Televisión / 19 de octubre de 2012

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El negro sienta bien

“Babylon”. Unitario. Domingo a las 22, por Canal 9. Elenco: Norman Briski, Luis Luque, Federico Olivera y Martina Gusmán. Producción: GP Media. Dirección: Gastón Portal.

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Si no debe faltar en ningún ropero, mucho menos en la televisión. Siempre viene bien algo negro aunque sea para entender de qué se trata el color, adónde se lo encuentra y si acaso torna la vida un poco mejor. En “Babylon”, una de las series Full HD ganadoras del segundo concurso para Televisión Digital Abierta (TDA), el mundo de las tragedias que a nadie le importan es blanco y negro, mientras que el de la esperanza en cumplir sueños es una pintura vibrante; una es la calle, la otra el cabaret jazzero y sin tiempo, que da el título a la última producción de Gastón Portal, después de su elogiada “Los sónicos”.
Género predilecto en las series del cable, el policial no ha sido aprovechado en la tevé de aire (a diferencia, por otro lado, de la literatura argentina que sí lo ha abordado). En “Babylon” hay enigmas a resolver como en el policial clásico pero, sobre todo, como en la novela negra, el crimen es el espejo de una sociedad donde conviven seres contaminados y corruptos con otros fuera del sistema por fatalidad o por elección. Los guionistas eligieron combinar esta propuesta con algunos toques de comedia para provocar una sonrisa, apenas un respiro que no alcanza para cambiar el estigma de la mala suerte.

Este despegue del realismo, acompañado por la calidad de imagen y el cuidado de la estética, son inusuales en las ficciones locales, al igual que los personajes, muy cercanos a la literatura cómic. Por un lado, dos viejos policías con ideologías y destinos contrapuestos: uno,  el comisario Clay, defensor del orden racional basado en la poca fe sobre la naturaleza humana (Luis Luque) y otro, Lauro Das Pedras, desclasado, con fama de yeta, pero detective infalible en sus intuiciones acerca de las conductas descartadas por la mayoría (Norman Briski). Entre ellos, un fiscal honesto, Frank Vitelli,  tironeado por esas dos miradas, la del rigor sin atenuantes y la de la creatividad caótica (Federico Olivera); una mujer misteriosa, “la Tanita”, la dueña del cabaret, que amplía la visión del mundo de Vitelli (Martina Gusmán). Y varios  compinches en cada bando (gran trabajo de Santiago Pedrero), además de las  participaciones especiales por cada uno de los doce capítulos donde se irán resolviendo y cruzando diferentes casos. La larga historia de los protagonistas promete develarse al final, cuando el lado B encuentre su lugar, el que susurraba bajo el manto negro de lo oculto. Aunque sólo sea un breve equilibrio: es entre los contrastes que surge la novelesca idea de la justicia.

 

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