Restaurantes / 7 de febrero de 2014

Restaurante

“Casa Cruz”, una vidriera último modelo

Uriarte 1658, Palermo Soho. 4833-1112. Cocina porteña moderna. Lunes a Domingos de 18 al cierre, cocina desde las 19:30. Reservas. Principales tarjetas. Precio promedio: $ 350.

Por

Relanzamiento. Remozado, con precios más discretos y cocina porteña clásica, excelente cava y carta de tragos.

Desde su inauguración en 2004, las enormes puertas doradas de “Casa Cruz” se convirtieron en el umbral de los elegidos. Solo las cruzaban quien formaba parte de un selecto círculo social o, como mínimo, tenía una abultada cuenta bancaria que le permitía acceder a una cocina rebuscada y carísima. Por suerte, nunca es tarde para volver a empezar: el propio Juan Santa Cruz, su creador, se hizo cargo del “relanzamiento inclusivo” de esta casa, en sociedad con el grupo Aldo’s, de Aldo Graziani, dueño de la vinoteca de culto del centro de la ciudad, conocido reducto K.

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El nuevo “Casa Cruz” es un espacio abierto: se eliminaron los pesados cortinados de terciopelo que ocultaban el interior del local y también los que separaban la barra del salón principal, ahora cubierto de espejos. Hay ventiladores de techo, manteles de papel en las mesas y la comida se sirve en bandejitas de chapa, como en los bolichones, Acompañando la nueva propuesta gastronómica de cocina porteña clásica, aggiornada por el chef Rodrigo Sieiro. Sin ser barato, los precios bajaron sustancialmente y, aunque sigue siendo una vidriera, los personajes, ligados al periodismo y el mundo del vino y el arte, son más interesantes.

En su nueva versión inclusiva, la cocina de “Casa Cruz” respeta el gusto popular pero sumándole una vuelta de tuerca. Por ejemplo el matambre arrollado, entrada de barrio por excelencia, viene coronado por un huevo poché y con un toque de mostaza, que marca toda la diferencia. El revuelto gramajo está hecho con papas pay crocantes y arvejas frescas; y la milanesa napolitana es de bife angosto, con hueso y todo, una versión no tan lograda, no por traicionar a la clásica “finita y crocante” sino por el punto de cocción de la carne, difícil de no recocinar friéndola y luego llevándola al horno.

La calidad de la carne es muy buena, así que mejor probar cocciones más tradicionales como el asado al horno o la entraña marinada. Las pastas son otra excelente opción: sabrosos ravioles de seso y espinaca; cavatelli de sémola con caserísima salsa de tomate; y capelli de carne y mortadela con estofado y salchicha parrillera. De postre, sambayón, torta Balcarce o mousse de puro chocolate (el famoso chocolate suizo Carma).

La barra sigue siendo un punto fuerte de “Casa Cruz”. Diseñada por la reconocida bartender Inés de los Santos, la carta logra una estimulante alquimia en tragos como el Cruz 2.0, con vodka, Schnnaps manzana verde, almíbar de jenjibre y soda; el femenino Sandía Royal, con vino espumante rosado y jugo fresco de sandía; y el Super Michellini Spritz, para entendidos, nombrado como el enólogo Matías Michellini y preparado con el Sauvignon Blanc de su bodega, Aperol, naranja y soda. Para picar: tortilla de papas, buñuelos de acelga y lengua a la vinagreta, entre otros.

La monumental cava al fondo del salón tiene ciento de botellas de todo el país. Antes de ir a lo seguro, déjese guiar por Graziani: la Argentina también puede dar buenas sorpresas.

 

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