Showbiz / 14 de diciembre de 2012

El negocio de los conciertos

Un delicado equilibrio

Productores locales analizan la organización de grandes shows internacionales en el país. Sponsors, inflación y divisas.

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Diva. Lady Gaga, una de las más recientes y espectaculares visitas internacionales. Megashow en River.

El 2012 fue un año clave para afianzar el formato 360 en la industria de la música –un artista, bajo un único contrato, promueve con una misma compañía su trabajo discográfico, merchandising y shows en vivo, entre otros productos–. En la medida en que crece el consumo de música digital (tanto legal como pirata), las empresas y sus artistas apuestan cada vez más a los conciertos en vivo como fuente de ingresos. Y, sin embargo, pese a la amplia, oferta no ha sido un año del todo fácil.

“El público se ha vuelto más selectivo”, diría a la prensa británica John Probyn, COO de Live Nation para Europa, “los fans esperan encontrarse con shows espectaculares, alta calidad de sonido, entretenimiento a lo grande… quieren ser sorprendidos”. La misma prensa internacional postula una teoría para explicar una audiencia más quisquillosa: en el último año ha habido un desplazamiento generacional. Mientras que, históricamente, los conciertos de rock estaban destinados al público sub-30, hoy atraen audiencias de gente más grande y hasta familias.

Los factores de este cambio son básicamente dos. Uno es el poder adquisitivo. El otro es la oferta. Con nombres como los Rolling Stones, Roger Waters, Madonna o Paul McCartney embarcados en giras mundiales, es de esperarse que el público juvenil se acote. “Hay bandas con las que no importa el valor del ticket, se vende igual, por caro que sea”, agrega Probyn, “La nostalgia no tiene nada de malo, mientras venda entradas”.
Panorama local. De este lado del Ecuador hay puntos en común y diferencias con lo que pasa en el Viejo Continente o en los Estados Unidos. Por lo pronto, una cierta sobreoferta parece preocupar a los productores porteños. “Hay más espectáculos, pero la misma cantidad de público, por lo que la masa de demanda está más distribuida”, explica Aquiles Sojo, de AKE Music, quien trajo a Roger Hogdson. “Hay más competencia y es más difícil hacer un buen negocio, sobre todo cuando aparecen espectáculos grandes que se llevan una gran parte de la demanda”. Por mucho que los grandes artistas sigan llegando a Ezeiza, el bolsillo del consumidor argentino tiene sus límites. “Viene Roger Waters, hace nueve River y hay 400.000 personas que pagan un monto alto para verlo; pero que después no tienen disponibilidad para ir a  otros shows”, agrega Sojo. “Con un presupuesto limitado, la gente tiene que elegir y el negocio se resiente”.

“La Argentina es un mercado muy ecléctico que acoge a casi todas las alternativas musicales”, agrega Alejandro Varela, CEO de S-Music, responsables de la visita de Hugh Laurie. “Obviamente, las estrellas del rock internacional y del pop latino resultan ser los más convocantes pero, en su medida, todas las expresiones musicales tienen buen rendimiento en la taquilla”. ¡Tanto para elegir y tan poco con qué pagar!
Por qué son tan caros los tickets, se explica por sí solo. “Los costos de producción son altísimos porque los artistas cobran en dólares y van a hoteles cinco estrellas, con costos dolarizados”, explica Sojo. Sin embargo, pese a la  inflación, las entradas para conciertos no parecen haber acusado el impacto. “El mercado del entretenimiento se maneja con el dólar oficial”, se suma Varela, “y las empresas que vienen trabajando con transparencia no han tenido problemas con el control cambiario, lo que da estabilidad al precio de las entradas”.

Auspicia este concierto. El esponsoreo es una de las claves para mantener a flote el negocio, “y es lo que ha permitido que grandes artistas lleguen al país”, explica Varela. “Tal vez falte un poco de apoyo para el desarrollo de talento local. Salvo algunas excepciones, el esponsoreo va a los artistas internacionales”. Sojo coincide: “El sponsor grande está en los estadios. Si no hay auspiciantes, la venta de tickets tiene que pagar todos los costos”.

Más información en la edición impresa de la revista.

 

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