Costumbres / 3 de octubre de 2015

Nueva pasión “foodie”: juntarse a comer con extraños

El fenómeno en la Argentina y el mundo. A dónde ir.

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Hasta no hace mucho, el término “rave” describía solo un tipo de fiesta en la que grupos de personas se reunían a bailar música electrónica. En sus orígenes eran reuniones semiclandestinas realizadas en sótanos y fábricas abandonadas donde DJs ejecutaban música en vivo. Con el tiempo, las raves salieron a la luz del día (o de la noche) y se volvieron multitudinarias.
Justamente, desde hace algo más de cuatro años el término comenzó a aparecer vinculado a otro tipo de reuniones, de todo tipo, desde yoga hasta alimentación. Las “Food Raves” ya son populares en Europa y lentamente, se transforman en tendencia en Argentina. Se trata de un tipo de evento donde personas que no se conocen, se reúne a comer en distintas condiciones sin más intención que compartir sabores, olores, texturas y un buen momento. No son exóticos encuentros hedonistas, sino almuerzos o cenas con desconocidos o en los cuales la comida es el puente que une a gente apasionada por la buena cocina.
Redes sociales. Una reducción de costos sumada a la necesidad de establecer nuevos lazos sociales está en la base de estas reuniones que cada vez son más populares en el mundo. Twitter y Facebook colaboran especialmente para crear comunidades online y organizar este tipo de eventos. Por ejemplo, Super Marmite es una red social con base en Francia en la que los usuarios postean el plato que tienen planeado preparar para su próxima comida, cuándo estará listo y la cantidad de porciones que tendrán disponibles. De esta manera invitan a otros miembros de esa comunidad para unírseles y comer juntos en sus casas.
Por otra parte, hay sitios de Internet que coordinan desde picnics en parques (incluido el picnic chic “Diner en blanc” que todos los años se realiza en París, el último convocado en los jardines del Palais Royal en mayo) hasta comidas más formales con desconocidos. “Eat with me” (“Come conmigo”), propone una idea sencilla: comer juntos y no solos. Se trata de buscar o crear eventos gastronómicos a los que pueden asistir personas que no se conocen. Lo distintivo del sitio es la posibilidad que le otorga a cada usuario de crear una comida abierta con condiciones muy específicas. Por ejemplo, un alemán que vive en Melbourne creó una comida abierta en su casa para encontrarse con otras personas que hablaran alemán y explicó el propósito de la cena abierta: conservar el lenguaje y las habilidades de cocina alemanas. Cada invitado tenía que traer algo de comida alemana y estaba prohibido hablar en inglés, francés o en otras lenguas que no fueran el alemán. El que estaba de acuerdo, tenía las puertas abiertas. El que no, que buscara otra comida.
En Buenos Aires, una propuesta que invita a extraños a comer juntos es Bodegón Night. “La movida -cuenta Florencia Migliorisi, mentora y promotora del grupo- arrancó hace un año. Un miércoles de invierno, en junio, fuimos con unos amigos a comer a ‘Chichilo’, un bodegón en Paternal, y estaba medio vacío. Comimos tan bien y estábamos tan contentos, que se nos ocurrió la idea de llenar los bodegones de gente, de amigos, y que ellos también experimentaran este bienestar y ese clima del bodegón. Al mes siguiente organizamos una reunión en Chacarita, en ‘Don Chicho’ (Zarraga y Plaza). En la primera fuimos 18 personas. Gradualmente fuimos creciendo. El último se hizo en Club Eros en Palermo y fuimos 75 personas”. La onda de Bodegon Night convoca a gente de entre 20 y 35 años. La mayoría vienen solos, casi no hay grupos. El próximo encuentro es el 25 de septiembre en “La Pipeta”, en Microcentro, y esperan a más de 80 personas. El precio del cubierto oscila entre $ 180 y $ 220. Después cada uno decide la cantidad de propina que le deja al mozo. Incluye entrada, plato principal, bebidas libres y el postre. Si bien no tienen página web es posible encontrarlos en Facebook y en Twitter: @BodegonNight.
