Teatro / 24 de enero de 2015

TEATRO

La vigencia de un clásico

“El hombre de la Mancha” de Dale Wasserman. Con: Pepe Cibrián Campoy, Raúl Lavié, Cecilia Milone y elenco. Dirección: Pepe Cibrián Campoy. Maipo, Esmeralda 449.

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★★★★ A cincuenta años de su creación, “El hombre de la Mancha”, la sensible y perenne obra del autor norteamericano Dale Wasserman (1914-2008), sigue vigente. Quizás porque los ideales altruistas encarnados por Miguel de Cervantes Saavedra, su personaje protagónico, tales como dignidad, ética, caballerosidad y generosidad, son cada vez más necesarios e infrecuentes en este feroz siglo que nos toca en suerte transitar.
El argumento, imaginado primero para la televisión, se transformó en un clásico del teatro musical, gracias a la complicidad en las melodías de Mitch Leigh y las letras de Joe Darion. La pieza resultó un suceso inmediato: traducida a diferentes lenguas y estrenada con singular éxito alrededor del mundo, en 1972 también tuvo una recordada transcripción cinematográfica interpretada por Peter O’Toole y Sophia Loren. En ella, se resumen las vicisitudes del inmortal creador del Quijote confinado en una mazmorra de Sevilla, acusado por la temible inquisición española. Asediado por otros prisioneros que intentan quitarle unas pocas pertenencias, incluido el manuscrito de su trabajo cumbre, comienza a narrar las desventuras de Alonso Quijano, el Caballero de la Triste Figura.
La adaptación de Cibrián Campoy, aunque se permite numerosas licencias, respeta la estructura original del autor (quien desdeñaba la opulencia escénica) al concentrar en una sola escenografía, apenas con sutiles variaciones de luz y el cambio de pocos elementos, toda la acción de los diferentes cuadros. De todos modos, una buena poda en el texto, o un intervalo, ayudaría mucho más a disfrutar lo que vemos a lo largo de dos horas y veinte minutos.
Con su proverbial ojo para descubrir talentos, Pepe permite el lucimiento histriónico de Lucas Arbúes y Alejandro Poggio, la expresividad de Bruno Pedicone y Christian Alladio y los vozarrones de Gaston Avendaño y Patricio Witis, jóvenes promisorios cuyos futuros pasos en este género u otros, conviene seguir de cerca.
Pocos adjetivos se pueden añadir a la acostumbrada solvencia y poderío vocal de Cecilia Milone, exacta en la doble caracterización de Aldonza y Dulcinea, o a la estatura interpretativa y carisma de Raúl Lavié (supo ser un memorable Quijote durante la temporada 2005) en la piel de Sancho, el simpático servidor. Finalmente, el merecido aplauso de pie que le brinda el público, ilustra mejor que nadie la prodigiosa labor del intérprete, adaptador y puestista Cibrián Campoy, así como el regocijo que produce verlo actuar y escucharlo cantar. Con un muy buen vestuario de Alfredo Miranda, su caracterización, realmente parece un retrato viviente firmado por Diego Velázquez.

 

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