Música / 13 de enero de 2017

Por amor al jazz

Se realizó el “21° festival internacional de jazz de Punta del Este” en la finca El Sosiego de Punta Ballena. Un premio a la constancia.

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★★★★ Hay un hecho cultural indudable que es importante para la región y particularmente para el Uruguay; y así quedó plasmado en un reconocimiento que el ministro de economía Danilo Astori –fanático jazzero y consuetudinario asistente año tras año– y la ministra de educación y cultura María Julia Muñoz entregaron al productor y factótum, Francisco Yobino. Es que más allá de cualquier consideración artística que pudiera hacerse, es verdaderamente un exotismo rayano con la insensatez, el que este argentino que se instaló hace años en el Uruguay haya podido sostener un festival de jazz en un lugar al que la gente llega con mentalidad de veraneo y, en general, con otros objetivos de entretenimiento.
Pero allí está. Y acaba de cumplirse con buen éxito la edición número 21, construida con muy escasos apoyos oficiales y privados y con una presencia mayoritaria de artistas llegados desde fuera del país.
Los créditos locales volvieron a ser el guitarrista Nicolás Mora y el contrabajista Popo Romano, dos músicos de frondoso currículum que fueron parte de un combo del Mercosur que también integraron el pianista brasileño David Feldman, el percusionista de Curazao Pernell Saturnino y los argentinos Diego Urcola, un brillante trompetista que hace tiempo sostiene una importante carrera internacional con residencia en Manhattan, y Daniel “Pipi” Piazzolla, baterista de Escalandrum, entre otros proyectos.
Pero el desfile de grandes solistas y directores fue abundante. Los brasileños tuvieron una muy numerosa representación con el baterista Duduka Da Fonseca y su trío, el saxofonista Paulo Levi, la cantante Maucha Adnet, el contrabajista Sergio Brandao, el muy buen baterista Erivelton da Silva, el pianista Alfredo Cardim y varios más. Hubo figuras salientes de la escena norteamericana en los nombres del trompetista y cantante Leroy Jones –que revivió el espíritu de la música de su ciudad New Orleans–, el clarinetista y saxofonista Ken Peplowski al frente de un cuarteto, el pianista Orrin Evans –con un homenaje a Erroll Garner–, el pianista Alex Brown, el muy dúctil baterista Eric Doob, el saxofonista Walt Weiskopf, etc. Pero este 21° festival trajo otras muy gratas sorpresas, como la presencia del armoniquista alemán Hendrik Meurkens en un tributo a Toots Thilemans, el oriundo de las Islas Vírgenes Victor Provost, tocador del no tan habitual “steel pan”, la trombonista finlandesa Katya Toivola, el contrabajista japonés Nabu Ozaki o el ya habitué saxofonista canadiense Grant Stewart.
Como siempre desde hace dos décadas, hay sin embargo un nombre que resume casi todo lo que sucede sobre el escenario al aire libre de Punta Ballena, y es el del saxofonista y clarinetista cubano/norteamericano Paquito D’Rivera, director artístico, animador, participante de muchos de los sets como invitado y responsable del cierre, que esta vez estuvo apuntado a su reciente disco con música de Armando Manzanero.

 

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