Ciencia / 21 de enero de 2018

Los secretos del ADN: hallazgos que anticipan riesgos

Conocer nuestra genética permite envejecer mejor.

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La vejez se empieza a percibir como una etapa aplazable.

Eternizar la juventud es un deseo que marcó a todas las sociedades occidentales desde tiempos inmemoriales. Pero recién en los últimos cien años la longevidad extendida dejó de ser un tema de pura ficción.

“La realidad es que actualmente vivimos mucho más: hace apenas un siglo la expectativa de vida promedio era de 48 años y ahora ronda los 82 y subiendo”, le dice a NOTICIAS el doctor Damián Rozenberg, especialista en “manejo de envejecimiento saludable” que atiende a celebrities como Catherine Fulop, Juan Darthés, Sergio Goycochea y Dady Brieva.

“Mucha gente tiene pánico a envejecer -opina el médico- y sigue buscando la fuente de la juventud. A todos ellos tenemos que decirles la verdad: ese elixir no existe. Sin embargo, sí sabemos en forma concluyente que es posible envejecer mejor, de una manera positiva y hasta saludable, maximizando el bienestar físico y anímico de cada persona a lo largo del tiempo”. Un fenómeno que ya tiene nombre: age management, es decir, gerenciar la edad para lograr una mejor calidad de vida.

Historia

Según Rozenberg, esta especialización es nueva y está en plena evolución. “Hace apenas unas décadas se comenzaron a usar inyecciones hormonales, que combinaban diversas moléculas como testosterona y hormona de crecimiento. El concepto que le daba base a este tratamiento era lograr que un adulto mayor tuviera un balance hormonal similar al de una persona de veinte años”. Eso, en principio, pareció funcionar ya que enseguida los pacientes notaban efectos concretos, como una piel suave y tersa, ganancia de masa muscular y una suba en la libido. “Pero el uso de hormonas en exceso es algo que puede ser peligroso en pacientes con ciertos antecedentes y muchas personas consideran que puede elevarse el riesgo de desarrollar un cáncer, algo que –si se hace el tratamiento en forma correcta y controlada- no es verdad”.

Años más tarde, surgieron teorías que buscaron explicar el proceso de envejecimiento en base a los radicales libres. Esta idea propone que, debido a la alteración de los mecanismos antioxidantes, se generan y acumulan los radicales libres y se produce en el metabolismo un estrés oxidativo que daña las estructuras celulares de los tejidos, lo que acelera la muerte celular.

Así se sumaron a las estrategias antiage los antioxidantes. O sea diversas píldoras conteniendo estos compuestos que se encargan de barrer del organismo las moléculas problemáticas. “Muchísima gente tomó estas pastillas en forma indiscriminada. Y la verdad – dice- es que no tiene una base científica”.

Finalmente, en el último lustro, el modelo inspirador de una longevidad saludable cambió completamente: “dejó de mirarse el metabolismo de los jóvenes y comenzó a estudiarse a los denominados “wellderlys”, que son los adultos mayores dueños de un ADN privilegiado que les permite ser longevos muy sanos.
“Desde hace unos años se estudia la composición y la expresión genética de estas personas, y en base a ese conocimiento se intenta diseñar tratamientos específicos con diversas moléculas que, en forma de suplementos, logren que los genes que se expresen lo hagan en forma aceptable, acorde a las exigencias de vida moderna. “Hay que recordar”, destacó Rozenberg, “que nuestro ADN se adaptó y evolucionó para que nos adaptemos a la vida paleolítica, en la que nuestros antepasados vivían corriendo detrás de presas de caza y no comían en forma regular sino cuando lograban tener éxito”.

El genoma

Según este experto, actualmente los estudios genéticos permiten analizar el ADN de cada persona y conocer cómo se están expresando sus genes. “También sabemos qué moléculas darle para modular la expresión del ADN y hacer que los genes se “prendan” o intensifiquen su acción para lograr las proteínas que generen condiciones más saludables en el largo plazo”.

Ya se estudiaron en detalle unos 150 genes que se denominan “candidatos”, y que son los responsables de modular en forma directa muchas cuestiones de la buena, o mala, salud.
“Por ejemplo, si algunos de esos genes trabaja en forma ineficiente nos volvemos más proclives a padecer sobrepeso y a la acumulación de grasas en las arterias. Y tenemos más probabilidades de sufrir ciertas patologías relacionadas con el colesterol alto o un problema de metabolización del azúcar que se exprese en la aparición de una diabetes”.

Al mismo tiempo, cada persona tiene su propio ADN que es diferente del resto de sus congéneres. “Por lo tanto, muchas veces el estudio detallado de la acción de nuestra colección genética nos indica el riesgo de que, con el tiempo, lleguemos a padecer ciertas patologías y no otras. Entonces, un estudio genómico detallado puede darnos muchos indicios para poder hacer medicina de precisión y personalizar los tratamientos preventivos”.

Así es posible saber que un adulto que hoy está sano puede -sin embargo- necesitar alguna medicación que le ayude a prevenir el exceso de colesterol. Mientras tanto su compañero de colegio podría tener una carga genética totalmente diferente y tener muy bajas chances de desarrollar esa misma patología”.

Paso a paso

Con un test genómico personalizado, se elabora un tratamiento a medida que puede incluir desde ciertas dosis de hormonas, vitaminas y antioxidantes que pueden sumar hasta una docena de píldoras diarias. Todo este cóctel se suma a lo usual en estos casos: realizar ejercicio físico en forma regular, no fumar ni beber, cumplir con una dieta balanceada por un nutricionista y mantenerse en el peso y BMI indicado para la edad y contextura.

“Por ahora estamos prácticamente en pañales en esta temática y algunas veces extrapolamos resultados de experimentos hechos en animales o en grupos pequeños de personas. Pero lo que vemos muy claramente es que, en los próximos años, la genómica aplicada al gerenciamiento de la edad promete un enorme futuro. Sabemos que es un proceso lento y tenemos que ir paso a paso, a medida que avanza la ciencia básica y la medicina práctica logre ir “traduciendo” este know how en tratamientos efectivos”.

 

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