Empresas / 13 de Enero de 2016

Eduardo Costantini, la ruta de un desarrollador

Su nuevo proyecto en Uruguay. Apoya la economía de Macri y promete inversiones.

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Es categórico al criticar el “modelo K”: “En vez de inclusión, lo que tuvimos fue una fiesta de la que la mayoría de la gente no se enteró -apunta el financista, empresario y desarrollador Eduardo Costantini como para empezar-. Los dólares se derocharon en autos importados, viajar a Miami con 18 cuotas sin interés y en puro consumismo, no en inversión para producir y generar empleo”. Según el consultor de fondos de inversión, el nuevo gobierno de Maurcio Macri debe remediar el desfalco kirchnerista de los últimos años -“reducir el gasto público” y “sincerar” el valor del dólar- para fomentar la inversión. Las medidas económicas tomadas durante las tres primeras semanas del nuevo gobierno, a primera vista, parecen coincidir con los propios planes de Costantini, que en los próximos dos años invertirá 500 millones de dólares –el 100% de la liquidez de su empresa- en emprendimientos inmobiliarios en distintas zonas de la Capital Federal: “Serán residencias o espacios de usos mixtos”, adelanta. El anuncio de futuras inversiones lo hizo tras inaugurar el emblemático Puente Laguna Garzón en Uruguay, la única conexión terrestre entre los departamentos de Rocha y Maldonado, hacia donde viajan anualmente millares de turistas argentinos (ver recuadro).
Las Garzas, un estilo de vida. El puente va de la mano con el último proyecto del empresario en la zona, el barrio privado Las Garzas, un predio de 240 hectáreas ubicado en la costa de Rocha que contará con 474 lotes de entre 2.000 y 5.000 metros cuadrados. Costantini recuerda que los planos se presentaron por primera vez en Buenos Aires en el 2010 y en ese momento se vendieron 130 terrenos por más de 30 millones de dólares. “La inversión total fue de 80 millones y se espera un valor de venta cercano a los 150 millones de dólares”, calcula el empresario. Un negocio redondo. No fue fácil, sin embargo, conseguir el permiso de construcción en un territorio caracterizado por la biodiversidad natural y la actividad pesquera. Allí no se veía con buenos ojos la construcción de nuevos emprendimientos inmobiliarios junto a la construcción de un puente que facilitará un mayor ingreso de turistas y un circulación promedio de 1.000 vehículos diarios. Otros pesos pesado del empresariado argentino, como Paolo Rocca (CEO de Techint) y Santiago Soldati (de Sociedad Comercial del Plata), tampoco lo querían para evitar el incremento de tráfico alrededor de sus propiedades ubicadas en la zona. “Ahora sí están a favor”, subraya Costantini, en especial los empresarios Alejandro Roemmers y Alejandro Bulgheroni, que tienen planes de inversión inmobiliaria en Rocha. Para aprobar el puente, la Dirección Nacional de Medio Ambiente de Uruguay (Dinama) exigió que la ruta 10 -que atraviesa Punta del Este- dejara de ser nacional y que se estableciera un “área protegida” en la laguna. Solo se podrá edificar en el 35% de la superficie de Rocha y el 50% de las construcciones deberán estar destinadas a espacios verdes. Los edificios tampoco podrán superar los 7 metros de altura.
Esas restricciones, sin embargo, reforzaron el perfil de Las Garzas como un espacio único y exclusivo: pocas unidades de viviendas rodeadas de piedras y cárcavas en un terreno que desciende escalonadamente hacia la laguna creando una sucesión de terrazas naturales con hasta 17 metros de diferencia desde la ruta hasta la costa. Casi todos los lotes tienen vista al mar. Los más exclusivos ocupan la primera línea a lo largo de 2 kilómetros de playa de arena virgen. “El público interesado en comprar es mayormente uruguayo y argentino, pero tenemos pensado construir una especie de hotel boutique para atraer turismo proveniente de Europa y los Estados Unidos”, confía. Para Costantini, el éxito de su trabajo reside en crear algo mejor de lo que ya había en el mercado generando un valor agregado por ubicación, calidad edilicia, diseño y comercialización, o por todo eso junto. Y pone su obra como ejemplo: “Nordelta, por ejemplo, es una propuesta única en la Argentina. Hay barrios cerrados, countries, chacras, pero no una ciudad pueblo”, explica. Se refiere al proyecto de 1.600 hectáreas ubicadas a 40 km de la Capital Federal que representó en su momento una inversión de 400 millones de dólares: hoy viven allí 18.000 personas en 21 barrios. Un desarrollo similar fue el de Puertos, una eco-ciudad de 1.360 hectáreas ubicada en Escobar donde ya se vendieron 1.500 lotes. El empresario también desarrolló últimamente tres edificios de oficinas y dos complejos en Miami: Oceana Key Biscayne -exclusivos departamentos y villas sobre el último terreno disponible frente al mar- y Bal Harbour Shopping, uno de los centros comerciales de mayores ventas en los Estados Unidos.
Si bien Costantini es optimista ante el futuro admite que el gran problema argentino es la falta de acceso al crédito hipotecario, las altas tasas de interés y la vulnerabilidad del mercado, que hace que la economía resulte muy cíclica y poco confiable como para endeudarse. “Hay que estar siempre cuidándose de un Rodrigazo”, advierte.

 

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