Personajes / 26 de julio de 2013

Jorge Suárez (50)

“Necesito exponerme brutalmente”

Protagoniza “Manzi, la vida en orsai”, y además demuestra que puede dar cátedra cantando. Desafíos, amores y el vuelo artístico.

"No voy de taquito a ningún escenario, pero a este particularmente voy con un respeto que me muero… Yo amo el tango, me moviliza, y los tangos de Manzi me conmueven".

Nació como sobreviviente y en ese mismo momento se convirtió en la revelación de un sueño. Así lo siente él. Sobreviviente porque a los cuatro meses de gestación, los médicos consideraron que su madre corría riesgo de vida y le aconsejaron interrumpir el proceso. Ella se abrazó (a) la panza, cerró los oídos a las malas predicciones y fue para adelante: tuvo un embarazo horrible, pero un bebé rozagante. Finalmente le dio a su marido ese regalo que tanto había anhelado entregarle, un hijo. Pudo no haber sido, pero lo trajo el amor que sentía su madre por su padre. Jorge Suárez hablará una y otra vez de amor: del que le dio origen, del que siente por su mujer, del que lo lleva a desplegar alas en el escenario. Amar hasta el tuétano –define–, es lo que aprendió. Por lo pronto, encarna a Homero Manzi en “Manzi, la vida en orsai” (acompañado por Julia Calvo), y canta como si lo hubiese hecho desde siempre. Canta sentado, de pie, atravesado por la emoción, acostado en el escenario, boca arriba, boca abajo. Canta la poesía de Manzi: “Tu canto es el amor que no se dio y el cielo que soñamos una vez”. Quienes tengan el valor de meterse en la entraña de los sentimientos, pasen y vean.

Noticias: ¿Cómo es eso de mostrar un talento tan bien guardado, recién a los 50 años?

Jorge Suárez: Estudié guitarra desde los siete años y después canto durante cinco años, pero hasta más o menos los 20. El tango es parte de mi cotidianidad desde la niñez. Teníamos un restaurante y mi madre cocinaba para 300 tenedores todos los días, con la radio a full prendida en programas de tango, ella cantaba y a mí me encantaba. Cuando volvíamos los domingos de la casa de una abuela que vivía en Wilde, yo le pedía que me cante.

Noticias: ¿Algo en especial?

Suárez: Sí, una ranchera, que le pedía siempre, decía: “Me enamoré una vez, no me enamoro más, a mí no me busqués porque no me encontrás”. Después en el Conservatorio (de Arte Dramático), ahora me lo recuerdan mis compañeros, cada tanto yo me cantaba un tango. Acá estoy todas las noches con el corazón en la boca antes de salir y sintiendo que lo voy a hacer por primera vez… Siento nervios, miedo, inestabilidad emocional.

Noticias: ¡Pero fue usted el que le pidió a la directora Betty Gambartes que lo tuviera en cuenta para alguna obra en la que pudiera cantar!

Suárez: ¿Sabés por qué?, porque tengo 50 años pero 30 de actor, tengo la sensación de que ya viví una vida con el teatro y que toqué puntos muy altos para mi corazón. Y necesito desafíos, soy un poco un nene malcriado, necesito tirarme al abismo, exponerme brutalmente. Yo me tiendo una trampa, dejo el alma en el escenario cada noche y después tengo que repetirlo.

Noticias: ¿Venía sintiéndose sin desafíos?

Suárez: Me daba un poco de miedo pensar qué se hace después de Freud (N. de R: protagonizó “La última sesión de Freud” junto a Luis Machín en el 2012). Puedo seguir haciendo grandes textos pero hay algo que se acaba, hay un círculo que cerrar para volver a empezar una nueva década con cosas nuevas y tengo la sensación de que esto es un desafío cada noche. No voy de taquito a ningún escenario, pero a este particularmente voy con un respeto que me muero… Yo amo el tango, es tanto lo que me moviliza, los tangos de Manzi me conmueven, no puedo creer que alguien haya escrito “El misterio del adiós que siembra el tren”….solo alguien que puede observar la realidad con mucha locura puede llegar a esos lugares.

Para leer la nota completa, adquiera online la edición 1909 de la revista NOTICIAS.

Producción: Esteban Vedia. Fotografía: Andrés Setepani.

 

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