Música / 11 de octubre de 2015

Pasado militante, presente musical

Juan Cedrón con su actual quinteto sumado al grupo La Lija, rescatan una legendaria cantata en Hasta Trilce, en el barrio de Almagro.

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LENGUAJES COMBATIVOS. La Lija y el actual Quinteto Cedrón comparten espectáculo con orquesta numerosa y muchas voces.

★★★ Es historia antigua para muchos. Faltaba aún el barrido de una dictadura brutal. Eran épocas prédemocráticas para aquel fugaz tiempo de Cámpora-Perón-Isabelita. Ocurrió que unos presos políticos, guerrilleros del ERP y Montoneros, que intentaron fugar del penal de Rawson, fueron fusilados en Trelew. Era el año 1972 y el hecho conmocionó a una sociedad que estaba politizada en grado de violencia militante por izquierda y militar por derecha. Y no fueron pocos los artistas que, también comprometidos en lo ideológico, tomaron partido.
Fue así como Juan “Tata” Cedrón, socio en la composición de canciones de Juan Gelman y muy cercano al peronismo revolucionario, puso música a unos textos del poeta y dio nacimiento a “Del Gallo Cantor. Cantata”, una obra integral, en cinco movimientos (o cuatro con una repetición) que daba cuenta de aquellos hechos desde una perspectiva artística de vuelo alto. Se escuchó en Trelew y en Buenos Aires, se grabó en Francia y se editó en París (ahora reeditado aquí), con el por entonces imponente cuarteto del Tata como sostén sonoro y con François Rabbath en contrabajo y Paco Ibáñez en voz y guitarra como invitados.
Pasó el tiempo; mucho. Y Cedrón pensó que podía volver a escucharse, en otro contexto y otro marco. En buena medida por el impulso del grupo La Lija que rescata aquellos lenguajes combativos del pasado setentista y que mama por igual en el Cuarteto Cedrón, los grupos Huerque Mapu, Inti-Illimani y Quilapayún o el mítico músico uruguayo Alfredo Zitarrosa.
A una función por semana, La Lija y el actual Quinteto Cedrón están compartiendo espectáculo: un rato para cada uno con canciones más o menos antiguas y un cierre con la “Cantata”, no ya en versión camarística como en el disco sino por una orquesta numerosa, con muchos instrumentos y muchas voces.
Quizá la obra haya dejado en parte la frescura y el sentido primigenios. Quizá el formato de grupo grande le haga perder parte de aquella concentración de cuatro décadas atrás. Pero bien vale la pena conocerla o volver a escucharla en la voz de su compositor y su intérprete original.

 

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