Libros / 18 de Enero de 2016

Huesos grandes

Gigantes. La guerra de los dinosaurios en la patagonia, de Miguel Prenz. Tusquets, 205 págs. $ 249.

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★★★★Una zona de la Patagonia argentina constituye un auténtico yacimiento no petrolero, sino de restos de animales y plantas prehistóricas, muy en especial dinosaurios. En particular de una especie bautizada “Giganotosaurus carolini”, por su descubridor, Rubén Carolini, mecánico de autos que encontró en julio de 1993 una tibia enorme. Fan del tema, consultó en un libro sobre dinosaurios y supo que el animal era “más grande que el Tyrannosaurusrex”, carnívoro protagonista de “Jurassic Park”, film de éxito arrollador estrenado también en julio de 1993.
Miguel Prenz, periodista y cronista que publicó libros sobre los bienes de Perón y un caso de crimen ritual, emprendió una prolija investigación. En cuanto se fue internando en el laberinto de personajes implicados y jugarretas diversas, el libro se fue inclinando más hacia la picaresca criolla que hacia la ciencia. Por suerte no olvida hacer un punteo rápido del desarrollo del tema, a partir del momento en que, a principios del siglo XIX, ciertos huesos dejaron de considerarse “de cocodrilos” para pasar a ser de dinosaurios.
Carolini, por ejemplo, había escrito un libro rimado (modelo lejano: el “Martín Fierro”). No sólo incluía la historia de los dinosaurios patagónicos sino también opiniones generales sobre el destino de la humanidad o de algunos de sus contrincantes, tanto paleontólogos como intendentes.
El cráneo de su descubrimiento a su vez fue birlado, y sólo pudo recobrarse mediante una apuesta que implicaba la devolución si perdía el autor del hurto. Ese tipo de detalles abunda. Pero también cambios cruciales en la zona. Los numerosos empleados de YPF conformaban una especie de oligarquía idílica, con sueldos altos y prebendas numerosas, hasta que su privatización cayó como una maza sobre la zona. Fue gracias a los dinosaurios y sus museos que El Chocón no desapareció barrido por la crisis.
El estilo es ágil, transmite la mezcla de descubrimiento y absurdo en ese campo donde el tamaño sí importa. A tal punto que en octubre de 2014, la revista National Geographic anunciaba “A un lado, T. Rex”. No se refería al Giganotosaurus patagón sino al Spinosauros africano, que medía un poco más pero pesaba un poco menos.

 

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