Clásica / 17 de agosto de 2014

CLÁSICA

De otro planeta

Martha Argerich y Daniel Barenboim, dúo de pianos. Obras de Mozart, Schubert y Stravinsky. Festival de Música y Reflexión. Abono Estelar. Teatro Colón.

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★★★★★ Los afortunados que colmaron esa noche el Colón sabían que estaban siendo testigos de un acontecimiento inolvidable. Martha Argerich y Daniel Barenboim unieron sus talentos pianísticos en un único recital y potenciaron hasta niveles indescriptibles la magia que cada uno es capaz de generar. La química entre ellos resultó evidente desde el inicio de la Sonata para dos pianos, de Mozart, que marcó el comienzo del concierto.

El dúo hace música con la naturalidad de quien emprende un paseo. Con esa frescura encararon el clasicismo mozartiano, permitiendo apreciar detalles deliciosamente expresivos y fraseos cristalinos. La ubicación de los dos pianos, uno al lado del otro, perjudicó ocasionalmente el equilibrio sonoro, pero Martha sorteó ese inconveniente realzando sus partes con su glorioso toque.

La comunión entre Martha y Daniel alcanzó una profundidad aún mayor en las “Variaciones sobre un tema original para piano a cuatro manos”, de Schubert. Codo a codo, dieron vida a la obra y destacaron con excepcional maestría la entidad de cada una de las variaciones.

Pero, aunque lo escuchado hasta ese momento fue fabuloso, todavía faltaba lo mejor. Después del intervalo, se pudo apreciar la versión para piano a cuatro manos de “La consagración de la primavera”, la genial creación de Stravinsky que escandalizó al público parisino en su estreno, hace poco más de un siglo. Lo que Martha y Daniel lograron con esa partitura, tan maravillosa como compleja, fue absolutamente magistral. Con sus descomunales talentos vehementemente potenciados, trasladaron al lenguaje pianístico toda la variedad de colores y rugosidades de la obra, más fácilmente palpables en la versión orquestal original. La fuerza expresiva y la tensión dramática que construyeron fueron vitales en esta lectura colosal, un verdadero hito que quedará en la antología de grandes momentos vividos en el Colón.

Un regalo adicional fue poder percibir el entusiasmo de estos grandiosos artistas, que recibieron las ovaciones intercambiando comentarios y miradas. Ella sonreía y él no dejaba de prodigarle gestos de protección y de cariño. Afortunadamente, los aplausos fueron premiados con una generosísima lista de bises, que incluyó música de Schumann, Rachmaninov, Guastavino y Milhaud, para completar una noche decididamente memorable.

 

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