Libros / 21 de Septiembre de 2012

Libro

En las antípodas

“La otra cara de la luna. Escritos sobre el Japón”, de Claude Lévi-Strauss. Capital Intelectual, 158 págs. $ 62.

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Nacido cerca del comienzo del siglo XX, en 1908, y fallecido con más de cien años, en el 2009, el antropólogo francés se hizo célebre por el modo en que sus libros contribuyeron a fundar el estructuralismo en Francia. También por una voracidad de conocimiento tremenda, fuera de su especialidad. Se advierte en algunos de sus libros, como el celebre “Tristes trópicos” (con un largo tramo de registro casi novelesco del Brasil de entonces) o cualquiera de sus recopilaciones de artículos o entrevistas, donde desgrana recuerdos de todo tipo, de toda época, y de todo lugar.

En este caso, una invitación de una fundación, en 1977, le permitió comenzar una serie de visitas a Japón, con el resultado de una serie de textos y una entrevista, aquí recopilados. El apetito por la cultura japonesa había comenzado ya en la infancia, con las estampas coloridas que le regalaba su padre. A lo largo de sus cinco viajes a la isla, pudo comprobar, ajustar, o cambiar por entero sus percepciones anteriores a la experiencia directa.

Los núcleos más fuertes en su atracción por el lugar, su gente y su cultura, residen en la cocina (en cuanto la conoció, la adoptó por entero), la manera en que el japonés enfoca su contacto con la naturaleza, y el contacto entre el presente y el pasado remoto, para él mucho más directo en la sociedad oriental. Otro aspecto esencial fue la música. No faltan las comparaciones constantes con la sociedad occidental (en especial Francia, incluido Descartes) y sus estructuras míticas. Pero también con China, que para Lévi-Strauss pierde en la comparación con Japón.

La visión general de su experiencia está sintetizada en los dos extensos trabajos iniciales y el reportaje final. En un momento confiesa que visitó Israel y los Lugares Santos en 1985, y un año después la isla de Kyushu, para Japón, el sitio donde se había fundado su mitología más antigua. Contrariamente a lo esperado, el monte Kirishina (donde habría descendido Ninigino-mikoto) lo emocionó más que el templo del rey David, la tumba de Belén o el Santo Sepulcro.

Los artículos más breves ofrecen comparaciones o análisis detallados de mitos o relatos orientales y occidentales: “La liebre blanca de Inaba”, “Herodoto en el mar de la China”, “Domesticar la extranjeridad”, “La danza impúdica de Ame no Uzume”. La visión de la obra de un artista ofrece una entrada al zen: “Sengaï, el arte de acomodarse al mundo”, y otro texto ofrece una visión de “Un Tokio desconocido”.

 

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