Otros grupos vernáculos son Fuudis y Antigourmet, que también convocan a extraños para que, menú de por medio, dejen de serlo. Anne Reynolds, australiana, directora y co-fundadora de Fuudis, cuenta que “ya llevamos 4 años y desde el año pasado iniciamos las franquicias en España y Francia. Siempre nos gustó conocer gente y lugares nuevos. Vimos que acá, en Argentina, no había Tours Gastronómicos de ningún tipo. Para nosotras, comer es mucho más que el acto de ingerir alimentos; es una experiencia en la cual podemos abrir nuestra cabeza a nuevos sabores, nuevas combinaciones, nuevas conversaciones. Cada salida es diferente. ¡Nunca nos aburrimos!”. Fuudis cuenta con 3 diferentes tours en este momento: Tours de Cena con el que se recorren tres restaurantes en una noche. Incluye entrada, plato principal y postre con vinos de alta gama en diferente barrios de la ciudad y son para un máximo de 20 personas; Tours de Almuerzo, también con un recorrido de 3 restaurantes en San Telmo, bien argentino, al que concurren también turistas, son tres pasos y cata de vinos con el postre, para un máximo de 12 a 15 personas; y el Aperitours, con el que se recorren tres bares probando diferentes aperitivos acompañados con ricas tapas, con un máximo de 30 personas.
Los Antigourmet, tal como se anuncian en Facebook, son un grupo de amigos que reivindican los bares y cantinas más tradicionales de la ciudad. Cualquier puede sumárseles y se anuncian en su página.
Comunidad. Otra movida distinta son las mesas comunitarias. Existen en distintos restaurantes del mundo y también en Argentina, aunque todavía aquí el fenómeno no es masivo como en los Estados Unidos y Europa. “Comer con los demás comunica valores, potencia una comunidad, activa relaciones, promueve la solidaridad y la confianza dentro de un grupo y estimula vínculos de igualdad. Una mesa larga es una invitación a compartir en tiempo real con otro, es suponerse de algún modo en el mismo universo. Pero para ese salto mental y espiritual se requerirá algo más que Facebook. ¿La mesa comunitaria podría ser una vuelta de tuerca para mejorar la percepción del prójimo, para volvernos más próximos y humanos? Es un enigma que vale la pena poner a prueba”, reflexiona la socióloga y especialista en prensa gastronómica Carola Chaparro.
Dos restaurantes porteños -Cocu y Pulpería Quilapán- promocionan y se enorgullecen de su mesa comunitaria. Los franceses Anais Gasset y Morgan Chauvel, creadores de Cocu, en Palermo, aseguran que, desde el comienzo “en nuestra ‘boulangerie’ (panadería) tuvimos un espacio de mesa comunitaria que principalmente ocupan todos nuestros clientes extranjeros. Lo usan para trabajar en sus computadoras, pero también para compartir un momento de distensión y buena comida. Para nosotros, como franceses, es habitual tener este tipo de espacios y nos gusta la idea de traerlos a Buenos Aires, donde los porteños también los eligen”. En Pulpería Quilapán, de San Telmo, sus creadores, el también francés Gregoire Fabre y Carolina Cartagena buscan acercar “a los argentinos, mediante la interacción entre el productor y el consumidor, y mediante el intercambio de valores sociales, ecológicos y culturales. Acá se puede comer, comprar en el almacén de ramos generales, jugar juegos de mesa o al ping pong en nuestro patio. Reina el espíritu comunitario y por eso se proponen mesas acordes”.
Teléfonos. Al igual que otras muchas en el mundo, como GrubTonight o Grubwithus, Tomás Bermúdez es el fundador de CookApp, una aplicación argentina de descarga gratuita con 60 mil usuarios. Todo comenzó cuando Tomás vivía en Río de Janeiro. Amante de la comida y los viajes, sentía la necesidad de
reunirse con gente para comer, pero no conocía a nadie. Cuando volvió a la Argentina, junto a su hermana, Magdalena, chef profesional, dieron inicio a CookApp. “Nos dimos cuenta de que la gastronomía es la pasión de mucha gente”, cuenta. El éxito que tuvieron en Buenos Aires -donde tienen unos 40.000 usuarios- les dio el empujón para ir a probar suerte a Nueva York. “Si funciona en Nueva York funciona en todo el mundo”, fue el razonamiento de Bermúdez. Los cocineros publican un aviso con la fecha, lugar y menú. Los interesados reservan su lugar y pagan por internet por adelantado, con tarjeta. Comparable a los paladares cubanos o a los restaurantes a puertas cerradas que proliferaron en Argentina en la última década, CookApp ya tiene 650 cocineros de todo tipo. Desde amas de casa que quieren juntar unos pesos extra para llegar a fin de mes hasta cocineros con estrellas Michelin o un ex chef de famoso El Bulli, de Girona, en España.

 

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