Showbiz / 26 de Abril de 2013

Rock sinfónico

Industria del regreso

Bandas que tuvieron sus tiempos de gloria en los ’70 y ’80 pasan por Buenos Aires con gran éxito. Claves del negocio del rock-geronte.

Por

Palmer (de Emerson, Lake and Palmer).

Ir a ver hoy una banda de rock sinfónico (o rock progresivo, ambos nombres son válidos) es “como ir a ver a la reserva de Boca”, compara en su monólogo Fanny Vega, comediante de stand up del circuito local, “te da orgullo la camiseta, pero no tenés idea de quiénes son los que están en la cancha”. Es que, con los años –hablamos de músicos que tienen más de tres décadas de trayectoria– y en pos de explotar la industria de la nostalgia, las bandas que llegan a los “venues” porteños no siempre lo hacen con sus formaciones originales. Muchas veces, inclusive, hasta lo hacen con unos pocos miembros de la formación original.

Sin embargo, en un mercado donde el público está ávido de recitales y donde el mayor poder adquisitivo está en la franja de los adultos, la fórmula no falla. Ayuda a alimentar el fenómeno la disponibilidad de locaciones para conciertos con capacidades pequeñas o intermedias. Ya no hace falta el poder de convocatoria para llenar un River (50.000 plazas), habiendo posibilidades, para ciertas bandas al borde del olvido, de tocar en lugares como el Teatro Gran Rex (3.200 butacas), el Luna Park (entre 5.000 y 7.000 espectadores, según la configuración), el Estadio Malvinas Argentinas (6.000 lugares) e inclusive el Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, con capacidad para unos 18.000.
Así, las grandes marcas del pasado llegan a Buenos Aires en todos sus formatos, incluyendo –más allá del rock, el pop o el new wave– a los progresivos-sinfónicos, un género que siempre fue considerado, menos popular y amigable, más elitista y, quizás, para oídos un poco más cultivados. La clave son las locaciones más chicas y las entradas razonablemente económicas, partiendo de los 150 pesos las más baratas.
Leyendas del pasado. El año 2012 tuvo dos visitas en el terreno del rock sinfónico. Una, de una austeridad franciscana, consistente con el modelo de salas pequeñas y entradas baratas. La otra –toda una excepción a las reglas del género–, de un despliegue histórico, que batió todos los récords de ventas, cantidad de fechas y fiebre popular inesperada (casi inexplicable) para un producto de esas características.

Para leer la nota completa, adquiera online la edición 1896 de la revista NOTICIAS.

 

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