Libros / 2 de octubre de 2016

Las chicas: revuelo creador

Novela de Emma Cline. Anagrama, 337 págs. $ 365.

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★★★ Las primeras cincuenta páginas parecen justificar el revuelo creado alrededor de esta novela, en particular por el suculento adelanto en dólares, logrado en una puja entre editoriales. Emma Cline tiene un estilo especialmente apto y sutil para reflejar las emociones y peripecias de Evie, una adolescente hastiada de su vida familiar, y dispuesta a integrar un curioso grupo comunitario de fines de los ’60. Aunque el hecho de que ese grupo esté basado en la macabramente célebre “familia Manson” haya formado parte central de la campaña publicitaria previa, el lector podría ir deduciéndolo. La matanza en la que murió la actriz Sharon Tate y varias personas más tuvo el impacto necesario como para habitar, por crudamente que fuera, la memoria colectiva.
El relato está estructurado por cuatro partes que tienen que ver con el 1969 fatal en que se desarrollaron los hechos, precedidas por la vida de la propia Evie, hoy adulta y de algún modo marcada por los hechos, de los cuales no formó parte. El estilo sensible, atento a los olores y colores, y a las metáforas logradas (por ejemplo unas medusas en un acuario que parecen flotantes “pañuelos delicados”) parece reclamar un punto de encuentro con aquella cara siniestra del Sueño Americano que fue el tremendo crimen.
Después de las primeras cien páginas, sin embargo, el relato en sí empieza a empantanarse sin encontrar el camino a la mezcla con el hecho central e histórico. Por otro lado, decisiones relacionadas directamente con el fluir de la anécdota emprenden caminos lo bastante trillados como para que el lector piense por momentos en que está leyendo más el tratamiento previo de una película, que una novela propiamente dicha. Es probable que la construcción definitiva del argumento en su carne específica alcance mayor concreción en esa casi segura película que aquí, donde el refinado estilo de la autora parece narcisista hasta en sus numerosas dudas personales, o en las escenas de sexo explícito.
Hasta cierto punto eso se debe a que los demás personajes, incluida Suzanne, o el propio Charles Manson, mente maestra de esos y otros asesinatos, quedan desdibujados o esquemáticos junto a la propia Evie, constante voz narrativa en primera persona. Ese desequilibrio vuelve demasiado largo el libro, aunque tiene el valor de presentar una voz nueva sensible de la narrativa norteamericana.

 

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