Costumbres / 1 de septiembre de 2017

Cuáles son los cinco bares temáticos más logrados

Ya no se trata sólo de tener buena carta y ambientación, sino que ahora la moda es concentrarse en un tema. Mirá la fotogalería.

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Boticario.

“Antes, con que ofrecieras jugo de naranja exprimido ya eras un bar premium”. El reconocido bartender Fede Cuco evoca sus inicios con una sonrisa. Desde entonces, las modas han cambiado una y otra vez los preceptos de cómo debía ser un bar exitoso. En una industria con cada vez más competencia (y que en el último año ha visto salir cervecerías hasta bajo las piedras), la novedad más reciente es el auge de los bares temáticos, que engloban desde su decoración hasta su carta.

Otros mundos

Uno de esos mundos es precisamente el que propone Cuco junto a su socio Germán Lacanna en Suspiria, un bar con referencias cinematográficas a la película italiana homónima, a David Lynch y a Stanley Kubrick. Lo hicieron mediante una estética art déco que incluye cortinados rojos, sillones de terciopelo verde, luces rasantes, mesas de mármol negro y música new wave, entre otros elementos (muchos hechos a medida). Además, complementan la propuesta con una carta de tragos que se arma a partir de géneros cinematográficos (cocktails fuertes en la sección de Cine Negro, sutiles y perfumados en Cine Romántico y creaciones más contemporáneas y personales en Cine de Autor). “Es cierto que los bares con temas comenzaron a explotar, pero prefiero hablar de bares con un concepto detrás, que es mucho más profundo y arriesgado.

En esa búsqueda también se inscribe Boticario, que abrió este año intentando bucear entre la conexión de farmacéutico y bartender, profesiones que se unen “desde la búsqueda de ingredientes hasta el armado de recetas”. Con eso en mente, crearon un bar pleno de historia, donde hasta los platos que se sirven están inspirados en los supuestos viajes de los boticarios de principio de siglo. Ubicado en una antigua droguería de los años 30, mapas de viaje, muebles vintage e instrumentos farmacéuticos dan marco a una propuesta cuya carta termina de dar sentido, con tragos herbales, florales, refrescantes y vigorizantes, cada uno con una interpretación botánica muy bien pensada, además de otros de autor (fue creada por el reconocido Seba García).

Y asimismo en la línea botánica, Parque Bar es otra novedad de este año con foco temático. Nacido de las ganas de trasladar un parque neoyorquino a la noche de Buenos Aires, este bar podría efectivamente describirse como un oasis en la ciudad, cuya ambientación plena de verde, con jardines verticales, plantas por doquier, el techo de la barra completamente embebido en ramas y hojas y hasta hamacas colgantes, se une a tragos inspirados en parques de todo el mundo, con ingredientes de distintos países. Los platos, además, se enfocan en sabores de campo que realzan con especias, en tanto una pochoclera en el patio termina de descontracturar el ambiente.

De viaje

Otro tópico favorito de esta tendencia parece ser la posibilidad de un viaje. En J.W.Bradley, abierto en 2016, la premisa es entrar a un bar oculto inspirado en una estación de ferrocarril europea del mítico Orient Express, a la que se accede por un vagón real. “La idea fue dar al cliente la posibilidad de vivir una experiencia mucho más completa. Hoy se buscan salidas más sensoriales y disruptivas”, ilustra Martín Brenna, fundador y director ejecutivo.

Finalmente, con lista de espera para acceder, Uptown es la apertura más resonante de 2017. Y sí, es también un bar temático, ya que replica un subte y hasta se dio el lujo de ubicar un vagón real de Nueva York en su entrada. Y lo de real es especialmente importante: “El proceso de creación no duró mucho, solo tuvimos que tener la confirmación de que pudiéramos hacer dos escaleras para entrar desde la calle. Nosotros no hacemos escenografías; montamos las cosas con tamaños y materiales reales”, apunta Andrés Rolando, socio. En los cimientos de un edificio histórico (que en los próximos meses será sede de un hotel), este bar va entonces adentrando al cliente en el concepto, a través de 200 mts2 de vida subterránea. Y una vez que accedió, se encuentra con un bar en gran escala (otros 450 m2), que pretende seguir la idea de “salir a la calle en NY”, ambientado con locales simulados, graffitis, vías elevadas y grúas, entre otros elementos, que luego dan paso a distintos salones para los diversos públicos, desde el más urbano al más elegante.

 

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