mínimo control sobre su propia existencia.

Titánica labor la que le toca en suerte a Pasik, al hacer transitar su criatura de la leve cordura hasta una completa borrachera, de la cual, como es proverbial, sale más que airoso. En breve, el espectáculo inicia una gira por el interior del país. A no perderse la actuación de uno de nuestros grandes artistas batallando con los espectros de su personaje.

 

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