Opinión / 5 de diciembre de 2015

Rocca, Franco y la Bolsa

La ambivalente relación de Macri con el establishment en general y el líder de Techint en particular. La sombra de su padre.

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El abrupto retiro de la política del radical Ernesto Sanz –en el mejor momento de su carrera y de la alianza Cambiemos que consagró a Macri presidente– habría respondido a razones familiares. Las explicaciones redactadas por el dirigente en una carta, por supuesto, resultan difíciles de creer. Tanto que en el propio PRO se intentó llenar semejante vacío interpretativo con una versión inquietante sobre un supuesto cortocircuito entre Mauricio Macri y el CEO del Grupo Techint Paolo Rocca: Sanz era el hombre que el holding promovió tanto para impulsar la alianza panradical UNEN como la más reciente del macrismo, el radicalismo y la Coalición Cívica. Se agregaba una especie de chisme institucionalizado: a principios de octubre, Rocca invitó a Macri a su casa de Martínez y el presidente electo, al día siguiente, comentó: “No fue una buena reunión”.

El escueto balance se debía –según algunos voceros– al reclamo por el demorado avance de las obras del subte H (pese a que la Ciudad había anticipado el pago de 1.700 millones de pesos a las contratistas Techint y Dycasa), o a las presuntas quejas del entonces candidato por la falta de compromiso del holding. Luis Betnaza, vicepresidente de Techint y mano derecha de Rocca en las relaciones políticas del Grupo, desmiente aquellas especulaciones: “Nos hemos reunido con casi todos los dirigentes macristas y de Cambiemos más de una vez. Nos pusimos a disposición para avanzar juntos en la nueva etapa que se viene. No hay ningún cortocircuito”. En la nueva conducción de la Unión Industrial negaron también que algunos de sus directivos –como el presidente Héctor Méndez– hayan subestimado la capacidad de liderazgo del hijo de Franco Macri. Y si de verdad lo hicieron, se equivocaron. El hecho de que la trayectoria de Mauricio se haya asentado más en la exitosa gestión deportiva en Boca Juniors y en la jefatura de Gobierno porteña más que en el campo estrictamente empresario no quiere decir que Mauricio haya dejado de formar parte del establishment. Es verdad que resignó suceder a su padre en el timón de SOCMA, Sociedad Macri, en los 80, cuando el holding facturaba más de 700 millones de dólares: según Macri hijo, porque el jefe del clan terminaba controlando todos sus movimientos en la gerencia general. Sintió que le “respiraba en la nuca” y bloqueaba su voluntad de gestionar. Pero el presidente electo no tiene complejo de inferioridad frente a los dueños del poder y del dinero. Se considera un par, que lo es. Por lo tanto, no cree que la crema del establishment local esté libre de pecados. El “Círculo Rojo”, que él mismo hizo famoso y contra el que despotricó durante la campaña, vendría a representar, para él, el espacio de los aplaudidores y de los carteles, reflejo tanto de la hipocresía como del oportunismo de la clase empresaria. Incluye a los más viejos, que siempre le dijeron lo que tenía que hacer, como su padre. Y que no confiaron en su proyecto político porque es un ingeniero que no tiene formación ni experiencia en los manejos del poder.

Macri cumplirá en febrero del año que viene 57 años. Francesco, su padre –un ícono de la industria de capital nacional y de la llamada “patria contratista”– llegará en abril del 2016 a los 86 años. En medio de los festejos del 22N, en el segundo plano de Parque Norte, padre e hijo se reconciliaron. Uno y otro, en distintos momentos se autodefinieron como “desarrollistas” (Franco durante el menemismo; Mauricio en la última campaña). Macri hijo simboliza una nueva generación del establishment que pretende encarnar un camino propio: ni el de la industria subsidiada “sustitutivo de importaciones” ni el de la “patria financiera” o el del “neoliberalismo”. La diferencia será una mixtura inédita –polémica– de “gerenciamiento empresario” con “gabinete económico” de siete ministros.

Es cierto que Macri se enojó con aquellos ejecutivos que hasta último momento estuvieron más pendientes de que el gobierno saliente les autorizara importaciones, aumentos de precios o ROEs y se prestaban a sacarse fotos con Daniel Scioli, cuando lideraba en las encuestas. Un empresario de primera línea, en general adicto al kirchnerismo, le admitió a NOTICIAS: “El problema con Mauricio es que nos conoce demasiado”.
Entre los asesores de Macri hubo sorpresa en un primer momento cuando la Bolsa un día subió, eufórica, y al otro cayó escéptica por el virtual “empate”. El presidente electo, sin embargo, sabía perfectamente que los especuladores financieros “compran con el rumor y venden con la noticia”.

* Editor de Economía.

 

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