Costumbres / 2 de septiembre de 2013

Crítica. Restaurantes.

“Verne Club”, un viaje a la coctelería mundial

Es un bar de cócteles ambientado en homenaje al genio de la literatura retro-futurista, Julio Verne. Cada trago es una aventura.

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Cuenta con una carta de comidas básicas, pero sustanciosa.

La coctelería nacional está en su mejor momento. A pesar de la limitación de las importaciones, que impide la llegada de ciertas bebidas espirituosas para la creación de tragos clásicos, siempre hay un barman ingenioso, como Federico Cuco, para quien las limitaciones se convierten en oportunidades. En “Verne Club”, el flamante bar donde Cuco despliega sus talentos, cada trago es una aventura.

Como su nombre lo indica, “Verne Club” es un homenaje al genio de la literatura retro-futurista, Julio Verne. Su dueño, el franco-argentino Germán Lacanna, nos cuenta que todo en “Verne Club” es fiel a la estética del personaje que lo inspira y por ello lo único que cuelga de las paredes, es un retrato del escritor. Desde la ambientación hasta la carta, todo está inspirado en el imaginario verniano. El salón, con sus paredes de chapa herrumbrada, parece el interior de un submarino, pero con muebles victorianos.

La barra, con mecanismos de relojería empotrados en cajas de luz, está coronada por los tentáculos de un pulpo metálico. También sobre la barra yace el templo del “El Hada Verde”: una fuente de absenta, reproducción de una de 1880. La máquina, de la que cae en gotas el ajenjo sobre un un terrón de azúcar, suma a la mística de “Verne Club”, pero sus efectos alucinógenos siguen en duda.

La carta de cócteles tiene como eje “La vuelta al mundo en ocho cócteles”, proponiendo un recorrido por los principales puertos donde desembarcan Phileas Fogg y Passepartout en su vuelta al mundo. Londres, París, Suez, Bombay, Hong Kong, Yokohama, San Francisco y New York: cada ciudad tiene su trago, minuciosamente creado, a veces al punto de lo espectacular.

La estrella de la casa es el Opium Fashioned de Hong Kong, servido en un vaso de base redonda (para que no se vuelque en el barco) e inspirado en los fumaderos de opio: almíbar de té negro, Bourbon, bitter de naranja y humo de hojas de eucalipto, generado en vivo con un complejo mecanismo. Ver trabajar a Cuco es ver un alquimista en acción: lo rodean tubos, botellitas y recipientes de química que reemplazan a los clásicos vasos de coctelería. Es un erudito de la coctelería y como tal tiene tesoros, como un whisky de la India y una grapa de Catamarca, que reserva para unos pocos.

En su carta de “Verne Club” hay también degustaciones de vodkas y spirits escoceses; un martini & negroni bar; y una sección llamada el Faro del Fin del Mundo (Argentina), donde Cuco despliega su pasión por lo nacional en tragos como la Caipichofa (caipinha de Cynar) y el Che Kraken, un spritz de Gancia con jugo de arándanos y absenta.

Apenas dos cervezas y un par de vinos: “Verne Club” es un bar de tragos y sus responsables se mantienen firmes en su propuesta. Hay una breve carta de comidas, con picadas, tostados y panchos gourmet, como en el Harry’s Bar de París; todos acompañados de adictivos chips con especias. En “Verne Club”, el tiempo corre más despacio: siéntese en la barra y ármese de paciencia.

Verne Club queda en Av. Medrano 1475, Palermo. 4822-0980. Atiende de lunes a domingo, de 21 a cierre. Principales tarjetas. Promedio: $250.

 

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